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La Verdad del Sureste

OSORIO CHONG ¿SEGURIDAD NACIONAL Y SEGURIDAD PÚBLICA? I


Nos visitó el Secretario de Gobernación, Osorio Chong; conviene abordar un tema ya planteado en éste espacio.
    Paradoja: desde hace décadas en el gobierno del Estado mexicano: en sus 3 niveles, las policías, tanto federales, estatales (o locales) como municipales han ido siendo carcomidas por la delincuencia –común y organizada-. La contaminación por las bandas delictivas de todo tipo en los cuerpos policiacos ha ido escalando a grado alarmante.
    El instrumento que diseñó originalmente el Estado mexicano para combatir y erradicar la delincuencia, es la policía –llámese preventiva, ministerial, judicial, municipal o como gusten llamarle-. Si el cuerpo policiaco es penetrado por la delincuencia, entonces el instrumento resulta ineficaz. Más si el cuerpo de combate a los delincuentes se alía con ellos y se potencia el fenómeno.
    Así, el Estado mexicano se ubicó en un dilema: dejar funcionando a las policías –lo que implicaba permitir que la delincuencia así potenciada siguiese desplegando su ponzoña y tumorando al cuerpo social- o desaparecer las policías –lo que significaba quedar sin el más mínimo instrumento de defensa para la seguridad y la paz interior y sin medio alguno para operar la seguridad pública, decisión que además devenía en algo imposible-.
    Se optó por ir haciendo a un lado los cuerpos policiacos infectados; pero alguien o algún cuerpo de fuerza y orden debería hacer la tarea de seguridad pública. Si las policías están contaminadas, entonces que el Ejército haga las tareas de seguridad pública, pensó el Estado mexicano.
    Se recurrió al Ejército –cuya tarea principal o función pública constitucional es la seguridad nacional- para combatir a los delincuentes –en especial a la delincuencia organizada, comenzando por narcotraficantes, pasando luego a combatir a secuestradores y a bandidos que cometen delitos del fuero federal-.
    Originalmente en coadyuvancia y en auxilio a la policía; luego ya como encomienda oficial. No desaparecieron los cuerpos policiacos, siguieron operando y se dio al Ejército atribuciones de facto para operar como policía.
    Como la Constitución ordena que las policías son cuerpos civiles basados en la disciplina y la profesionalización –y por ende en esencia nunca podrían ser de carácter militar y operar como Ejército-, se avanzó a militarizar a las policías ¡militarizando sus mandos! (la mayoría de los Secretarios de Seguridad Pública en los Estados fueron militares retirados o en activo bajo licencia).
    Con Fox –ese vaquero con las botas batidas de estiércol- se llegó al extremo de designar a un militar (el General de Brigada Rafael (Marcial) Macedo de la Concha- como Procurador General de la República. Lo afirmé ya: es tan bruto Fox, que creyó que, como su pariente político había sido Procurador de Justicia Militar, podía hacer el papel de Procurador General de Justicia (era su familiar político ya que Lilian de la Concha -que conoció a Fox en 1971, cuando era la Secretaria del Director General de la Coca Cola México y Fox, Director de mercadotecnia, se casó en marzo de 1972 y se divorció en 1991 de Fox-).
    La última aparición de Lilian fue en un expediente en las Cortes de EU, en El Paso, Texas, donde junto con su pareja, Marco Antonio Delgado Licón, está acusada de lavado de dinero del narcotráfico -600 millones de dólares para el Cártel del Milenio--.
     Cuando el Estado mexicano avanzó en esta estrategia de militarizar los mandos policíacos, ardió Troya: un cuerpo civil, difícilmente admite el rigor de la milicia y del Ejército y la rigurosa disciplina castrense.
    Resultó que el Ejército no sabía realizar las tareas de seguridad pública y los cuerpos policiacos –civiles- no admitían el rigor castrense que sus recién nombrados mandos militares intentaban imponerles. La sublime consecuencia: el desorden total y la desobediencia reiterada. Y los delincuentes, operando a sus anchas. Fueron sexenios de caos, pero también de aprendizaje, de ensayo-error.
    Hoy, ya el Ejército aprendió a hacer, al menos mejor que la contaminada policía añeja, las tareas de seguridad pública; no sabemos aún si sabrá hacer las de seguridad nacional ya que nunca México ha intervenido realmente en guerra –un Presidente ingenuo le declaró la guerra a la Alemania Nazi y al mikado de Japón obligado por los “aliados” (declaración de guerra que, por cierto, hasta la fecha se sigue sosteniendo como vigente ya que nunca se ha declarado que terminamos la guerra contra el Eje Alemania-Japón-Italia y entramos en era de paz pactada), pero eso fue un cotorreo presidencial-.
    De los resultados de esa estrategia del Estado mexicano, usted, más que yo, sabe su calificación. La población sabe si hay avance en la seguridad pública o no.        
    Ahora habrá un relanzamiento oficial de la estrategia de seguridad nacional –ojo, más no de seguridad pública-. Ya sea porque la hasta ahora implementada ha sido un fracaso estrepitoso, ya sea porque ahora se han dado cuenta de que no es lo mismo, seguridad pública que seguridad nacional, aunque ambas incidan en la seguridad interior.

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