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La Verdad del Sureste

Rezago regional: estado autoritario e izquierda conservadora


* Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics,
integrante del Sistema Nacional de Investigadores.
Profesor, investigador y Director de la División de Ciencias
Económico Administrativas de la UACH

Se ha convertido en algo convencional que tenemos dos méxicos: uno más desarrollado, en el norte, obviamente con bolsones de pobreza y marginación escandalosos, como la Tarahumara o la sierra de Nayarit; y, en contraste, el México marginado, en el sur, sureste y parte del centro, junto a islas de desarrollo capitalista, como Santa Fe, regiones de Querétaro o Guanajuato. Las dos grandes regiones quedan diferenciadas por indicadores de desarrollo contrastantes. Según el INEA, los estados con mayor rezago educativo total son, en ese orden: Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca. En el Índice de Desarrollo Humano (IDH), los más rezagados son: Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Michoacán. En desarrollo agrícola, en buena parte del país, sobre todo en el 80 por ciento del territorio, que es montañoso o de topografía irregular (y que coincide en buena medida con las entidades mencionadas), o en el 60 por ciento árido o semiárido, la agricultura es todavía de temporal, y en buena parte se emplea aún la tracción animal, principalmente yuntas de bueyes, o la coa para sembrar, lo cual contrasta con zonas de muy alta tecnología, como El Bajío. Pero ambas realidades no están separadas: el escaso desarrollo de las regiones y estados pobres ha sido históricamente fuente de mano de obra barata para la industrialización, y en nuestros días para actividades de alto desarrollo en los valles agrícolas tecnificados de Sinaloa, Sonora y Baja California.
    La razón del contraste señalado es que el capitalismo se ha desarrollado desigualmente, en medida, profundidad y velocidad, dependiendo de las circunstancias de su gestación. En regiones del sur y sureste, la Revolución mexicana tardó en penetrar o lo hizo superficialmente, permitiendo así la supervivencia de formas precapitalistas de producción y organización social, con las consecuentes implicaciones tecnológicas e incluso en la vida política. En regiones aisladas, formas de organización semifeudales tardan aún en desaparecer, o frenan el desarrollo capitalista, ocasionando que ahí a las calamidades inmanentes al capitalismo se agreguen los atavismos de otros tiempos; por ejemplo, en algunas regiones aún se aplican castigos corporales a los trabajadores. No es casual que, precisamente, Guerrero, Oaxaca y Michoacán figuren entre los estados con los mayores índices de violencia, aparejados con un tremendo autoritarismo gubernamental, donde la famosa democracia brilla por su ausencia; y es que el atraso económico no combina con la democracia; ésta no puede prosperar en zonas aisladas sometidas a unas cuantas familias locales que controlan la economía municipal, escuelas y servicios médicos (por ejemplo, caciques que tienen el control exclusivo del suero antialacránico), etc. En una palabra, al monopolio económico corresponde el monopolio político.
    Frente a esta realidad regional que divide al país, no deja de sorprender el atraso con que abordan el problema varios ideólogos afamados y agrupaciones políticas identificados con lo que tradicionalmente se denomina “izquierda”, pretendidamente progresista y revolucionaria, pero que en la práctica asume un alarmante conservadurismo frente a ciertos usos y costumbres que afectan a los pueblos mismos. En lugar de sumarse al progreso y ayudar a superar el ancestral atraso, muchos falsos líderes hunden más a los campesinos, como los “gestores”, más bien vivales, expertos en “bajar” proyectos, no en beneficio de los campesinos, sino de los habilidosos especialistas en ordeñar las finanzas públicas. Asimismo, frenan el desarrollo rural quienes aplican la política parcial de reclamar más subsidios sin atender su calidad, por ejemplo, su control por caciques locales que administran los “apoyos”, o sin pensar estratégicamente en qué rubros o con qué visión de cambio deben aplicarse los recursos para convertirlos en verdadero detonante del desarrollo; dejan de lado que el campo requiere de instrucción, fomento a la ciencia y la tecnología, infraestructura, universidades y más cultura.
    Pero más que promover la educación, la frenan, con lo que a los pueblos marginados les llueve sobre mojado. En ciertas escuelas se fomenta el caos para que luego el Estado las desaparezca (recuérdese el caso de El Mexe en el Valle del Mezquital, Hidalgo). Y si ya en los estados marginados la educación está deprimida, ahora la CNTE deja por meses sin escuela a los niños de Oaxaca, Guerrero o Michoacán, preservando así el atraso. La calidad de la enseñanza es condición fundamental de desarrollo, pero los profesores de la CNTE se oponen a las escuelas de tiempo completo, como en Michoacán, o a la evaluación educativa como en Oaxaca y Guerrero, lo cual nada tiene de progresista.
    Tal política es perniciosa, aunque se la disfrace de revolucionaria. Para fomentar el desarrollo debe mejorarse la calidad en la enseñanza básica e introducir en regiones marginadas más centros de estudios universitarios, para llevar las luces de la educación como salida a la profunda marginación que ahí se vive y a la violencia que genera. No sólo escuelas técnicas que preparen mano de obra calificada, sino instituciones donde se fomente el humanismo y la elevación espiritual. Mientras se prive al pueblo de formación estética, filosófica y científica, el atraso perdurará. Asimismo, el régimen fiscal debe reorganizarse para operar como mecanismo redistributivo que reduzca la disparidad y promueva la equidad entre regiones, mediante la recaudación de más recursos en estados prósperos para fomentar el progreso en entidades y regiones atrasadas; o bien, una parte considerable de los ingresos petroleros deben destinarse a tal efecto. Es apremiante promover la infraestructura carretera para comunicar con rapidez y seguridad regiones aisladas, como la Huasteca hidalguense y la ciudad capital del estado, o la Costa con los valles centrales de Oaxaca; lamentablemente, todo indica que caminamos en sentido opuesto, pues este año, por la caída en los precios del petróleo, dejarán de remodelarse o construirse 37 carreteras por la reducción del presupuesto en 4 mil millones en ese rubro. El aislamiento es un factor de atraso, como lo probó la Edad Media; de atraso cultural, político y de fragmentación de mercados; la comunicación, en cambio, integra, cohesiona a las naciones y amplía su cultura. En términos institucionales, se impone hacer respetar en todos los rincones del territorio la ley, el salario mínimo y la justicia, y promover una auténtica vida democrática aun en los municipios rurales más marginados, combatiendo el régimen caciquil, resabio feudal, y sus métodos violentos de control. Necesitamos, en una palabra, terminar con el México bárbaro que subsiste en amplias regiones de la geografía nacional, para superar los atavismos que aún nos lastran; para ello se requiere un vigoroso desarrollo capitalista, como el que aplican hoy exitosamente Rusia y China. En igual sentido, debe cambiarse la política que pretende combatir el desorden y la violencia social con más violencia; definitivamente no es la solución, y sólo contribuye a ahondar la espiral de violencia. En resumen, una izquierda conservadora, el abandono de la ley y el privilegio de la fuerza como recurso oficial ahondan la marginación regional.   

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