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La Verdad del Sureste

PEÑA, LOS MINISTROS, EL ¿ORGULLO? ¿GAY? Y ESTRASBURGO


Pregunté ayer respecto a la iniciativa de Peña y el aval de los Ministros de la SCJN al “matrimonio gay” (en contra de la suprema opinión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos –organismo de superioridad mundial sobre asuntos de Derechos Humanos-): ¿Qué impulsó a Peña y a los Ministros de la SCJN, para apadrinar el intento de imponer a nivel nacional una figura tan conflictiva además de inconsulta?
    Fundamentado en el artículo 8 y alegando también el artículo 14 (Principio de no discriminación) –ambos del Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades-, la sentencia del “Tribunal de Estrasburgo” del jueves 9, afirma que “no existe ningún derecho de los homosexuales al matrimonio entre personas del mismo sexo”, que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales y gozan de un margen de apreciación para decidir acerca de la naturaleza exacta del estatuto otorgado por otros modos de reconocimiento jurídico”. Afirma, con toda razón, que no existe discriminación alguna en el no admitir legalmente tal tipo de enlaces como matrimonio, puesto que no existe ningún derecho humano para los homosexuales y lesbianas a contraer matrimonio entre ellos.
    Afirmamos –e insistimos- que el problema reside en que el homosexualismo político pretende imponer el ‘matrimonio’ homosexual a todos los países. Centenas de políticos afectados de homosexualidad han convertido su condición en una paraideología –pasaron su homosexualidad al nivel de homosexualismo-.
    Así como los comunistas crearon la ideología del comunismo, los capitalistas la del capitalismo, y los católicos la del catolicismo o los protestantes la del protestantismo-, los altos mandos del homosexualismo político buscan “forzar” el Convenio y los Estatutos de derechos Humanos para obligar a que se admita un “derecho” que no existe.
    Lo mínimo que se le puede decir a Peña y a los Ministros de la Suprema Corte que promueven activamente la aberración jurídica del “matrimonio gay”, es que, no lleven a más su descaro. Con una simple consulta a todos los adultos del país, se hubiesen enterado de lo que la nación opina al respecto. Y en especial a Peña quien es aquel ente obligado a someter a consulta democrática estos temas –así se lo ordena el artículo 26 constitucional-. La arbitrariedad y la ceguera ya le están mostrando que no son la vía.
    Grégor Puppinck, director de The European Center for Law and Justice, subraya, en relación con esta sentencia, que “si bien sigue siendo oportuno que el Convenio se siga aplicando a las evoluciones sociales, no deja de ser abusivo forzar la ‘evolución’ del contenido del Convenio”.
    Hay enfrente de los políticos afectados de homosexualidad y que pugnan por convertir el homosexualismo político en regla, fuertes grupos de presión y grandes sectores de la población. Quizá el más numeroso es el de los grupos del catolicismo y de científicos del sector salud.
    En varios estudios serios han emitido las razones de peso que fundamentan su oposición. Uno de ellos se denomina: ¿A quién daña la homosexualidad?
    Ahí se asienta, entre otras causas, lo siguiente:
    El respeto a las personas y la actuación por el bien del otro implica dar una adecuada difusión a datos conocidos pero poco difundidos. Un análisis de la relación entre salud y homosexualidad nos muestra que la actividad homosexual tiene unos costes humanos y económicos que paga toda la sociedad. El estilo de vida homosexual no es una forma como cualquier otra de vivir, y el Estado debería tener en cuenta los costes sociales de fomentarlo.
    VIH y enfermedades sexuales
    “A pesar de toda la educación sobre SIDA, los epidemiólogos predicen que en un futuro cercano el 50% de los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres serán seropositivos.” (Véase: Diamond, E., Delaney, R., Diamond, S., Fitzgibbons, R., et al., 2004, Homosexuality and hope, Catholic Medical Association (www.cathmed.org); version en castellano: http://www.narth.com/docs/eeuu.html.
    “Los epidemiólogos estiman que un 30% de todos los homosexuales varones de veinte años serán seropositivos o habrán muerto de SIDA para cuando tengan 30 años.
    Esto significa que la incidencia del SIDA entre los homosexuales varones de 20 a 30 años es unas 430 veces mayor que entre el conjunto de la población heterosexual.”
    (Véase: Satinover, J., (2003), Homosexuality and the Politics of Truth, Grand Rapids, Michigan: Hamewith Books, p. 57).
    “Incluso antes de la epidemia del SIDA, un estudio con hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres encontró que el 63% había contraído una enfermedad de transmisión sexual a través de su actividad homosexual.” (Véase: Diamond, E., et al., op. cit. en la primera cita).
    La naturaleza del sexo anal y su mayor frecuencia en homosexuales son una explicación fisiológica de porqué el VIH y otras infecciones se transmiten con tanta eficacia en estas relaciones.
    La fisiología humana deja claro que el cuerpo humano no fue diseñado para acomodar esta actividad.
    El tema amerita otra entrega, en la siguiente lo concluiremos.

 

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