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La Verdad del Sureste

Pórtense bien


@UTufigno

 

De no ser por lo trágico que resulta, el multihomicidio (o el homicidio más 4 feminicidios) de la colonia Narvarte –en la Ciudad de México- tiene la mayor parte de los ingredientes de la llamada “novela negra”, en la cual la resolución del misterio no es el objetivo principal y algunos de los protagonistas son individuos en decadencia. Pero eso sí, tiene el elemento básico de toda novela negra: la violencia extrema como argumento central, en donde afloran la inseguridad, el miedo y la corrupción del poder político.
    Son protagonistas de esta infausta historia dos gobernantes en decadencia (el gobernador de Veracruz y el Jefe de Gobierno del DF), cuatro mujeres con perfiles e historias diferentes, un reportero gráfico y un presunto asesino, quien confesó haber robado pero no asesinado.
    El gobierno del priista Javier Duarte, sucesor de Fidel Herrera en Veracruz desde 2010, se ha caracterizado por tener una relación tirante con la prensa que le es adversa, así como por pretender acallar la libertad de expresión. Lo peor es que durante su gestión han sido asesinados 15 periodistas, cifra que coloca a Veracruz como el estado en donde los reporteros sufren el mayor número de agresiones físicas. Para completar el cuadro, los crímenes permanecen en la impunidad.
    No obstante lo anterior, en abril de 2013 la honorable Asociación Mexicana de Editores de Periódicos le entregó un premio al no menos honorable Javier Duarte por “su trabajo a favor de la libertad de expresión”. Seguramente esta generosa asociación ignoraba que tres meses después la Suprema Corte de Justicia declararía inconstitucional una disposición del Código Penal de Veracruz –reforma impulsada por Duarte- que sancionaba a quien “perturbe el orden” mediante el uso de redes sociales. Dicho en otras palabras, la “ley Duarte” atentaba abiertamente contra la libertad de expresión.
    Por su parte, el titular del Gobierno del Distrito Federal, cubierto bajo el manto de la indefinición política e ideológica, asumió su cargo luego de estar al frente de la Procuraduría General de Justicia del DF; por lo tanto, los intrincados vericuetos del trabajo ministerial no le son ajenos. Sin embargo, las elecciones de junio le sirvieron para darse cuenta que su desempeño está muy lejos de lo que la gente necesita y comprendió que debía hacer cambios, aunque su primer cambio fue en el área de Comunicación Social y para ello designó a Julián Andrade, periodista de “La Razón” (ojo con este detalle).  
    Era el amanecer de agosto cuando las redes sociales comenzaron a inundarse de una información que parecía extraída de una novela negra: un horrendo crimen había ocurrido en la Ciudad de México. Cinco personas habían sido ejecutadas al interior de un departamento.     
    Las víctimas, cuatro mujeres y un hombre, fueron torturadas y recibieron el “tiro de gracia”.
    La Procuraduría local tardó en emitir un comunicado oficial, pero cuando lo hizo inmediatamente recurrió a estigmatizar a las víctimas y a desviar la investigación hacia un simple robo con violencia. Y lo sigue haciendo gracias a las filtraciones que, casualmente, publica “La Razón”.
    La última canallada del medio (des)informativo consistió en decir que dos de las víctimas dieron positivo a exámenes toxicológicos practicados por los Servicios Periciales de la Procuraduría Capitalina. ¿Se trata de descalificar o de desviar la atención para proteger a algún “recomendado”? Porque en una de esas la versión oficial va a concluir que el “tiro de gracia” se lo dieron porque jugaban “ruleta rusa” bajo el influjo de alguna droga.
    Conforme han pasado los días, las locuaces informaciones iniciales tuvieron que ceder ante el peso de las incongruencias que las sostenían, de tal suerte que ni siquiera la confesión del único detenido resulta creíble.
    Dice que sí estuvo en el departamento pero porque él y otro tuvieron “relaciones sexuales consentidas” con dos de las víctimas. Sólo le faltó decir que les llevaron rosas rojas.
    Si el crimen se cometió al interior de un departamento, ¿acaso ningún vecino escuchó los gritos que debieron dar las personas previamente a ser asesinadas? ¿Tampoco nadie escuchó cinco disparos de arma de fuego? ¿Por qué cometer un asesinato de tal naturaleza? Si bien no debe desestimarse ninguna posibilidad, la primera línea de investigación, la que lleva a Veracruz, al gobernante que dijo “pórtense bien”, permanece intocada.

 

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