POSTAL DE CRONOS
SEGUNDAS PARTES NO SON BUENAS
*La mitomanía de Evaristo Hernández desinfla su campaña
Como en el cine, el priista Evaristo Hernández Cruz no sería una buena segunda parte como alcalde en el municipio de Centro. Fue un personaje que se caracterizó por sus afrentas personales contra Andrés Granier Melo, gobernador de su propio partido, y por su famoso ´dragón´. En su papel de niño caprichoso dentro del PRI y sus desavenencias hacia la personalidad del exgobernador que más daño ocasionó al estado de Tabasco dejándolo en la ruina, Hernández Cruz vio cómo su sueño de ocupar la silla gubernamental se esfumó ante las preferencias granieristas y los intereses de Benito Neme en 2012.
Aseguran algunos partidarios del ahora aspirante a la presidencia municipal de la capital tabasqueña, fue su incontrolable frivolidad la que terminó por sepultarlo cuando al no respetar los acuerdos cupulares del partido al que pertenece decidieron que los candidatos a la gubernatura de Tabasco y a la alcaldía fueran Chucho Alí y el consentido granierista Luis Felipe Graham Zapata. En un arranque de ira, Evaristo Hernández le recetó una mentada de madre monumental a Pedro Joaquín Coldwell, el entonces presidente nacional del PRI. Cuentan que ahora carga un terapeuta particular.
Evaristo Hernández sigue encaprichado y quiere demostrarle a sus correligionarios que él trae una superestructura política y que la gente lo respalda, sin embargo en la realidad, la euforia de su campaña rumbo a la alcaldía se ha ido mermando pues quienes asegura simpatizan con él lo están abandonando en apoyo al candidato perredista Gerardo Gaudiano, otros más se han ido al refugio madracista del PVEM.
Hernández Cruz carga demasiadas deudas que solventar y compromisos que cumplir con quienes han invertido grandes sumas de dinero y recursos en su campaña. Dice que no tiene dinero, pero es una manera de aumentar su “guardadito”.
Es notable cómo Evaristo Hernández aparece con una deslucida y desanimada voz cuando en un spot quiere hacer creer a los ciudadanos de Centro que él es ´un apasionado por la familia´. Es un Evaristo que no muestra su verdadera personalidad y que sólo basa su popularidad en el dragón, cuya calidad operativa y buenos resultados están en duda, pues la carpeta asfáltica extendida en su administración no tuvo la durabilidad requerida en las condiciones ambientales de la capital tabasqueña y colapsó apenas unos años después de su salida como alcalde. ¿El asfalto del dragón sólo tiene una durabilidad de un lustro? ¿Para eso quiere repetir?
Además es notable, como siempre, que la gente que acompaña al candidato priista es la misma, ésa a la que Evaristo Hernández paga un sueldo semanal para que lo acompañe en sus caminatas por las colonias populares de Villahermosa; la misma gente que le aplaude cuando toca a las puertas de los vecinos y los negocios, la misma que le echa porras y hace ruido para hacer creer a los ciudadanos que es el candidato de las preferencias electorales. Es decir, que a la vieja usanza priista se alquilan plañideras, en este caso no para llorar al muerto sino para levantar el ánimo y la confianza de su abanderado político.
Evaristo Hernández Cruz es de manufactura madracista, por lo tanto es hábil y sabe cómo desenvolverse políticamente; aunque en 2012 padeció los vicios del dedazo de su instituto político. No obtuvo las simpatías cupulares y estuvo a punto de cambiar el color de su camiseta, sin embargo hubo con qué aquietarlo y obligarlo a aceptar las decisiones de sus superiores: hizo de tripas corazón y se dijo institucional al respaldar a sus adversarios aunque en los hechos nunca apoyó las candidaturas de Chucho Alí y Luis Felipe Graham. Como su mentor, Roberto Madrazo, Evaristo Hernández no es más que un individuo que guarda rencores y sólo busca cobrar cuentas pendientes a sus enemigos políticos. Cree estar en el camino a la gubernatura en 2018, además quiere colocar a quienes favorecen económicamente su campaña en el cabildo municipal. Como bien se ha dicho y lo dicen en privado los empresarios que le aplauden en público: nunca segundas partes fueron buenas.