Piden medir autonomía corporal, no solo embarazo adolescente
La autonomía corporal en adolescentes volvió al centro del debate este 11 de julio, con un llamado a incluir educación sexual integral y gestión menstrual digna en las políticas públicas.
La autonomía corporal en adolescentes sigue fuera de buena parte de las mediciones públicas, aunque impacta en cómo niñas y jóvenes viven la menstruación, conocen su cuerpo y toman decisiones sobre su sexualidad. En el Día Mundial de la Población, la discusión reapareció con una pregunta de fondo: qué tan libres son para decidir sin vergüenza ni culpa.
Anahí Rodríguez Martínez, vocera de Menstruación Digna México, sostuvo que los indicadores oficiales suelen concentrarse en fecundidad, crecimiento demográfico o embarazo adolescente, pero dejan fuera factores como el acceso a productos menstruales, agua y jabón en escuelas, educación sexual integral y conocimiento del ciclo menstrual. Esa omisión, dijo, impide ver carencias que también afectan derechos y permanencia escolar.
En entrevista con CIMACnoticias, Rodríguez Martínez afirmó que la educación sexual ha sido enseñada durante años desde la prevención del riesgo y no desde el conocimiento del cuerpo. “Cuando la educación sexual solamente se centra en prevenir embarazos o infecciones, convierte la sexualidad en un riesgo. Se dejó prácticamente fuera todo lo que tiene que ver con habitar y entender tu propio cuerpo”, señaló.
El efecto, explicó, no es menor para adolescentes y jóvenes: pueden crecer con información limitada sobre menstruación, consentimiento, placer y cambios físicos, aun cuando no enfrenten un embarazo. Esa falta de herramientas influye en decisiones cotidianas, en la forma en que viven su salud y en la posibilidad de participar con normalidad en la escuela y en espacios comunitarios.
Menstruación, silencio y ausencia de información
La activista describió que el primer contacto con la menstruación suele ocurrir sin explicaciones suficientes. “Cuando llega la primera menstruación, muchas veces lo primero que te dan es una toalla. Ni siquiera te explican qué está pasando, cuánto puede durar o cómo vivir ese proceso”, dijo.
También advirtió que persisten prácticas sociales que empujan a esconder la menstruación en la vida diaria. “Lo que se espera es que nadie se dé cuenta de que estás menstruando. Que no menciones la palabra menstruación, que escondas la toalla cuando vas camino al baño y que casi tengas que disculparte por estar sangrando”.
Rodríguez Martínez planteó que ese silencio opera de forma parecida al que rodea la sexualidad femenina: el cuerpo se asocia al riesgo, no al ejercicio de derechos. “Nos enseñan que la menstruación funciona para términos reproductivos y se olvidan de enseñarte a escuchar y entender tu propio cuerpo”, afirmó.
Qué indicadores propone incorporar
“La evidencia demuestra que la educación sexual integral no adelanta la vida sexual; al contrario, la hace más segura y más libre”.
La vocera señaló que la discusión pública debería ampliar la forma de medir bienestar y derechos entre niñas y adolescentes. Entre los elementos que propuso considerar están los siguientes:
- Acceso a educación sexual integral.
- Disponibilidad de productos menstruales.
- Acceso a agua y jabón en escuelas.
- Ausentismo escolar relacionado con la menstruación.
- Conocimiento del propio ciclo menstrual.
Como referencia, mencionó la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual, en la que una de las fases del ciclo más identificadas por las personas encuestadas fue la ovulación, incluso por encima de la menstruación. Para ella, eso refleja un enfoque más centrado en la reproducción que en el conocimiento integral del cuerpo.
En ese contexto, defendió la educación sexual integral basada en evidencia científica y derechos humanos. “La evidencia demuestra que la educación sexual integral no adelanta la vida sexual; al contrario, la hace más segura y más libre”, sostuvo.
La discusión cobra relevancia porque el modo en que se diseñan las estadísticas suele orientar presupuestos, programas escolares y prioridades de salud pública. Si solo se mide embarazo adolescente, pueden quedar fuera obstáculos cotidianos que afectan a estudiantes, sobre todo en etapas de pubertad y adolescencia. No se informó si alguna autoridad incorporará estos indicadores a corto plazo.
Rodríguez Martínez cerró con un llamado a romper la transmisión generacional del silencio alrededor de la menstruación. “Lo principal es dejar de heredar ese silencio, esa vergüenza y la desinformación. El silencio nunca ha protegido a nadie; al contrario, nos ha privado de participar plenamente en la vida comunitaria”.
#TomaNota
- 11 de julio de 2026: el tema se planteó en el Día Mundial de la Población.
- Se propuso medir acceso a educación sexual integral y gestión menstrual digna.
- También se pidió revisar agua, jabón y productos menstruales en escuelas.
- El ausentismo escolar por menstruación fue señalado como un indicador pendiente.