OXFAM: El dedo en la llaga
Fechada en el mes de junio que acaba de terminar, apareció una publicación respaldada por Oxfam, una organización no gubernamental que tiene representaciones en 94 países y que trabaja, según declara, “para encontrar soluciones a la pobreza y a la injusticia en el mundo”. El documento es una investigación del Doctor Gerardo Esquivel que es maestro en Economía por El Colegio de México y Doctor en Economía por la Universidad de Harvard, actualmente se desempeña como Profesor-Investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel III. El trabajo mencionado lleva por título “Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político” y me parece, por objetivo y valiente, muy importante para dejar de compartirlo con mis posibles lectores.
Mucho más allá de cualquier pretensión o altanería y simplemente porque es la verdad, debo agregar que varios o quizá todos los puntos tratados en el trabajo, en la medida de sus modestas posibilidades, los ha mencionado, difundido y defendido el Movimiento Antorchista desde hace muchos años como parte esencial de su programa de trabajo y de su visión de corto, mediano y largo plazo y, si he sentido la necesidad de decir que esas importantes ideas son también nuestras es, como ya dije, porque es cierto, porque las voy a citar con entusiasmo en mis comentarios y porque, eso sí, somos la única organización política que las ha expresado y defendido como legales y posibles ante cientos de miles de mexicanos exponiendo el modelo económico para el México más equitativo y justo que queremos y por el que luchamos.
En el documento de Oxfam se dice que “algunas de las propuestas de política que se mencionan más adelante nunca se han discutido seriamente en México, quizá porque nunca hemos discutido seriamente el problema de la desigualdad. Algunas de estas propuestas se enunciaron vagamente y en medida tal se desecharon; como si se tratara de recomendaciones extrañas, demagógicas o incluso arbitrarias o expropiatorias”. De acuerdo. En las altas esferas del poder económico y político se tiene conciencia de que estando a su servicio los grandes medios de comunicación que crean y destruyen en segundos, la mejor manera de combatir las ideas que pueden afectar intereses económicos y políticos, es despreciarlas o ignorarlas fingiendo que no merecen que se les tome en cuenta. Se tiende sobre ellas una conspiración de silencio y el fenómeno no es nuevo: se puso en práctica para sepultar El Capital recién publicado, la obra más influyente en toda la historia de la humanidad.
Pero en México se necesitan, urgen políticas económicas y políticas diferentes. Con las decisiones que han tomado los últimos gobiernos y el actual, México, que es la economía número 14 del mundo, tiene a 53.3 millones de sus ciudadanos viviendo en la pobreza que trabajan diario de sol a sol sólo para seguir siendo pobres y, como complemento necesario, ha producido, según el Global Wealth Report 2014, citado por Oxfam, un 10 por ciento de la población de personas extremadamente ricas que concentran el 64.4 por ciento de la riqueza del país y cuya fortuna “excede y por mucho a las fortunas de otros en el resto del mundo”. Cabe añadir que el estudio señala que los multimillonarios en México sólo son 16 personas y que su riqueza acumulada ha pasado de 25 mil 600 millones de dólares en 1996 a 142 mil 900 millones de dólares al día de hoy, o sea que la riqueza promedio de cada uno de ellos ha pasado de mil 700 a 8 mil 900 millones de dólares, un aumento de más de 400 por ciento.
La inmensa riqueza concentrada no es obra de la casualidad, es consecuencia del modelo económico, más precisamente, resultado de decisiones gubernamentales del pasado y del presente. Dice Oxfam: “En 2002, la riqueza de cuatro mexicanos representaba el 2% del PIB; entre 2003 y 2014 ese porcentaje subió al 9%... los cuatro han hecho sus fortunas a partir de sectores privados, concesionados y/o regulados por el sector público. Estas élites han capturado al Estado mexicano, sea por falta de regulación o por un exceso de privilegios fiscales”. Y más adelante precisa Oxfam al respecto: “Carlos Slim incrementó masivamente su fortuna al controlar Telmex, empresa mexicana de telefonía fija privatizada allá por 1990… Germán Larrea y Alberto Bailleres tienen historias similares; entre otras cosas, son dueños de empresas mineras que explotan concesiones otorgadas por el Estado mexicano… Finalmente, Ricardo Salinas Pliego, quien obtuvo el control de una cadena nacional de televisión al adquirir la televisora pública Imevisión –hoy TV Azteca- ha sido dueño o socio Iusacell además de ser dueño de Banco Azteca”. Y remata la investigación de Oxfam: “En su calidad de empresarios millonarios a quienes el Estado constantemente supervisa o regula, es de su total interés el intervenir tanto como puedan en los instrumentos u organismos que se encargan de la regulación, supervisión y vigilancia; es decir, de capturar políticamente al Estado mexicano (subrayado de OCA)”, son, pues, quienes toman las decisiones.
Oxfam dice, y dice bien: “La política fiscal en México es insuficientemente progresiva”, lo cual quiere decir que los que ganan más contribuyen poco o nada al presupuesto de egresos de la federación que hasta ahora depende de los impuestos que pagan quienes están en la parte más baja de la pirámide social (y del petróleo que ya da para más); seguirle quitando una buena parte de su magro ingreso a los más pobres mediante los impuestos al consumo (IVA, por ejemplo), es una forma de ahondar la desigualdad. Pero también hay que reorientar el gasto gubernamental. “El gasto público, señala Oxfam, debe focalizarse mejor tanto en términos sectoriales como regionales. El gasto debe identificar las prioridades en materia de educación, salud y acceso a servicios básicos que requiere la población. Debe garantizar también que estos servicios tengan un mínimo de calidad”. ¿Y la política salarial? Porque en México existe una política salarial; todos los poseedores de mercancías aumentan su precio conforme aumentan sus costos de producción menos los que venden la mercancía llamada fuerza de trabajo porque el salario está controlado en sus niveles más bajos por decisión gubernamental, viola la ley y, en consecuencia, señala Oxfam “A partir de 1981 y 2012, la participación del capital aumentó del 62% al 73% y la del trabajo disminuyó del 38% al 27%. Todo lo anterior favorece en 11 puntos porcentuales al ingreso nacional a favor del capital y a costa del trabajo”.
¿Qué hacer? ¿Otra quema de la puerta del Palacio Nacional? ¿Barricadas y provocaciones a la policía? ¿Una revolución sangrienta? Nada, absolutamente nada de eso. Los mexicanos pacíficos ni lo queremos ni lo necesitamos. La ley, la ley en vigor permite cambiar el modelo económico y evitar una catástrofe social. Es indispensable y urgente construir la fuerza social de, en palabras de Oxfam: “esas personas que se han quedado excluidas, sin voz, sin capacidad de participar en las decisiones que afectan a sus vidas y las de sus hijos”, es decir, se impone equilibrar la balanza social de las decisiones, que no sean sólo los más poderosos quienes decidan por 120 millones de mexicanos sino que también quienes producen la riqueza hagan escuchar su voz y valer sus intereses, debe fomentarse su organización, su conciencia y su actuación. Y es precisamente esa captura del Estado por parte de los señores del gran capital lo que explica sobradamente que desde adentro y desde afuera del gobierno se satanice y combata a la organización social aunque sea pacífica y legal, como lo es el Movimiento Antorchista, que se ignoren sus propuestas, que se le escamoteen las soluciones, que se le arrincone acusándola de chantajista y que se le obligue a salir a manifestarse a la calle para obtener algunas pequeñas mejoras a su situación. Pero el pueblo no se resignará. Seguro. “¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas –escribió Miguel Hernández- ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?”