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La Verdad del Sureste

POSTAL DE CRONOS

El extraño ambiente electoral y la desconfianza ciudadana



México vive quizás las elecciones más complejas de su historia, asimismo las más costosas a pesar la crisis económica en la que la alza de los productos de la canasta básica son casi un lujo para la población vulnerable que supera los 50 millones de pobres y una clase media que ve mermada su capacidad adquisitiva con un salario mínimo que nos asfixia.
    Pero la complejidad no sólo encierra estos factores, también privan la desconfianza hacia las instituciones como el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que tienen una confrontación por diferencias ajenas a su deber como árbitros colegiados, así como también a la falta de credibilidad hacia la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) y los institutos electorales estatales, que en conjunto han dado pie a que la ciudadanía rechace en cierta medida la veracidad de sus decisiones y como consecuencia, su autoridad en los resultados en los comicios de los 12 años en que algunos de éstos han desempeñado sus funciones.
Se suma a esta atmósfera enrarecida las coaliciones de partidos políticos en que el evidente pragmatismo ha disminuido y lastimado las ideologías que los hicieron nacer, y que sin tomar en cuenta a sus bases militantes, decidieron a través de acuerdos cupulares procrear varios monstruos como si el asesor doctrinario hubiera sido el mismo doctor Frankenstein. Y en este tenor, las mal llamadas candidaturas independientes que en el ánimo de interés de no quedarse fuera del poder político, algunos decidieron abandonar sus partidos y negarlos en repetidas ocasiones superando a Pedro haciendo lo propio con el propio Jesucristo.
    Para no variar el tema, el asunto rarificado en estas campañas que culminarán con la jornada del próximo 1 de julio, añadimos el caso de las encuestas que han mantenido una tendencia preferencial hacia el candidato de esa izquierda que podríamos calificar de utópica y atípica. Hablamos de este tipo de medición porque uno de sus padres, Roy Campos, las ha devaluado y desvalorizado a pesar de que en un breve artículo para la revista Proceso (edición especial 56) haya considerado que “Con las encuestas se determina cuáles ciudadanos están listos para tomar una decisión y qué les hace falta para tomarla”.
    Más que raro es sospechoso que en una máxima autoridad en el ámbito encuestador como Campos afirme que las encuestas no son definitorias en una elección, pero en caso de una “elección cerrada, aquí se tiene un elemento que puede mover el resultado”, resalta el encuestador; como en 2006 cuando Felipe Calderón obtuvo un reducido margen de ventaja ante López Obrador. Si las encuestas serias, ética y metodológicamente, nos informan y pueden ser un factor importante para la toma de decisiones para candidatos, ciudadanía, empresarios y hasta apostadores, ¿por qué decir que son sólo una crónica? ¿Son acaso un medio propagandístico que desinforma a quien las toma en cuenta?
    A lo anterior habría que preguntarse: ¿a qué temen los empresarios? ¿A qué obedece el llamado al voto útil del Ricardo Anaya, quien ocupa el segundo lugar si las encuestas no son fiables? ¿Por qué sí fueron fiables en las elecciones de 2006 y 2012? Por supuesto que hay encuestas cuchareadas como ya se han desmentido varias en esta contienda electoral, no podemos ser ajenos a ellas, no vivimos en un país que peca de inocente cuando sabemos que las hay a modo, tal y como el cliente la pida.
Entre el miedo, la inseguridad, el odio, el clasismo, la impunidad, el hartazgo, la falta de propuestas claras por parte de los presidenciables y un sinnúmero de cuestionamientos hacia la clase política y gobernante, los mexicanos enfrentamos un momento decisivo en que no podemos ni debemos titubear puesto que nuestro país se derrumba. Es difícil cuando la desinformación y la educación marginal han sido las premisas de nuestro pueblo en varias décadas desde que la Revolución mexicana no ha logrado más que institucionalizar la burocracia que instaurar una verdadera democracia.

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