El hombre rico del planeta está en México. Carlos Slim Helú y compañía. Televisa, TV Azteca, Sambor´s, Liverpool, Sam´s Club, entre otras empresas
En un partido político los grupos con mayor poder económico es la que prevalece. Y entre las familias con estas categorías se rolan el poder mediante concertaciones, acuerdos y otros métodos a b s o l u t a m e n t e antidemocráticos. En el sistema político mexicano, la democracia es muy cara y todo es pagado por la población. Es otras palabras, el sistema de selección y elección de los candidatos a cargos de elección popular son muy costosos ante un pueblo empobrecido. Aún así los gobiernos dicen con frecuencia estar crisis.
Al Estado se le hace muy fácil obtener dinero mediante el sistema fiscal, donde los muy ricos pagan ínfimos impuestos. Por eso el hombre rico del planeta está en México. Carlos Slim Helú y compañía. Televisa, TV Azteca, Sambor´s, Liverpool, Sam´s Club, entre otras empresas con franquicias trasnacionales que ven a México “como un paraíso fiscal” por todas las ventajas que ofrece el gobierno al comercio capitalista en aras de “impulsar mano de obra barata” con jornadas de ocho horas al día. De esto también se benefician las compañías petroleras norteamericanas en tierras mexicanas y tabasqueñas, algunos pocos con capital nacional. ¿Sabe usted cuántos miles de millones de pesos correrá en nuestra entidad a partir de haber encontrado nuevos yacimientos de petróleo? ¿Sabe usted cuanto recibirán las arcas del gobierno y los municipios provenientes de Pemex y de empresas petroleras extranjeras que exploran y perforan nuestro petróleo? El dinero que otorga Pemex y compañías filiales, no son auditables. La democracia es en realidad la lucha por el reparto de ese gran pastel llamado dinero, capital. Por lo que la única manera de participar de manera legal en esa competencia es a través de los partidos políticos, y de allí conquistar las esferas del gobierno que incluye al Poder Legislativo. Un estudioso del sistema electoral, me dice que en España, por ejemplo, el costo de la campaña político de elección de un candidato lo sufraga casi en su totalidad el propio candidato; y ya seleccionado, el gobierno le costea una cuarta parte de su campaña. Este modelo debe adoptarse en México, pero como en nuestra república la política se ha convertido en negocio muy rentable, es impensable transitar por caminos distintos.
De modo que la política ya convertida en negocio, la democracia pierde su esencia, se desvirtúa y se torna perversa. Y entonces la lucha por el poder ha veces es de a mentiritas, otras veces demagógica, y pocas ocasiones se torna real. En esta lucha siempre pierde el pueblo. De ahí la tesis fascista de que a la masa hay que mantenerla empobrecida para que no pueda ver su realidad. Como fascista son los farsantes que violentan todos los días el Estado de Derecho. O son aquellos aprendices de brujos que caen en los complejos psíquicos de la mitomanía. México está llenó de estos personajes nefastos, retrógradas, involutivos. Están en el comercio, en el sistema financiero, industrial petrolero, y por supuesto, en la política. Contra ellos lucha Andrés Manuel López Obrador.
