La epidemia del oscurantismo ha invadido las esferas cerebrales de los arquitectos que diseñan los edificios públicos y privados. Carecen de bellezas arquitectónicas definidas a una corriente. Han hecho de la Ciudad de Villahermosa una vieja dama anquilosada y retrógrada, prostituida por “líderes” partidistas y gobiernos que han obtenido jugosas ganancias con las ventas de terrenos irregulares. Así se hizo Las Gaviotas, El Indeco, San Joaquín, El Guayabal, fraccionamientos El Parque y Las Brisas, Parrilla uno y dos, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Hoy, qué turistas se atreven visitar la Ciudad de Villahermosa después de las catástrofes provocadas por las inundaciones del 2007? La inseguridad ha hecho que muchas familias hayan determinado dejar nuestra ciudad y vivir en otros estados del país. ¿Pero qué hacemos los que no tenemos esa posibilidad? En la psique inconsciente de la colectividad villahermosina prevalece la zozobra, pues teme volver a experimentar nuevas inundaciones con las consecuencias ya conocidas. Los sitios exclusivos están sólo en los hoteles de lujo de Tabasco 2000, y un poquito más acá de la avenida Ruiz Cortines, donde son ocupados por altos funcionarios de empresas trasnacionales petroleras y aún de aquellos que le trabajan a PEMEX.
La celebración de acontecimientos políticos que llegan a ocupar sus amplios salones. Y uno que otros acontecimientos relevantes de las familias “acomodadas” de nuestra ciudad. Nada más. El resto de los espacios culturales considerados turísticos como los museos naturales o artificiales tienen poco atractivo. El museo Carlos Pellicer, ubicado en la Zona CICOM, por ejemplo, luce descolorido, lúgubre, en penumbra todas las noches. La biblioteca José María Pino Suárez es un centro obsoleto. Perdió diseño y contenido original en su interior. Muchos libros de escritores clásicos tabasqueños, los que había dejado Enrique González Pedrero y su esposa Julieta Campos, ya desaparecieron, fueron sustraídas extrañamente por los directores que ha tenido ese centro hemero-bibliográfico.
El museo La Venta cuyas Cabezas Olmecas después de haber sufrido las vejaciones de unos fanáticos esquizofrénicos adheridos a una secta religiosa, la misma con que se peleo Ignacio Rodríguez Castro porque a su esposa la despojaron de mucho dinero, dice él, lucen solitarios y en la oscuridad. En tanto los atractivos que están a un costado de la laguna Las Ilusiones, tienen pocos afluentes con escasos “animales” (sin referencia a la cúpula de la cultura oficial). El Yumká es otra historia claroscuro. La fauna apenas logra sobrevivir. Ese centro natural es, en otras palabras, un elefante blanco. Por enésima vez me pronuncio en contra de haber convertido en un mega cárcamo, el aún majestuoso rio Grijalva, que pasa en medio de la Ciudad de Villahermosa. El muro que lo rodea es la ignominia de quienes no tienen el más mínimo respeto por la naturaleza. A propósito a dónde están los estudiosos y defensores de nuestro ecosistema. Qué hacen los biólogos de la UJAT y qué sentido social proponen los Sociólogos para rescatar nuestro río Grijalva. Uno de los escasos profesores eméritos de la DCSyH me dice: es que los Sociólogos investidos de “vacas sagradas” sólo están entregados en los negocios económicos que deja la política… académica. En plena Semana Santa nuestra Ciudad Villahermosa luce sin ilusiones, vive sólo de espejismos para ocultar el virus de La Peste. ¡Salve Albert Camus!
