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La Verdad del Sureste

POSTAL DE CRONOS

Malos servidores públicos y los Calígula de la política


Es difícil detectar cuándo las personas en verdad reúnen un perfil idóneo y, sobre todo, una vocación real para convertirse en servidores públicos. En Tabasco hay una crisis recurrente de malos servidores públicos, desde lo más simple hasta lo más complejo. Tenemos, por ejemplo, a los consejeros electorales liderados por Maday Merino Damián, quienes demuestran con sus actitudes lo que no debe hacer un servidor público pues los salarios que devengan proceden del presupuesto obtenido a partir del impuesto ciudadano; entonces ¿por qué ese mal comportamiento hacia la ciudadanía y ese silencio de los consejeros que no hace más que alimentar la conciencia pública de meras suposiciones? Si estos personajes, que en todas formas están obligados a actuar de manera transparente, pues el puesto de árbitros electorales así lo amerita: ellos son promotores de la democracia, y no crear especulaciones es parte esencial de lo que promueven.
    Tenemos a los alcaldes y malos ejemplos podemos mencionar muchos: Pedro Landero (Nacajuca), Abenamar Acosta (Cárdenas), Tiófilo Ovando (Cunduacán), Humberto de los Santos Bertruy (Centro) y el polémico Víctor Manuel González Valerio (Macuspana). No son los únicos, claro.  No sabemos de dónde salen tantos personajes tan sui géneris. En el caso del alcalde de Macuspana, González Valerio, acumula más puntos negativos al incumplir con los compromisos prometidos en campaña electoral y además de hacerse el sordo con las recomendaciones de la CNDH por las violaciones a los derechos humanos de los ciudadanos que exigen juicio político contra su administración y su persona.
    Con la mala calidad de la obra pública que están realizando en cada uno de los municipios, el endeudamiento crónico que se ha convertido en el cuento de nunca acabar en todas las administraciones, abuso de poder, el nepotismo de algunos, el influyentismo de otros, la falta de cuentas claras de todos; se ganan a pulso el rechazo ciudadano aunque la consecuencia es que se desconfíe de los partidos políticos a los que pertenecen y a la política en general se le considere como lo peor que le puede estar sucediendo no sólo a Tabasco sino al país. La percepción negativa ya no sólo se la gana el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus franquicias, sino hasta los partidos de nueva creación. ¿Quién o quiénes son los responsables del retroceso en el que estamos inmersos?
¿Quién o qué determina cuál es la persona idónea para el servicio público? Observamos en la pasarela de los distintos gobiernos a gente que académicamente aparenta estar preparada, o que su “preparación” está exenta de toda ética;  y a los que a primera vista no tienen más preparación que la que dan las experiencias de la vida. De estos últimos a veces están los mejores servidores públicos; de los primeros, en su mayoría viven en la nube de la irrealidad que ofrece el prestigio de la publicidad del jet set o la clase náif, como dijera el maestro Ricardo Garibay.
    Y qué obtenemos de esa mayoría sino la falta de buenos resultados y la improductividad: de ahí el vicio burocrático de los que matan el tiempo a través de las redes sociales, del juego del solitario, hasta llegar al chismorreo barato para congraciarse con sus superiores, a los que, por supuesto les encanta perder el valioso tiempo del servicio público blofeando y exhibiéndose con bolsas del palacio de hierro o el último grito de la moda. ¿Y la otra realidad, la verdadera? Pues simplemente no les importa mientras que un trienio o sexenio les alcance para vivir bien, como decían  en el calderonismo. La realidad y sus problemas son asunto de discursos y eventos cívicos pero no de acción, es eso lo que nos dejan ver los servidores públicos sin vocación; ellos creen que las contrariedades las resolverá la publicidad.
    Sin embargo, hay servidores públicos anónimos y además los que se cuentan con los dedos de una mano, que poseen una actitud ejemplar y que por ello los ciudadanos los añoran. En anonimato están su cultura cívica y académica, impregnados de amabilidad y buen trato, humanismo, sensibilidad, comprensión, paciencia, respeto y efectividad. De este bajo perfil es donde los servidores públicos de alto nivel debieran tomar ejemplo y no caer en la evidente simulación. La gente está cansada de los abrazos y ese falso amiguismo que suelen dispensar los políticos en tiempos electorales. Nadie les cree. Pasadas las elecciones, ya en el puesto, y cada cual con su hueso a cuesta, el ciudadano es convertido en el enemigo público número uno. En viles Calígulas se transforman los servidores públicos.

 

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