• La Verdad del Sureste |
  • Jueves 05 de Marzo de 2026

La Pasión por la Política POR MICHEL CHÀVEZ

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POR MICHEL CHÀVEZ


Los tabasqueños tenemos problemas de comportamiento, pues somos adictos al mimetismo y a la pasión libidinosa. Detestamos el razonamiento como método de pensar, apegado a la realidad. No distinguimos las fronteras del mundo abstracto con la realidad. El pensamiento del choco es suave, ligero, light, porque prefiere verse en el espejo del otro. Sufre para arroparse de nuevas ideas. La clase política gusta tomarse el café con los amigos. Ahí descompone el mundo y se pronuncia como eje rector del universo en que se mueve.

Se extasía que otros lo escuchen. Con aire triunfalista dice “si fuera gobernador yo tendría a los más capaces de Tabasco y conmigo no habría corrupción. Si fuera Presidente de la República, le rompería la madre a los pinche gringos pendejos re-expropiando nuestro petróleo, como lo hizo Hugo Chávez en Venezuela”. Pero cuando el choco clase mediero retorna a su soledad, a su mundo cotidiano, recicla ideas y pensamientos mecanicistas.

Es un autómata despersonalizado. Es el ciudadano “normal”. Se informa de las noticias políticas y ve con pesimismo los movimientos sociales de otros. Se encasilla en su changarro o repite, en caso de ser profesor, los mismos temas en las clases con sus alumnos. “Tengo que cuidar mi chamba porque de ahí como”. Adentro es conservador y afuera se exhibe como “revoltoso”. Teme participar en movimientos de protesta. El profesor de magisterio sólo participa como masa; y lo hace para conseguir el bisne” de la lana. “A la pinche clase política hay que quitarle la lana”. Los otros, el sujeto común como el médico, el ingeniero, el comerciante, el contador, el abogado, el químico, piensan en un futuro prometedor. Sentados en la silla de sus escritorios, trabajan para el sustento diario de la familia.

“A mi la política no me interesa, todos son iguales, mentirosos y corruptos”. Son partidarios del trabajo individualista. Como médicos prestan sus servicios (con salarios) en el ISSET, pero le ponen mayor interés a sus propios consultorios. Hacen ineficiente los servicios del ISSET para comerciar con las enfermedades del paciente. A quienes ven con posibilidades económicas les inventan enfermedades mortales para pasarlos a la sala de cirugías privadas. “Yo te conseguí el paciente, ahora cáete con el diezmo”.

 Lo mismo sucede con las obras públicas. Aquí no se transa con el dolor humano sino con constructoras privilegiadas. La iglesia también comercia en el nombre de Cristo. En este orden social establecido todo es posible. Cuando el político afirma que Tabasco es un edén para vivir, la situación es diametralmente opuesta, hay robos y asaltos callejeros; el patrón te chinga el salario; plagian a los que tienen dinero; el gobernador, el alcalde, el diputado, los jueces y magistrados, y hasta los regidores, se quedan con la mayor tajada del pastel presupuestal. El cinismo es la expresión triunfalista. El ilusionismo folklórico invade nuestra sique: “En Tabasco no pasa nada, todo es rumorología”. Los sujetos metidos a políticos construyen su propio mundo. Igual hacen los académicos. Se encierran en su mundo y creen ser el eje rector de la tierra, el ombligo del planeta. Los otros son puros pendejos. Nosotros sí somos chingones. “Tengo los méritos para ganarle a aquel cabron”. Es la voz de guerra de los cuarteles de los políticos que se juran lealtad, pero en el recoveco de sus mentes desconfían hasta de sus propias sombras. Es la desconfianza a la traición. El choco común vive en su inmediatez cotidiano. Sólo tiene tiempo para proseguir en la reproducción biológica y en la lucha de su sobrevivencia “humana”. Por último recomiendo a los lectores de La Verdad del Sureste, leer a Samuel Ramos, Octavio Paz y Roger Bartra, quienes describen la identidad del mexicano y de nuestra sociedad.