Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

¿A qué le tiras mexicano?


En estos casi siete meses de perseguir la noticia del proceso electoral Latinoamericano y Caribeño, en que apreciamos cuales son las fuerzas que se disputan el poder en los países en que hubo y habrá elecciones para presidente de la República, hemos podido constatar algunos criterios y posiciones      que colocan a la Región en ruta a un incremento de la dependencia de los imperios, en particular del estadounidense, que está empoderado de nuestras vidas y haciendas, activando sinergias con sus intereses en los eventos electorales que hemos vivido en estos tiempos.
     Como apreciamos en partes anteriores de esta serie, para lograr sus fines de dominación y control, el imperio del norte echa mano de todas las formas habidas y por haber, en veces utilizando grupos que mercenariamente se coaligan con los intereses transnacionales, ya sea porque son parte interna de los mismos o porque son pagados sus servicios. En las dos formas perjudican las características de la vida en común de las poblaciones, explotadas a más no poder en los recursos naturales inscritos en sus tierras –hidrocarburos, minerales, agua, explotación agropecuaria- generalmente con la complicidad de los órganos del poder local.
     José Luis Camacho afirma, ante el rechazo general de políticas radicales -que lindan en el fascismo- al presidente de E.U., Donald Trump tuvo que transigir e ir a una “orden ejecutiva” que impida la separación familiar de los migrantes detenidos en su frontera con México, cuya aplicación plena llevará tiempo y requerirá de tratamientos a padres e hijos para recuperarles, su estado psíquico, emocional y aún físico original, brutalmente alterado, de acuerdo a las imágenes conocidas.
     En casi dos años, Trump se convierte en uno de los líderes más odiados y repudiados de todos los tiempos, en el Planeta. En sus comunicados (twits) mañaneros, abre frentes constantemente: discusiones y diatribas hacia el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un; luego ataca a la Unión Europea (UE); critica al Primer Ministro Canadiense, Justin Trudeau (quien no se queda con los insultos).
     Nadie se salva de sus ataques tuiteros matutinos, que son habituales. Los mexicanos somos víctimas periódicas de su histeria bien encausada para sus intereses: el lunes el muro; el miércoles el TLCAN; cierra las semanas con insultos y apreciaciones injustas contra los migrantes –la mayoría centroamericanos y mexicanos- a quienes se dirige de manera soez y despectiva. Es un pragmático que expresa los sentimientos irracionales de una porción de su pueblo que confía en que, por ese camino, logre recuperar la grandeza de un imperio que va en picada.
    Para Latinoamérica y el Caribe no esperemos nada positivo del gobierno de Trump, que realiza solo acciones pragmáticas, apegadas a los intereses que el maneja para retornar capitales al torrente inversor en su territorio. Sería la oportunidad de recrear un bloque latinoamericano que le haga frente a Trump. Diego Valadés, expresó vía Twitter: “La diplomacia recomienda prudencia, pero cuando se trata de los derechos humanos de los niños, la prudencia puede ser cobardía. México debe retirar por unos días a su embajador en Washington y pedir a todas las democracias que hagan lo mismo”. Sin embargo, la respuesta del gobierno mexicano fue tardía y tibia.
     Luis Videgaray (Canciller mexicano) se refirió a la firma de la orden ejecutiva del mandatario estadounidense, afirmando que era “una buena noticia que el gobierno de EUA acabe con la cruel e inhumana separación de niños migrantes de sus padres”. De allí no pasa el actual gobierno, sus notas de respuesta a Trump son siempre mediatizadas y sin fuerza. La oportunidad de retomar el liderazgo ideológico, que México alguna vez tuvo en América Latina, está latente. Trump tiene aún fichas para jugar y acentuar la presión contra los migrantes y de ahí avanzar a otros temas que le alimenten los órganos de seguridad continental –que ya analizamos- extienden su actitud de gendarme y componedor de la atención a “sus derechos humanos”, por toda la Región.
