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La Verdad del Sureste

PEÑA Y “MATRIMONIO GAY”: PELIGROS DE SALUD PÚBLICA


¿Qué impulsó a Peña y a los Ministros de la SCJN, para apadrinar el intento de imponer a nivel nacional una figura tan conflictiva además de inconsulta como el “matrimonio gay”? La sospecha está en el aire.
    El caso es que, por sus caprichos tratan de imponer en la legislación nacional la inclusión o legalización del “matrimonio gay”. Sin tomar en cuenta las múltiples opiniones mayoritarias que lo rechazan y se han manifestado en contra de tal aberración.
    Lo peor, sin analizar -ni a fondo ni superficialmente- que el “matrimonio gay” es un factor altísimo de riesgo a la salud pública. Pusieron por encima de la sanidad pública la ideología del homosexualismo político. Es tan agigantado el error de creer que con recomendarles a los homosexuales y lesbianas el usar preservativos o condones en sus relaciones sexuales va a evitar los grandes problemas de salud y sanidad pública que connaturalmente conlleva la homosexualidad.
    Contra la embestida de los políticos afectados de homosexualidad y que pugnan por convertir el homosexualismo político en regla, abundan grandes sectores de la población y grupos opositores. Estudios serios han fundamentado esa oposición. El análisis ¿A quién daña la homosexualidad? Asienta:
Además de la razón fisiológica, otro punto relacionado es la frecuencia del sexo anal y el número de parejas, muy superior en las personas de práctica homosexual. El Dr. Satinover explica por qué los homosexuales varones corren tanto riesgo. “El homosexual típico (…) es un hombre que practica frecuentes episodios de penetración anal con otros hombres, a menudo con muchos hombres diferentes. Estos episodios son 13 veces más frecuentes que los actos heterosexuales de sexo anal, con 12 veces más parejas distintas que los heterosexuales.” (Consúltese: Satinover, J., (2003), Homosexuality and the Politics of Truth, Grand Rapids, Michigan: Hamewith Books, p. p. 55).
    A efectos de este estudio se define monogamia como la fidelidad 100% a un cónyuge o pareja. El 26% de los heterosexuales tiene sólo una pareja en su vida (recordemos que el 50% de los matrimonios en EEUU, cuando se hizo el estudio, acaban en divorcio; alguien que se vuelve a casar no estaría en este 26% pero sí en el 83%. (Satinover, J., p. 54-55 (Datos tomados de The Social Organization of Sexuality: Sexual Practices in the United States, y de una serie de estudios sobre comportamiento homosexual y cambio del comportamiento, incluyendo el estudio Multicenter AIDS Cohort Study, basado en casi 5.000 hombres homosexuales).
    La naturaleza del sexo anal y su mayor frecuencia en homosexuales son una explicación fisiológica de porqué el VIH y otras infecciones se transmiten con tanta eficacia en estas relaciones. La fisiología humana deja claro que el cuerpo humano no fue diseñado para acomodar esta actividad.
    El recto es significativamente distinto a la vagina en lo que respecta a la adecuación para la penetración del pene. La vagina tiene lubricantes y el apoyo de una red de músculos. Está compuesta por una membrana mocosa con un epitelio estratificado en varias capas que permite aguantar la fricción sin daño y resistir las acciones inmunológicas causadas por el semen y el esperma.
En cambio, el ano es un delicado mecanismo de músculos pequeños que forman un pasaje de “sólo salida”. Repitiendo trauma, fricción y estiramiento, el esfínter pierde su tensión y habilidad para mantener un cierre firme. Consecuentemente, la penetración anal conduce al escape de material fecal que fácilmente puede llegar a ser crónico. El potencial de daño se ve aumentado por el hecho de que el intestino tiene sólo una única capa de células separándolo de tejido altamente vascular, es decir, sangre. Por lo tanto, cualquier organismo que se introduzca por el recto tiene mucha mayor facilidad para establecer un punto de inicio para la infección de lo que tendría en una vagina.
    Más aún, la eyaculación tiene componentes que son inmunosupresores. En el curso de la fisiología reproductiva normal, esto permite al esperma evitar las inmunodefensas de la mujer. El resultado final es que la fragilidad del ano y el recto, junto con el efecto inmunosupresor de la eyaculación, hacen de la relación ano-genital una manera muy eficaz de transmitir el VIH y otras infecciones.
    La lista de enfermedades encontradas con extraordinaria frecuencia entre varones que practican la homosexualidad, como resultado de las relaciones anales, es alarmante: cáncer anal, Chlamydya trachomatis, cryptosporidium, giardia lamblia, herpes simples virus, el VIH, el virus del papiloma humano, isospora belli, microsporidia, gonorrea, hepatitis viral tipo B y C, sífilis. (May, W., (2004), “On the Impossibility of Same-Sex Marriage: A Review of Catholic Teaching”, The National Catholic Bioethics Quarterly, Summer 2004, p. 314).
    Peña y la SCJN no analizaron que el “matrimonio gay” es un peligro de salud pública; es práctica común de los homosexuales el abuso de sustancias: El alcoholismo afecta entre el 20% y el 30% de la población homosexual. El 35% de las lesbianas tiene un historial de exceso de bebida, comparado con el 5% de mujeres heterosexuales. Aproximadamente un 30% de homosexuales y lesbianas son adictos a las drogas.  (McGill University Student Health Services, 2004, “Substance abuse in the Gay and Lesbian Community”: http://www.mcgill.ca/studenthealth/information/gay/substanceabuse/).

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