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La Verdad del Sureste

El pueblo griego dijo ¡no!



En mi trabajo de hace quince días le dije que el pueblo griego tendría que ser el que decidiera los sacrificios que estaba dispuesto a hacer… y decidió. El pasado domingo acudió a las urnas y por una mayoría de 61.31 por ciento de los votos contra 38.69 por ciento, con una diferencia de 22.62 puntos, resolvió que no aceptaría las condiciones que los prestamistas mundiales pretendían imponerle como parte del programa de “rescate” que se prolongaría hasta el año 2054, o sea, pago a los acreedores mediante prestamos al endeudado para que abone (enredo de los financieros poderosos) y mediante el cual se le exigía al pueblo griego que realizara mayores sacrificios, tales como mayores descuentos a las pensiones de los jubilados, mayor cobro del impuesto al consumo y venta a particulares de bienes y empresas de la nación. Pues bien, los griegos dijeron tajantemente que no aceptaban esas condiciones.
    Debe destacarse que a muchos ardientes partidarios de la democracia por poco les da un infarto con los resultados del referéndum griego. Ahora que no les convinieron los resultados en las urnas, ya le vieron muchos defectos a la democracia, al hecho de dejar a la voluntad popular ciertas decisiones de gobierno. Al primer ministro Alexis Tsipras le llamaron cobarde, le dijeron que no quiere asumir sus responsabilidades, que le endosa al pueblo el desgaste que debería tener él, etc., etc. Me permito recomendar al respecto poner atención a todas las fallas y hasta aberraciones que ahora le hallan a la democracia los que la defienden y recomiendan cuando ganan, fijarse, por ejemplo, en las criticas del secretario general del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland (quien fue expulsado del jurado del Premio Nobel de la Paz por actos de corrupción) y en las del señor Mariano Rajoy de España que dijo que la consulta fue convocada “como instrumento de extorsión en lugar de un referéndum como elemento de clarificación política”.
    En fin, el pueblo griego decidió y decidió bien aunque no le hayan dado permiso, no obstante, es más que obvio que ello no significa que ahora todo será coser y cantar, los problemas derivados de una gigantesca deuda de 360 mil millones de euros, 32 mil por cada griego, son y seguirán siendo inmensos y eso lo saben los griegos. Si decidieron rechazar las condiciones que imponen los acreedores es porque mediante la unidad y la lucha de resistencia del pueblo se abren posibilidades reales de la carga sea menos pesada y menos duradera. Con ese decisivo respaldo popular, el gobierno de Alexis Tsipras propondrá nuevos acuerdos con los acreedores.
    ¿Los aceptarán? No se sabe todavía, la decisión de los gobernantes que representan a los prestamistas mundiales es, también, muy difícil ya que iniciar nuevas conversaciones con Grecia después del referéndum implica, en primer término, burlar sus propias decisiones pues ya habían declarado que estaba dicha la última palabra y no habría nuevas concesiones y, en segundo lugar y no menos importante, implica reconocerles a las decisiones de los pueblos un peso que ellos no están dispuestos a conceder, pues los intereses de los prestamistas no están sujetos a ningún plebiscito ni referéndum simplemente se imponen. Italia, Portugal, Irlanda y España están en condiciones similares y, sentado el precedente griego ¿qué pasaría si se contagiara la inquietud y sus pueblos exigieran también una consulta y a condiciones menos duras para pagar las deudas que contrajeron sus gobiernos?
La situación no es pues sencilla para los miembros prominentes de la Unión Europea que han asumido la representación de los banqueros, sobre todo si se toma en cuenta que no les conviene la salida de Grecia, ni del euro ni de la Unión europea y menos aún de la OTAN, tanto porque también puede cundir el mal ejemplo, como porque, aunque Grecia no sea económicamente un país poderoso, podría ser el inicio de un grave debilitamiento económico (el señor Jens Weidmann, presidente del banco central alemán, ha dicho que si Grecia abandona la unión monetaria, el Bundesbank no podría transferir al gobierno alemán 45 mil millones de euros que serían parte de sus ganancias). También, y no menos importante, se puede provocar un peligrosísimo mayor acercamiento con Rusia y con China (no olvidar que ya en 1967 la OTAN organizó un golpe de estado en Grecia para evitar que se acercara a la entonces URSS), la Unión Europea y Estados Unidos no están, pues, para enviar aliados a esos países que son, por decir lo menos, sus poderosos competidores en la venta de mercancías.
    Ello nos puede explicar la actitud de Francia y de los propios Estados Unidos que están presionando para que los prestamistas lleguen a un acuerdo con Grecia. En este sentido, el miércoles pasado, el periódico La Jornada publicó lo siguiente: “En medio de los encuentros de alto nivel, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se comunicó telefónicamente con Tsipras y Merkel e instó a las partes a lograr una solución que permita la permanencia de Atenas en la eurozona. El estadounidense también habló con el presidente de Francia, Francois Hollande, quien se pronunció por la permanencia de Grecia en la zona euro”.
    No sobra insistir en que las inmensas deudas que agobian a numerosos países tienen su origen y causa última en el hecho de que la inversión para generar ganancias en el mundo está frenada si no es que francamente paralizada, la humanidad tiene grandes necesidades insatisfechas, sí, pero al capital eso no le interesa, le obsesiona la demanda efectiva y el poder de compra es lo que falta en el mundo actual. Por esa razón, esperando supuestamente mejores tiempos, el capital sobrante ha ido a parar a los bancos y éstos tienen que prestarlo pase lo que pase, de ahí las inmensas e impagables deudas que se le imponen a personas y países. Los gobiernos no se endeudan para beneficio de los pueblos (como en Michoacán cuya inmensa e impagable deuda nunca ayudó a la mejoría del pueblo), se usan en rubros innecesarios, Grecia, por ejemplo, fue convertida por gobiernos conservadores al servicio de los intereses de los prestamistas, en el mayor importador de armas convencionales de Europa.
    Los griegos votaron ¡No! y respaldaron a su gobierno que tiene muchas posibilidades de obtener mejores condiciones para enfrentar la deuda que agobia a sus representados. ¿Lo logrará? Creo que sí. A los pueblos unidos -y un 61 por ciento es una mayoría suficiente- es muy difícil enfrentarlos y derrotarlos. Creo que los poderosos prestamistas mundiales le van a tener que bajar unas dos o tres rayitas al volumen con el que tratan a Grecia, gracias, insisto, a la determinación de su pueblo, nada más.

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