¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS? Omar Carreón Abud
¿Cómo se llamaron en vida, a quiénes pertenecieron los cuerpos que fueron a tirar en el municipio de Ixtapaluca con el propósito de amenazar a la Presidenta Municipal, Maricela Serrano Hernández, y a todos sus compañeros antorchistas que le exigen al gobernador Eruviel Ávila que cumpla sus compromisos firmados? Porque, afortunadamente, los tres restos no eran ni de familiares ni de amigos ni de antorchistas ni de nadie que fuera conocido por los cientos de miles de amenazados con los mensajes siguientes: P rimero: “Esto es para toda la gente que apoya a Maricela en especial coman rg GIP y toda la griya antorchista Att F.M.”
Y segundo: “Esto va dirigido para «Maricela» Serrano y para sus antorchistas de la seis de junio, a los policías municipales, estatales y en especial para las unidades de GIP y a los caballeros que vengan a recoger su basura Atte La familia michoacana”. N o se necesita haber cursado un doctorado en derecho o en criminología ni ser muy inteligente para que cuando alguien recibe una amenaza o un daño en su persona o en sus bienes, el interesado en encontrar al autor se pregunte y cuestione: ¿Quién podría tener motivos para hacerle daño a la víctima?
¿Tenía problemas con alguien? En el caso que me ocupa, ¿qué problemas podría tener el ayuntamiento de Ixtapaluca, más aún, los “antorchistas de la seis de junio”, los modestos habitantes de una colonia popular, con “La Familia michoacana”? Ninguno, absolutamente ninguno; se trata de dos mundos, de dos universos totalmente diferentes que, como las líneas paralelas de Euclides, no se intersectan en ningún punto por mucho que se avance o se retroceda en su trayectoria.
¿Entonces? Pues el primer (¿y único?) sospechoso es el gobierno de Eruviel Ávila que, precisamente, porque el antorchismo mexiquense le ha estado exigiendo que cumpla sus compromisos firmados en el sentido de reconocer y dejar trabajar en paz a centenares de transportistas que se quieren sacudir el yugo explotador y tiránico de Áxel García Aguilera (un vil testaferro de poderosos políticos y empresarios mexiquenses que son a quienes verdaderamente protege el gobierno de Eruviel Ávila), la ha emprendido en contra de los municipios gobernados por antorchistas, en contra de Chimalhuacán e Ixtapaluca, municipios a quienes retiene, retrasa y boicotea todo lo que puede sus participaciones y presupuestos.
Hasta el momento se han documentado también –aparte de las financieras- más de cincuenta agresiones de todo tipo en contra de los antorchistas mexiquenses, y, en particular, en contra del gobierno de Maricela Serrano en Ixtapaluca y nadie, ningún órgano de la investigación e impartición de la justicia pronta y expedita, descubre y menos castiga nunca nada, absolutamente nada; estamos ante un Estado mafioso. D os cuerpos tirados el 12 de septiembre y uno más el 19 con sendos letreros amenazantes, supuestamente escritos por un casi analfabeto que escribe griya con ye, pero prefiere el “seis” al 6, aunque tenga un poco de mayor dificultad y –no obstante las supuestas prisas- tome más tiempo.
¿Fueron muertos ex profeso sólo para arrojarlos en donde los vieran los antorchistas? ¿Se están cometiendo crímenes para que el Estado haga la tarea de proteger a los criminales organizados del transporte mexiquense? O ¿solamente se usaron “no identificados” del forense para esos fines? No creo que nunca se sepa. El caso es que el gobierno de Eruviel Ávila se niega en redondo a cumplir los compromisos que ya firmó con los transportistas y ahora les tiene secuestrados más de 150 camiones “por ilegales” y les impide trabajar. P or todo ello, los valientes y combativos antorchistas mexiquenses y sus dirigentes, que son orgullo del antorchismo nacional, el martes pasado establecieron en la Plaza de los Mártires de Toluca un plantón indefinido exigiendo un alto definitivo a las agresiones que, como se ve, son cada vez más peligrosas y cínicas, así como el cumplimiento de los compromisos firmados.
Los antorchistas de todo el país somos un solo hombre y perseguimos un solo ideal, estamos férreamente unidos y vamos a luchar hasta el límite de nuestras fuerzas al lado de nuestros compañeros mexiquenses. No lo digo para información de los gobernantes mexiquenses, ellos tienen muchos años de conocernos y saben que lo dicho es absolutamente cierto; lo digo para el pueblo trabajador, para las decenas de millones que están hartos de abusos y chicanas, para que tengan presente que hay mexicanos que luchan consecuentemente por una patria más justa y más equitativa y que cuando hacen un compromiso con los desamparados, lo cumplen, cueste lo que cueste. P ero falta algo. Hace unas semanas me preguntaba en este mismo espacio a qué se atienen los políticos que tratan al pueblo de esta manera, a qué se atienen los que hasta firman y no cumplen, los que no escuchan, los que reprimen, y decía que una posible respuesta es que sigan confiando en que la publicidad es todopoderosa, que puede cambiar la conciencia de los pueblos y transformar para siempre a un enemigo del pueblo en un Benemérito o en un Padre de la patria.
Ahora que me entero de que a los niños de las primarias del estado de México se les obligó a mirar por televisión el Segundo Informe de Gobierno de Eruviel Ávila (¿no será delito de maltrato infantil?) para “construir identidad y conciencia social”, me confirmo en ello. Y la pregunta sobre los efectos históricos de la propaganda sigue en pie: ¿Es posible que exista algún mexicano –exceptuando empleados de gobierno- que esté convencido de que Eruviel Ávila quedará registrado para siempre en la mente del pueblo de México como constructor de conciencia social? Queda la pregunta; y queda la exigencia apremiante de saber quienes son los muertos, quién los mató y por qué, quiénes fueron, pues, las víctimas inocentes de la guerra sucia del Estado en contra de las exigencias populares.