Carlos Slim Helú, Ricardo Salinas Pliego y Germán Larrea son los tres hombres más ricos de México, de acuerdo con la lista de los millonarios que cada año realiza la revista Forbes. Slim además ostenta la corona con una fortuna estimada de 53 mil 500 millones de dólares. Salinas con 10 mil 100 millones y Germán Larrea de Grupo México, con 9 mil 700 millones de dólares.
Nuestro entorno social está muy influenciado por el dinero, la sociedad está dividida en clases socio-económicas, esta realidad ha marcado la mente de muchos, inclusive cristianos.
No se asombre si cada vez que escuche decir “prosperidad” usted lo primero que piense es en dinero.
Entonces ¿qué es la prosperidad? El término prosperidad en la Biblia es genérico, no solamente se relaciona con dinero. La Biblia dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”, tercera de Juan capitulo 2. Usted puede estar lleno de dinero y de enfermedades y preocupaciones.
Yo diría que la prosperidad es el logro de todas las cosas en todos los sentidos, que abarca todo lo externo e interno del ser humano, que le haga sentir que ha conquistado todo lo que necesita en esta vida y para la vida eterna. Esto es tener una vida plena.
El tener mucho dinero, coches, casas y amigos no garantiza tranquilidad, mucho menos felicidad. Sino todo lo contrario, pues la raíz de todos los males es “el amor al dinero” y este, no nos avala la vida futura que nosotros realmente deseamos.
Hay tres puntos de vista comunes sobre el dinero y la prosperidad:
El punto de vista materialista. Creemos que todo lo material es lo que realmente importa, y que nuestra satisfacción y plenitud proviene de los lujos que deseamos y que nos esforzamos por conquistar.
El dinero es la clave para obtener lo que deseamos dentro del mundo materialista. Para alcanzar el éxito y la felicidad, tratamos de amasar una fortuna que nos permita tener las cosas que queremos e influir en nuestro entorno de la manera que deseamos.
La prosperidad está atada a la madures espiritual. No se le puede dar 2 millones de dólares un niño de 5 años para que compre golosinas, porque todos tenemos un límite para recibir de Dios.
La Biblia dice: “No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quién es Jehová?, O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios” Proverbio 30: 8- 9. Dios no nos va a dar tanto que nos envanezcamos, ni tan poco que reneguemos.
El punto de vista espiritual religioso
Aquellos que consagran su vida al espíritu mantienen este punto de vista, renuncian al mundo con el fin de superar su apego a los objetos, en particular al dinero y las posesiones materiales. Tanto en Oriente como en Occidente, los devotos religiosos hacen voto de pobreza y renuncian a todas sus posesiones, excepto las más básicas.
Confían en que Dios proveerá a través de la Santa Iglesia o de las personas a las que sirven. Con distintos grados de éxito, procuran trascender sus propios deseos y necesidades de comodidad material, seguridad, poder, sexualidad, etcétera.
Según esta filosofía, la plenitud proviene del plano espiritual. La prosperidad es la riqueza de la experiencia del espíritu. El objetivo es completamente interno. No creo que todos los seres humanos estemos destinados a poseer una riqueza ilimitada.
En el plano espiritual hemos escogido distintas metas. Hasta renunciar a poseer demasiados bienes y vivir trabajando en la obra de Dios esperando recibir de él las promesas eternas pues nuestro Dios es rico y ha dicho que todo lo de él es para nosotros.
Desde el punto de vista materialista, la estrategia para crear prosperidad es “tener más”. Cuanto más poseas, más feliz serás. Según la perspectiva espiritual, la estrategia para alcanzar la prosperidad es “necesitar menos”. Cuanto menos necesites, más feliz serás.
Muchos están convencidos de que el mundo exterior es un reflejo del mundo interior, en donde el ámbito físico es un espejo de nuestra conciencia. Nuestra vida refleja nuestros pensamientos, según reza un dicho popular, pero si comenzamos a asumir la responsabilidad de cambiar nuestros pensamientos, tendremos un mundo mejor, en el que el materialismo será secundario.
El hombre moderno cree que al tener riquezas lo tiene todo y puede disfrutar de los placeres, olvidándose de que en la vida lo más importante que el dinero es la palabra de Dios, que dice, “no solo del pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Recordemos, que Jesús dijo que la vida no consiste en los bienes que se posee. Sino en buscar el reino de los cielos y que todo vendrá por la misericordia de Dios a nuestras manos porque el dueño de todo lo que existe, hasta de nuestras vidas.
El dinero y la prosperidad no se limitan a reflejar los pensamientos; reflejan un estilo de vida, olvidándonos de nuestros sentimientos, almas y cuerpo.
No creo que todos los seres humanos estemos destinados a poseer una riqueza ilimitada. En el plano espiritual hemos escogido distintas metas.
La verdadera prosperidad no se crea de la noche a la mañana. En efecto, no es una meta fija, un sitio al que se llega al final del camino o un estado que se alcanza un día determinado. Es un proceso continuo de búsqueda de plenitud que se prolonga toda la vida.
Todos tenemos ideas, actitudes, creencias y pautas emocionales que limitan nuestra experiencia de prosperidad. La baja autoestima, la sensación de escasez, el temor al fracaso o al éxito y los sentimientos encontrados hacia el dinero son factores que, entre otros, pueden convertirse en obstáculos en el camino hacia el desarrollo y la plenitud.
Ahora veamos que nos dice la Biblia sobre la prosperidad.
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”, Filipenses. 4:19.
Nuestro Dios es el padre de la prosperidad, solo tenemos que entender que debemos de obedecerle para que nos vaya bien todo el tiempo aquí en la tierra y por la eternidad.
Por tanto os digo: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”, Mateo 6:25.
“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas, Mateo 6:31-33.
Querido lector, ¿quieres ser próspero en todo? Usted, vale más que el oro y la plata, más que las aves del cielo que ni trabajan y comen, posiblemente se lamenta constantemente por la pobreza en que vive tanto material como espiritual.
No lo piense más en Jesucristo esta la solución él quiere ayudarte a disfrutar esta vida presente y futura solo entrégate a él y salvo serás y por lo tanto gozaras de todas sus bendiciones y todo lo que tu mano toque será prosperado pero primero tiene que hacer un pacto con Dios para que de esta manera pase a ser hijo.
“Mas a todos los que le recibieron les dio potestad de ser llamados hijos de Dios”, de otra manera solo es una criatura creación de Dios. Note la diferencia. Comentarios melita_ihd@hotmail.com
