Los gobiernos priístas y panistas que ha tenido México han sido cómplices del descomunal saqueo de nuestras riquezas naturales desde la época de Santa Anna. En nada nos beneficia que el barril del petróleo suba de precio si los beneficiados suelen ser los dueños del capital nacional y extranjero. Cuando menos el país de Gadafi sabe defender su petróleo que Estados Unidos pretende quitarles pretendiendo implantar su” democracia”. En Tabasco nuestras riquezas petroleras sólo han servido para crear más pobres y prostitución. Las urbes éstos representan verdaderos bacanales cuando los obreros petroleros tienen sus días de asueto. Ya lo sentimos en Tabasco cuando el boom petrolero de los años setenta se desquebrajó el proceso social, se rompió la armonía y el desarrollo de la ciudad fue anárquico: drogadicción, prostitución, delincuencia común, desintegración familiar. Y lo peor, el gobierno federal ni estatal supieron encausar ese supuesto desarrollo social que implicaba mayores ingresos per cápita debido a las riquezas petroleras de nuestro subsuelo. Hicieron todo lo contrario: la clase política choca se enriqueció burdamente de los remanentes de PEMEX, al igual que los caciques de los municipios, mientras las poblaciones asentadas en las zonas de extracción petrolera vivieron –y viven aún- en la permanente zozobra ocasionada por la destrucción del oro negro. Sólo Leandro Rovirosa Wade fue capaz de enfrentarse a ese poder omnímodo llamado PEMEX. De ahí surgió “Tabasco 2000”. Con la solo presencia de PEMEX, Tabasco ya contaría, cuando menos, con todas sus carreteras en excelentes condiciones, hecho con materiales de primer mundo. Y la ciudad de Villahermosa estaría luciendo sus bellezas naturales con el majestuoso río Grijalva y las Lagunas de la Ilusiones. Pero ambos atractivos turísticos están convertidos en verdaderos “cagaderos” de los seudoriquillos animalescos que habitan en sus orillas. Esto es tan sólo dos de los múltiples ejemplos de la pésima planeación urbana de nuestra Villahermosa. Quienes están de plácemes son las empresas trasnacionales que siguen saqueando nuestras riquezas petroleras. ¿Hay otro motivo para festejar? Al menos que el gobierno local se amarre bien los pantalones y obligue a PEMEX pagar impuesto por cada barril de petróleo extraído del subsuelo tabasqueño; o que nos deje el valor equivalente del 15 por ciento por cada barril. De la soberanía ya no hablemos: está pulverizada.