    Tratando de entender y apoyar los dichos y determinaciones abruptas de Trump –que aún no tiene una respuesta colectiva de la Región- Javier Tolcachier nos recuerda como Wikipedia caracteriza la expresión “el fin justifica los medios” -injustamente atribuida a los jesuitas- anotada por Napoleón en la página final de un ejemplar de “El Príncipe” (Nicolás Maquiavelo) posiblemente esencia de su lectura analítica; si bien el precepto puede atribuirse al “filósofo político florentino” en atención al capítulo XVIII de su obra, en que expresa: “Dedíquese, pues, el príncipe a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si logra con acierto su fin, se tendrán por honrosos los medios conducentes al mismo”.
    Siglos después –afirma Tolcacher- en una también pragmática inversión de la máxima, los medios son llamados a justificar el fin, en este caso, los medios masivos de difusión. A través de ellos –propaganda e información sesgada, como sustento de la concepción Goebbeliana del uso de la mentira- y recurriendo a muy elaborados guiones de cinematografía, se ambiciona convencer a públicos acerca de: las bondades del sistema capitalista para preservar gobiernos espurios en nuestras repúblicas “bananeras” por determinación de las finanzas planetarias globalizadas; la cultura occidental por encima de los maravillosos desarrollos culturales nativos a los que se les yuxtaponen dioses, alimentos, música, ciencia y tecnología y demás; la necesidad y ¿religiosidad?  emprendidas en nombre de los derechos humanos, para solapar a una economía planetaria que brinca de concepciones acuñadas por sus economistas financieros neoliberales, hasta caer en el extractivismo, última y vigente etapa que se aplica en el Planeta y es cola de la teoría de la Dependencia nacida en la Región.
    Tales medios son propiedad de grupos económicos, monopolizando la dispersión de los mismos que concentran, de modo opresivo, las audiencias, decidiendo contenidos a mostrarse y los que no, ejecutando, impropia pero eficaz maniobra y condena informativa, evitando el libre ejercicio de la profesión periodística mediante la expulsión de sus filas a quien no milite ideológicamente en sus propósitos comerciales y políticos, abandonando obvios principios deontológicos. Estos son los regularmente usados para generar sentidos comunes previos a una agresión contra un país o dentro del mismo, presiones a la sociedad para que altere el sentido del voto –por ejemplo- dando oportunidad al manejo de la informática (algoritmos y otros). La satanización del contrario, la malévola caricaturización de diversos atributos, son métodos utilizados para causar aversión y hasta espanto en el público, ya sea para desviar su voto hacia sus agresores o provocar una revuelta sin bases de sustentación.  Como a la gallina, la embestida comunicacional es el desplumadero para reblandecer a la opinión pública, produciéndose una “matriz de aceptación”, que justificará el inmenso sufrimiento que traerá a su paso -por ejemplo- la devastación bélica como sucedió en Libia, Irak, Siria, añeja artimaña que se utiliza contra Venezuela. Como muralla preventiva y eficaz de paz, urge frenar el alud de desinformación que presagia conflicto y prepararse para salir al encuentro de sus derivaciones nefastas. Para las personas de buena voluntad se acepta que el fin no justifica de ninguna manera los medios, habrá que instituir la sentencia divergente: “Los medios no deben servir para justificar ningún fin”.
     En las elecciones realizadas en Colombia, Costa Rica, Cuba, Paraguay, Perú (2017) y Venezuela, así como en los fases avanzadas para Brasil y México, invariablemente se aprecia la “vigilancia” estadounidense, a través de sus órganos de control -que precisamos en la nota anterior- y la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA), que fuera calificada en su momento como el Ministerio de las Colonias estadounidenses. Quedan aún por resolverse los procesos electorales en Brasil y México.
     Nos dice Marina Menendez que “la suspensión de la vista que el martes debió analizar (en la 2ª Sala del Tribunal Supremo Federal (TSF) el pedido de libertad provisional para el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva, vuelve a proclamar no solo la ya sabida parcialidad de un sistema judicial que obra de mala fe en función de la política. La decisión vuelve a exhibir, además, las inconsecuencias y burlas jurídicas que, con tal fin, se cometen contra Lula, incluso desde el punto de vista meramente técnico”.
[email protected]

 

 

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más