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La Verdad del Sureste

La obsesión del populismo


@UTufigno

Antes legisladores, miembros del Poder Judicial Federal, incondicionales de su gabinete legal y ampliado, gobernadores y titular del Ejecutivo del Distrito Federal, dirigentes de partidos políticos, diplomáticos, integrantes de las Fuerzas Armadas, “representantes” de la sociedad civil, dirigentes de organizaciones laborales, campesinas y empresariales, rectores y directores de universidades, representantes de grupos religiosos, su esposa y sus hijos, y también ante su amigo e invitado especial, Juan Armando Hinojosa, dueño de Grupo Higa –con el que no tiene conflicto de interés-, Peña Nieto dirigió un mensaje para quien quiera entenderlo.
    El mensaje, que podría ser sintetizado como: “un fantasma recorre Los Pinos, el fantasma del populismo”, da muestras de ser una obsesión para los tricolores y sus aliados, no solamente para el ocupante de la casa presidencial. Si no fuera así o si no les preocupara, no tendría sentido que en el cierre de su discurso Peña hubiera mencionado tres veces la palabra populismo. Lo dijo así: “Me refiero al riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia o el populismo son verdaderas soluciones”.
    “De manera abierta o velada, la demagogia y el populismo erosionan la confianza de la población; alientan su insatisfacción; y fomentan el odio en contra de instituciones o comunidades enteras”. “Donde se impone la intolerancia, la demagogia o el populismo, las naciones, lejos de alcanzar el cambio anhelado, encuentran división o retroceso”.   
    En la parte final de su perorata, que consta de 812 palabras, el esposo de la brillantísima e impoluta (escribí impoluta) actriz propietaria de la “Casa Blanca”, mencionó 3 veces la palabra “populismo”, 2 veces la palabra “economía(s)”, 2 veces la palabra “derechos”, 1 vez la palabra “bienestar” y ninguna vez las palabras “seguridad” o “pobreza”. Estos sencillos datos estadísticos permiten sacar una conclusión: a Enrique Peña le preocupa más el populismo que la seguridad o la pobreza nacional. Aunque yo me quedo con dos dudas: ¿qué entiende por populismo?, ¿quién es el destinatario de dicho mensaje?
    Como los hechos notorios no están sujetos a prueba, doy por sentado que el hombre flaco, ojeroso y cansado que dio el mensaje no ha leído lo suficiente en materia de ciencia política, así que sus palabras no deben ser más que un eco de lo que escucha o ha escuchado de otras voces.
    Esas voces, también ignorantes de la ciencia política, seguramente desconocen que ciertos movimientos como el bolchevismo ruso, el macartismo norteamericano e incluso el nazismo alemán también han sido tachados de “populistas”. Pero en los años recientes los gobiernos preferidos para ser tachados de “populistas” son aquellos no alineados con el FMI y los Estados Unidos, como son los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador e inclusive Argentina y Brasil. ¿A eso se refería Peña, al temor de que un nuevo gobierno resista la presión de nuestros vecinos del norte y la voracidad de los organismos financieros internacionales?   
    En los mismos días del mensaje, nuestro vecino del sur, Guatemala, nos dio una     lección de lo que es una democracia que en verdad busca combatir la corrupción: el Congreso de su país decidió, por unanimidad de los legisladores presentes, quitarle la inmunidad (el fuero) a su presidente, quien estaría ligado a un caso de defraudación aduanera. “Pero eso es puro populismo”, podría decir cualquier alto miembro del gabinete de Peña, seguramente egresado de alguna de las universidades de los Estados Unidos.
    Esos mismos compañeros de gabinete llamaban “populismo” a los programas sociales que los primeros gobiernos de izquierda del Distrito Federal impulsaron en beneficio de grupos vulnerables y/o marginados históricamente; incluso llamaron “populismo” a la construcción de ciertas obras públicas y a las medidas de austeridad que generaron los ahorros suficientes para soportar los nuevos programas sociales.
    Pero cuando se trata de tener aspiraciones presidenciales, la situación cambia. Lo que antes llamaban “populismo” se convierte es una ventana de oportunidad para aprovecharse de las condiciones de pobreza del 50% de la población del país. Y lo mismo regalan televisiones que tabletas electrónicas o computadoras, a pesar de que en muchas regiones del país carecen de energía eléctrica. No sé si esas acciones sean populistas o no, pero lo que si me queda claro es que son acciones demagógicas que emplean al pueblo como instrumento de su ambición personal.  

 

 

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