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La Verdad del Sureste

Políticas erradas entregaron el país al crimen: especialistas


La PGJDF, a través de la Subprocuraduría de Averiguaciones Previas Desconcentradas, y la Dirección General de Servicios Periciales, tomó conocimiento del deceso de las cinco personas
La PGJDF, a través de la Subprocuraduría de Averiguaciones Previas Desconcentradas, y la Dirección General de Servicios Periciales, tomó conocimiento del deceso de las cinco personas

Ciudad de México, 17 de octubre de 2015.- Visto así a través de estadísticas internacionales y nacionales, México se convirtió en un mapa de la muerte. Es una muerte que actúa de muchos modos; pero casi todos son brutales.
    México se ve como una gran zona de guerra donde mujeres, niños y hombres son vulnerables hasta romperse. Un epicentro de la violencia donde muchos de quienes matan tienen entre 16 y 19 años, la edad donde debería haber más ilusiones en el futuro. Un extenso lugar, lleno de relieves, donde el crimen organizado es un camino.
    En el mismo mapa se observan las manifestaciones sociales. El reclamo por los muertos y desaparecidos ha generado protestas de lucha como la de los padres de los 43 normalistas desaparecidos la noche del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero. Pero también se protesta por la desigualdad, el hambre y la injusticia, como lo hace el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas desde 1994.
    El punto es que la paz no se alcanza a ver. México está en la posición 144 de 162 países que carecen de ello en el mundo, un indicador del Instituto para la Economía y la Paz. El año pasado, estaba en el 138. Subió porque la tasa de impunidad en muertes dolosas empeoró en 24 de las 32 entidades del país. En Chihuahua, Morelos y Guerrero llegó al 89 por ciento.
    Con 95.6 muertes por cada 100 mil adolescentes de 15 a 19 años de edad, México se convirtió en el país con la tasa más alta de mortalidad infantil y adolescente, de acuerdo con el mapa de la violencia 2015 que el sociólogo y educador Julio Jacobo Waiselfisz produce desde 1998.
    ¿Qué hubo detrás de esta realidad? Analistas, ciudadanos y documentos confluyen en que la violencia es el precio que hoy se paga después de tres décadas de políticas enmarcadas en el sistema conocido como neoliberalismo, la corriente económica que desde los 70 planteó en América Latina la apertura comercial de los países con una gestión del Estado con menos facultades. Todos sus dictados provienen del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
    Y en México dicen los especialistas, se siguieron al pie de la letra, sin la menor búsqueda de equilibrio.
    “Es un precio muy alto”, exclama Erubiel Tirado, experto en Seguridad Nacional y Pública en la Universidad Iberoamericana.
        “No es que el neoliberalismo haya gestado los fenómenos de violencia presentes. Pero hay algo que sí ocasionó: la fortaleza del crimen internacional. Las fronteras se abrieron para todo el comercio, legal e ilegal”, remarca.    Abunda: “México no había fortificado su Estado de Derecho, a diferencia de países más pequeños como Nicaragua. El desarrollo institucional fue desigual. De modo que no hubo un compromiso para fortificar las estructuras de Seguridad y Defensa”.
    Una investigación basada en estadísticas oficiales del Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial arroja que hace 30 años, cuando el exPresidente Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), decidió seguir los lineamientos del FMI, el país era 240 veces menos peligroso. En otras palabras, cada año, el riesgo de habitar México se incrementó en ocho por ciento.
    Que México estaba envuelto en la violencia, después del neoliberalismo, fue advertido incluso por intelectuales. Por ejemplo, en 2009, el poeta Hugo Gutiérrez Vega (fallecido este año) recibió uno de varios homenajes por sus 75 años en Querétaro. La oportunidad la aprovechó para decir: “El fenómeno social y cultural de la violencia exacerbada que vive el país es consecuencia del neoliberalismo, un sistema esencialmente injusto, y deshumanizador que, pese a su poder en el mundo, está condenado a devorarse a sí mismo porque ha fracaso de manera rotunda”. Carlos Fuentes (fallecido en 2012) llamó a ese sistema en varios ensayos: “Ese ilustre moribundo que ocasiona tanta tragedia”.
    Erubiel Tirado, de la UIA, describe a la sociedad mexicana después del impulso neoliberal: “Hay mayores incentivos para no cumplir con la ley y no tener un régimen de democracia armónico. Se arrastra un rezago en las estructuras. No deseamos estar en el lado oscuro, pero los índices de insatisfacción con la democracia son muy altos. No hay satisfactores de desarrollo y eso nos convirtió en una sociedad iracunda al borde de ser violentos con cualquier cosa”
    En estos momentos, hay 36.8 millones de personas en el desempleo, lo que equivale al 71 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), estimada en 52.1 millones. Hacia Estados Unidos y Canadá, más de 300 mil hombres y mujeres toman la decisión de irse. El poder adquisitivo ha perdido 76 por ciento de su poder desde los ochenta.
    La desaceleración económica se encuentra en todas las gráficas al lado de expresiones de violencia que fueron de menos a más. Entre la administración de Lázaro Cárdenas del Río hasta 1983, cuando se inició la política neoliberal, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 6.1 por ciento anual. Después y hasta ahora, el PIB ha crecido a una tasa del 0.6 por ciento anual, según cifras históricas del Banco de México.
    El movimiento social paralelo a esa realidad económica que se deploró fue el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas en 1994, en el último año de Gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Según Carlos Antonio Aguirre Rojas, del UNAM: “El zapatismo está vigente. Sus parámetros y filosofía los ejercen cientos de indígenas”.
    Casi veinte años después, el Presidente Peña Nieto tomó posesión rodeado de un augurio en materia económica y paz social proveniente de Europa, desde los principales diarios que influyen a los inversionistas. El 24 de noviembre de 2012, el semanario británico The Economist consideró que la predicción maya sobre el fin del mundo no era un apocalipsis; sino un amanecer. Cuando a Peña Nieto le fue colocada la banda presidencial, el semanario reprodujo la imagen en su portada como “The Mexican Moment”. Financial Times, por su parte, publicó el mismo año que “el amor” de los inversionistas no serían los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China); sino México porque el nuevo gobierno impulsaría un andamiaje de reformas estructurales.
    Han transcurrido tres años de Gobierno peñista, las reformas en cinco ámbitos productivos están aprobadas; pero la economía no despunta. A la hora de explicar los nubarrones, especialistas como Gerardo Esquivel del Colmex, exponen que se debe a la disminución de las exportaciones y los ajustes del gasto público con los que la Secretaría de Hacienda reaccionó a la caída del precio del petróleo en el mundo.
    Cada vez hay más pobres en México. Los estudios por ingreso que toman como referencia el índice laboral de Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) arrojan que en los primeros tres meses del Gobierno de Enrique Peña Nieto se añadieron 3.6 millones de personas a la pobreza, en promedio 105 mil cada mes.
    En el origen de la tragedia aparece con recurrencia el salario. El reporte de investigación “México: Esclavitud moderna. Cae 78.71 por ciento el poder adquisitivo”, el último incremento al salario mínimo fue del 4.2 por ciento; es decir, 2.81 pesos diarios, bastaron sólo tres meses del 2015 para que quedara pulverizado dicho incremento, por lo que después del mes de marzo todo el aumento de los precios en los alimentos y servicios se acumulará a la pérdida del poder adquisitivo. Para ser más claros, entre el 16 de diciembre de 1987 y el 15 de abril de 2015, el precio de la Canasta Alimenticia Recomendable aumentó casi el cinco mil por ciento”.

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