LA REVISTA BUZOS, QUINCE AÑOS DE PERIODISMO EDUCATIVO
La libertad de expresión existe, pero las más de las veces sólo en el papel. Las leyes la protegen, cierto, y consagran a todo mexicano el derecho a expresar libremente sus opiniones, pero, como en todo, existen contradicciones, y en este caso el capital conculca ese derecho a través del poder del dinero, que compra voluntades. Por eso el ejercicio de la libertad de prensa resulta difícil, incluso riesgoso, sobre todo cuando se lucha desde abajo, cuando un medio no tiene padrinos poderosos, funcionarios encumbrados que le brinden financiamiento y protección; pero esta “ayuda” gubernamental resulta perniciosa y termina siendo pan con navajas, haciendo dependientes a los medios, que quedan así condenados a la censura, o a la autocensura, más abyecta aún. Y en un ambiente adverso, enfrentados a todo el aparato de poder económico y político, nacen periódicos y revistas que buscan reivindicar el derecho del pueblo a estar informado, a comprender su realidad, a conocer de los asuntos públicos; lamentablemente, muchos de esos intentos terminan a la postre comprados y cooptados, conservando sólo el estilo y la apariencia; otros hay que pretenden mantener a flote su carácter crítico y su apego a la verdad, que terminan en quiebra; pero algunos sobreviven, contra viento y marea, y dignifican el oficio periodístico, desde sus directivos hasta el más humilde reportero; a ese tipo de periodismo digno pertenece la revista Buzos de la Noticia, que en este 2015 cumple 15 años de esfuerzo ininterrumpido defendiendo la verdad con energía y dedicación.
Quince años hace ya que fue lanzado este proyecto editorial. Quince años, se dice fácil, pero cuando hablamos de un esfuerzo periodístico todo es más difícil, sobre todo si consideramos que Buzos ha debido nadar contracorriente, enfrentando las tendencias predominantes en el periodismo mexicano.
Lamentablemente, un amplio sector de los medios ha sido subyugado por el poder y se dedica a defender al capital, a la gran empresa y a los políticos de alto coturno, elogiando y endiosando a funcionarios, así sean los más indignos, atribuyéndoles virtudes que ni de lejos poseen y ocultando diligentemente sus trapacerías. Una tarea a la que con saña singular se aplican muchos medios es a combatir la libertad de manifestación, atacando a quienes buscan organizar a la sociedad, sobre todo a los más indefensos, y enseñarles a reclamar sus derechos. Insultan y persiguen, en ejercicio de una viciada concepción de la libertad de prensa, convertida, en la práctica, en libertad de difamación; apoyan sus dichos en misteriosos e inexistentes “informantes anónimos”, en “fuentes que no pueden ser reveladas por razones de seguridad”, etcétera, para justificar cualquier infamia que venga a su imaginación, y cuando algún afectado por la calumnia tiene la osadía de protestar y exigir pruebas, los periodistas que se dedican a ese oficio claman al cielo llamándose perseguidos y quejándose de ¡violación a la libertad de prensa! Ay de aquél que pretenda inconformarse por una difamación, porque será puesto en la picota como enemigo de la libertad de prensa.
Y esta tarea la realizan desde los pasquines hasta los divos, y divas, de los grandes canales de televisión, que desde sus elevados púlpitos lanzan anatemas, por ejemplo, contra humildes colonos o campesinos que se atreven a salir a las calles a demandar elementales servicios públicos.
Es la mexicana, igualmente, salvo excepciones honrosas, una prensa ocupada fundamentalmente en recoger “declaraciones”, consignando acríticamente lo declarado por funcionarios públicos, empresarios u otras celebridades, sin el menor esfuerzo por discernir entre verdad o mentira, o para contextualizar y dimensionar el contenido de discursos y declaraciones oficiales; simplemente nos quedamos todos con la nota escueta de que alguien “dijo” tal o cual cosa, sin importar que lo dicho sea una total aberración, sin sustento real alguno. Asimismo, con demasiada frecuencia, y en esto destaca por sus grandes méritos la televisión, se crean ídolos de barro, tanto en el mundo de la farándula como en la política o la intelectualidad; como decía el antiguo comercial, hacen de cualquier cubeta una lavadora automática. Gracias a “un buen manejo de imagen” y a la colaboración obsecuente de medios debidamente pagados, políticos menores y sin mérito alguno son convertidos de la noche a la mañana en ídolos, inteligentes, importantes, verdaderos dechados de virtudes, cuyos “servicios” son, en suma, indispensables para la buena marcha de la nación.
Y de igual forma que se les da vida desde las más altas esferas del poder, cuando ya no sirven a sus intereses, se les acaba de un plumazo, convirtiéndolos en basura social. Así, igual crean y destruyen ídolos.
En este contexto, resulta verdaderamente indispensable, como un bien público de primera necesidad, un periodismo de investigación, analítico (me atrevería a decir que guiado por un espíritu científico), que busque con verdadero rigor la causa real de las cosas y revele valientemente los intereses ocultos tras los acontecimientos sociales y haga prevalecer la verdad, oculta tras la apariencia; que vaya más allá de las superficies y busque en el fondo de las cosas. Ciertamente, defender la verdad tiene su costo, como muestra la historia en la experiencia de Giordano Bruno, Galileo Galilei, Cervantes y tantos y tantos más, pero es una labor muy digna y plena de satisfacciones.
En conclusión, medios como Buzos, y otros más que honran el trabajo periodístico, son indispensables para la información y educación de nuestra sociedad. Pero esta revista tiene además la virtud de que no escribe para élites ilustradas, sino para el gran público, para hacerse entender lo mismo por el profesionista que por el estudiante, el campesino y el obrero, el colono o el ama de casa. Su labor es verdaderamente invaluable para al progreso social, pues un pueblo que desconoce su realidad, que vive con la mente enturbiada por prejuicios e información distorsionada sobre el acontecer en su entorno más inmediato hasta en el país y el mundo, en tales condiciones no puede orientarse en la maraña de intereses que dominan a la política y la economía y es, por ende, incapaz de liberarse de ella. Nadie puede transformar lo que no conoce.
Y no basta describir: es menester explicar los hechos. Así que por el ingente esfuerzo de tres lustros de periodismo tenaz, honrado y valiente, mi más cálida felicitación a quienes hacen posible este modesto pero digno esfuerzo en esta casa de periodismo educativo que se llama Buzos de la Noticia, y que, seguramente, seguirá conquistando la simpatía y el respeto de más mexicanos y en un futuro tendrá una influencia mayor en la vida nacional. Por lo pronto, como dijo Blanco Belmonte: “hay que vivir sembrando, siempre sembrando”; sí, sembrando ideas, educación y esperanza en un mundo mejor.