POR QUÉ TRUMP III
He escrito en 10 ocasiones de Trump (Los Donald y las Águilas Calvas -21 de julio -; Donald Trump y Donald McDuck -23 de julio-; Donald dron -30 de julio-; Trump les da diarrea -31 de julio-; Trump les da pavor -3 de agosto-; Trump los empavorece I y II -28 y 29 de abril de 2016-; Por qué Trump I, II y III, -14, 15 y 16 de junio de 2016-.
Si usted ha tenido la amabilidad de leer estas opiniones tiene un panorama más diáfano sobre el asunto que millones de personas. Insistí en que no hay que dejarse engañar por los medios masivos de difusión –televisivos o impresos- respecto a Trump, quien ya ha puesto en ridículo a todos aquellos que le pronosticaban un gran fracaso y que lo denostaban repetidamente.
Trump conectó con las bases del Partido Republicano que se sentían abandonadas por sus dirigentes. Rechazan las guerras en países lejanos, los acuerdos de libre comercio, los recortes en el estado del bienestar y la apertura del país a los inmigrantes. Trump captó el malestar con una economía desigual que ha golpeado a la clase media, y el racismo latente en algunos sectores su país.
La gente sigue a Trump por la misma razón por la que decenas de millones de espectadores ven realities shows en tv: por la curiosa –y apocalíptica– glorificación de la mediocridad que aporta. Sus votantes reconocen su lenguaje porque se parece al suyo y admiran su riqueza porque se parece a la que desearían tener.
Hay otro factor: el dinero. La pasión por conseguirlo y la admiración por quien lo tiene. En el paraíso del capitalismo, la ostentación es un término sin connotaciones negativas. No hay otro elemento que defina mejor la esencia de mercader de EU. Los peregrinos llegaron al Este buscando libertad religiosa, pero conquistaron con violencia el Oeste buscando oro: dinero.
Religión, dinero, armas. Los tres pilares en los que se apoyó la fundación de EEUU son todavía los que definen su razón de ser y sus actitudes sociales e individuales.
Además, Trump no es solo un hombre de negocios; es también una figura del nuevo mundo del entretenimiento, que entiende, como ningún otro candidato, lo que su audiencia busca y cómo proporcionárselo, en tiempo real.
Una veta importante que ha encontrado Trump es la necesidad de transparencia que tiene el electorado norteamericano. Él ha adquirido la transparencia, la velocidad de reacción y la participación en la gran conversación global.
Después de muchos años de políticos que no se desvían nunca de sus mensajes pre-aprobados y políticamente correctos, Trump sube a escena y empieza a decir, en voz alta, cuanto se le pasa por la cabeza. Se ha mostrado auténtico. Esa postura, unida a su extraordinario manejo en tiempo real de los medios sociales (su cuenta de Twitter tenía 7.8 millones de seguidores y 31,800 tweets y ya pasó a 8.76 millones de seguidores a principios de mayo), lo ha convertido en un tsunami imposible de parar.
Su experiencia trasciende la política. Su mensaje político-ético asemeja al llamado evangelio de la prosperidad; el cristianismo que pregona Trump es de autoayuda. El éxito de Trump en las primarias republicanas proviene en gran medida del apoyo conferido por votantes de raíces cristianas evangélicas que ven resumidas en su ideología las bases de su pensamiento cristiano: él, republicano, defiende los intereses del colectivo evangélico.
Entre sus «maestros» en la fe, Trump ha reconocido al reverendo Norman Vincent Peale: Pastor en una de las iglesias de Manhattan -que Trump y familia frecuentan-; Peale es el autor, entre otros muchos libros, de El poder del pensamiento positivo (el cristianismo como un camino para obtener una vida «feliz, satisfactoria y útil»). Esa es la base sobre la que se sustenta el cristianismo de Trump -fe basada en la creencia en el individuo y en que se pueden conseguir metas a través de la fe-, discurso semejante al llamado evangelio de la prosperidad).
Trump en algunos actos ha aparecido con una Biblia (de la que se ha declarado seguidor) y se ha referido a los cristianos católicos como aquellos que confunden a la comunión con «el poco de vino» y «la pequeña galleta» que ingieren en los actos litúrgicos en los templos católicos.
Periodistas y medios de EE.UU. admiten haber hecho mal su trabajo en la cobertura de la campaña de Trump.
“Mal, mal, mal, hasta el final, lo hicimos mal”, reconocía en el The New York Times Jim Rutenberg en referencia a la cobertura periodística de la campaña de Donald Trump por la nominación republicana. Su artículo se titulaba “La carrera ha terminado y el periodismo ha perdido”.
Nate Cohn, también del The New York Times, dice: “Nunca sabremos lo equivocados que estábamos sobre Donald Trump”.
Dana Milbank, comentarista político del The Washington Post, escribió: “Hace siete meses dije que me comería mi columna entera, literalmente, papel de periódico y tinta, si Trump ganaba la nominación.” Milbank ha convocado a sus lectores a un restaurante donde el jueves se comerá, su columna publicada el 2 de octubre y titulada “Trump perderá o yo me comeré esta columna”.
Ese es el fenómeno Trump que politicastros del pri, pan y prd en México, quieren que usted no vea ni analice.