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La Verdad del Sureste

¿Quién fue?


@UTufigno

Quien no haya jugado un partido medianamente serio de fútbol, no sabe lo que es “calentarse” por una mala decisión arbitral o por un empujón del adversario. Nos pueden decir mil veces que la cabeza hay que mantenerla fría durante el juego, pero la verdad es que no es tan fácil cuando uno recibe las patadas. En la cancha vi transformarse a varios amigos que, fuera de ella, eran seres pacíficos y hasta –diría- inofensivos. Pero más valía que el rival no les cometiera alguna infracción. ¿Qué desata esas pasiones ocultas? ¿La fidelidad a un credo deportivo? ¿El hecho de que por nuestras venas circula sangre y no atole?
    Pero como la adrenalina que se vive en el terreno de juego suele trasladarse a las tribunas, los estadios de fútbol profesional han implementado medidas para tener en zonas separadas a los simpatizantes de uno y otro bando; incluso, en partidos que se califican de “alto riesgo”, hay tiempos diferenciados para entrar y salir del estadio. Lo que debería ser un deporte y un espacio que permita la convivencia de las familias, puede convertirse en un campo de batalla en donde lo de menos es ser bañado por líquidos de dudosa procedencia (esto es tan común, aún en el festejo, que uno debe evitar llevar sus mejores prendas).   
    Y lo mismo ocurre en la arena política cuando se encuentran los grupos que defienden simpatías contrarias, bien sea porque están convencidos de que el adversario juega sucio o porque explícitamente fueron enviados a agredir.
    En la Ciudad de México, dentro de la pelea por los puestos de elección popular en la Delegación Cuajimalpa, ocurrió un violento choque entre brigadistas del PRI y del PRD que dejó, al menos, una veintena de lesionados, varios vehículos daños y ningún detenido. Como era de esperarse, los equipos de los candidatos se culpan mutuamente del enfrentamiento en el que Adrián Rubalcava, ex Delegado en Cuajimalpa por el PRI y ex perredista, sufrió una aparatosa herida en la frente que no tuvo mayores consecuencias.
    Que choquen grupos de militantes o que algún candidato sea agredido durante la efervescencia electoral no es nada nuevo, pero es prácticamente inevitable. Así le ocurrió a Ernesto Zedillo durante las campañas presidenciales de 1994, cuando el vehículo que lo transportaba -para un acto en la UNAM- fue recibido a palos y golpes; menos violento y más anecdótico fue la bienvenida que en la misma casa de estudios le dieron a Diego Fernández de Cevallos: la encarnación de Hernán Cortés recibió una lluvia de huevazos lanzados por fuerzas oscuras.
    Sin que sea lo deseable, hechos como los anteriormente narrados caen dentro del terreno de lo posible como consecuencia de la intensidad de las campañas de los partidos y candidatos. Por eso un líder político con un mínimo de responsabilidad debe hacer continuos llamados a sus seguidores para “no caer en las provocaciones de los adversarios”. Aunque a veces es muy difícil mantener la serenidad. Pero también ocurre que, en ocasiones, ciertos hechos no obedecen a la lógica del “calentamiento” de la contienda electoral.
    La mañana del cinco de mayo un grupo de al menos cuatro sujetos armados irrumpió en las oficinas de MORENA en el estratégico municipio de Comalcalco. El propósito aparente de los agresores era robar en las oficinas del instituto político, pero lo que buscaron –y se llevaron- fue material electoral, registros de militantes y bases de datos. ¿Acaso esta información es útil para la delincuencia común? ¿Cuánto podrían obtener por la venta de dichos materiales? O más bien, ¿a quién podrían venderle esos datos?
    Si de por sí es grave el ataque a las oficinas de MORENA por las inevitables implicaciones políticas que podrían apuntar a un acto de intimidación en contra del partido que se estrena en la contienda formal, la muerte de una persona a consecuencia de los disparos hechos por los agresores durante su huida obliga a la Procuraduría de Tabasco a realizar una investigación a fondo. En el supuesto de que la autoridad ministerial llegara a dar con los responsables, no me extrañaría que éstos tuvieran vínculos con algún partido o candidato, uno de esos que han vivido de, por y para la corrupción.

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