En varias regiones de EEUU estallaron protestas estas semanas. Un sector de los habitantes reclama el levantamiento de las estrictas medidas de distanciamiento social que se han impuesto para hacerle frente a la pandemia, pero que han ocasionado la penuria económica de millones.
En general, se trata de una amalgama de grupos entre los que hay defensores del derecho a portar armas, organizaciones religiosas y libertarios a los que los une su repudio ante gobiernos que, dicen, les están robando libertades básicas como salir a la calle y trabajar para sostener a sus familias. Y el último aderezo de hace dos semanas: la violencia policiaca, desmedida y exagerada (un policía asfixia, contra la llanta de un carro, a un negro que en el interior del carro llevaba una pistola en ejercicio de su derecho a portarla). Después, más marchas para manifestar el repudio a la violencia policiaca y racista (el detonador: la muerte de Georges Floyd).
Las protestas, por ahora, se han concentrado en Estados como Michigan, Wisconsin, Pensilvania, Virginia, Ohio y Texas, y se están comenzando a ver nuevos brotes en muchos otros.
Los organizadores de las marchas dicen que son apolíticos y no están siendo respaldados por grupos interesados como la Asociación Nacional del Rifle o el Tea Party. Pero las imágenes que están emergiendo de las marchas están dejando ver algo diferente. En casi todas abundan letreros promoviendo la reelección del presidente Donald Trump y gorras con el eslogan de su campaña.
Una investigación de “The Washington Post”, además, encontró nexos concretos entre los manifestantes y grupos con intereses políticos. Según el ‘Post’, la Convención de los Estados, una organización que está coordinando los esfuerzos de los manifestantes, tiene vínculos con Robert Mercer y los hermanos Coach Koch, multimillonarios de tendencia republicana y simpatizantes de Trump. Si bien muchas de estas manifestaciones han surgido de manera orgánica, también ha comenzado a emerger un patrón que apunta hacia un origen político que está siendo amplificado por las voces conservadores del país y cuyo objetivo parece ser electoral.
De la misma manera como la agrupación “Reabrir Virginia”, Trump le puso a las marchas su sello: les ofreció su respaldo al pedir la “liberación” de Wisconsin, Michigan y Virginia, y sugirió que algunos gobernadores estaban exagerando con las medidas de distanciamiento social. Hay interpretaciones de cuño diferente de las marchas, por ejemplo: la del sociólogo de Drexel University, Robert Bruele, quien afirma: “Puede que las marchas hayan surgido de manera espontánea, pero no hay dudas de que se están aprovechando de ellas para promover agendas. Muchos son grupos de extrema derecha que quieren deslegitimar las instituciones. Es una cruzada antigobierno”,
Y Trump, a pesar de ser del gobierno en este momento, se vende ante sus seguidores como una figura antiestablecimiento.
Las marchas y protestas se están presentando en Estados claves para la elección: Michigan, Wisconsin y Pensilvania, por ejemplo, En la elección anterior la victoria en ellos por un puñado de votos, fue lo que le entregó a Trump las llaves de la Casa Blanca en 2016. Y para repetir, necesita triunfar allí de nuevo. Otros Estados, como Virginia, Ohio y Texas se consideran Estados “oscilantes” (swing states) y también estarán en juego durante las presidenciales. Adicionalmente, en su mayoría, se trata de Estados encabezados por gobernadores afiliados al Partido Demócrata. Y debilitarlos favorece al Republicano.
Donde no lo son, como el caso de Ohio o Texas (con gobernadores del Republicano), las protestas han sido dirigidas a ciudades como Austin, que tienen alcaldes del Demócrata.
Trump aprovecha todo. Bandeando, amenazó con meter al Ejército y a la Guardia Nacional a contener el desorden en algunos Estados.
Aunque en una encuesta reciente de CBS y YouGov solo el 23 por ciento del país dice apoyar las marchas, mientras un 62 por ciento está en contra. Entre republicanos únicamente el número de respaldo es más alto, pero no pasa del 43 por ciento. En ese mismo sondeo, solo un 7 por ciento afirma que Trump debería respaldarlas.
En otras palabras, el grueso del público en EEUU no apoya las marchas que piden la reapertura inmediata del país, ni los esfuerzos de Trump por volver suyas las marchas. El punto octavo: la mayor parte de los contagios y muertes por Corona se está dando en zonas urbanas y sus suburbios, que por tradición tienden a inclinarse hacia el Partido Demócrata y no tanto en las áreas rurales, que suelen ser más Republicanas y donde vive la base electoral de Trump, a quienes no les parece que todos se tengan que sacrificar por lo que pasa en grandes ciudades como Nueva York, que les son distantes. Así que el virus está acentuando las divisiones partidistas que ya existían entre un EEUU rural y otro urbano. El olfato político de Trump y los Republicanos les indica que allí puede estar la clave de la reelección. Sobre todo en momentos en que a Trump se le critica por el mal manejo de la crisis.
Con estos elementos, usted puede sacar sus conclusiones y contrastar lo que gritan y vociferan los malquerientes de Trump en prensa, radio y televisión. Las cosas no son como no quiera, sino con como son.
