PEÑA: A LOS RECORDS GUINNESS
He oído en bastantes ocasiones a ex Presidentes de la República que, en funciones, han pronunciado discursos o han hecho declaraciones que en largas peroratas ensartan kilométricas brutalidades, incongruencias y trivialidades; muchas y frecuentes bestialidades presidenciales. Pero nunca tantas, tan inmensas y en tan poco tiempo como las que vomitó Peña en la Asamblea General de la ONU el 28 de septiembre. Realmente es un sujeto del que no sólo hemos de avergonzarnos sino que centralmente es un ejemplo mundial de lo que nadie debe hacer y decir. Tanta caballada dicha en tan pocas palabras, tan concentrada cadena de bestialidades, es merecedora de un Record Guinness. Lo vamos a proponer para que se le asigne el Guinness Record de: mexicano que más caballadas dijo en menos tiempo ante una Asamblea General de un organismo internacional.
¿Sabrá Peña lo que significa la palabra populismo? No lo sabe, pero todo su actuar denota y demuestra que es un engendro de neopopulismo. Los rasgos característicos de Peña el neopopulista son: todo lo que plantea es superficial, no hay profundidad en su pensamiento, siempre está montado en la simplificación dicotómica, es un acendrado antipopularista y materialización del elitismo, sus propuestas son las antípodas de las que proclaman la igualdad social o de las que pretendan favorecer a los más débiles, predominan en él los planteamientos emocionales sobre los racionales, habla de la movilización social (mover a México es uno de sus slogans) sin realmente mover o conmover nada, carece de liderazgo de cualquier tipo, es menos cero carismático, se desenvuelve en la imprevisibilidad económica, es el campeón de los oportunistas y convencido promotor de la desigualdad social y económica.
Importantes estudios de Teoría del Estado y Derecho Constitucional cuestionan el uso indiscriminado, irresponsable e irreflexivo universalizador del término «populismo», cuando se le aplica a corrientes políticas latinoamericanas, obviando el estudio puntual y las circunstancias históricas particulares de las mismas como lo hizo Peña en su discursejo en la ONU.
El populismo es la corriente ideológica que sostiene la reivindicación del rol del Estado como defensor de los intereses de la generalidad de una población a través del estatismo, el intervencionismo y la seguridad social con el fin de lograr la justicia social y el Estado de bienestar.
Y esa idea sobre la función y tarea principal del Estado es contra la que Peña se pronunció ambiguamente en la Asamblea General de la ONU. La postura de Peña implica, que el Estado se lave las manos de la pobreza extrema y la desigualdad social y económica, que no genere ni fomente la creación de empleos, que aumente los impuestos para que el gobierno viva bien aunque la población muera de inanición, que se apalanque a los capitales y financista para que obtengan ganancias aunque el pueblo mayoritariamente se muera de hambre. Implica condonarle los impuestos a los grandes capitales y apretarle el pescuezo a la clase media y pobre para que si los paguen; implica que el Estado no invierta en gasto social para que el particular haga negocio; implica lucrar con el hambre de la mayoría para obligarle a la venta del voto.
Para Peña, un conspicuo engendro del neopopulismo feroz, hay que advertir del “peligro” del populismo, en la Asamblea de la UNO y de dientes para afuera.
En su crítica de la novela Todos los hombres del rey, del premio Pulitzer Robert Penn Warren, Esteban Hernández hace un interesante análisis de la relación entre populismo y aristocracia.
Sostiene que ―mientras en los países menos desarrollados, el populismo va de la mano con la lucha contra el hambre, el aumento de impuestos a los ricos, y la supeditación del mundo empresarial a la política, tal como fue planteado por Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos con el New Deal; en esos países, el populismo definiría una alternativa a la aristocracia mucho más probable que el comunismo, y que por esa razón ha sido y es denostado por los sectores conservadores. Para Peña, un Gobierno populista es aquel que no promueve un mayor acercamiento a Estados Unidos.
Ese es el neopopulismo de Peña, de priistas, panistas y pvemistas.
Es exactamente lo contrario al populismo revolucionario y una desviación del populismo neoliberal que impusieron priistas y panistas en el gobierno federal. Peña es un neopopulista que es la vergüenza nacional.
A descararse abiertamente fue a la Asamblea General de la ONU ¡y a decir una buena hilera de caballadas!