S-11: UNA DE CAL POR DECENAS DE ARENA
Asistí a la ceremonia de homenaje a los que por décadas hemos denominado Niños Héroes, gesta heroica donde fueran masacrados jóvenes –de 18 y 20 años- y niños –de 14 años- en el Alcázar de Chapultepec los días 12 y 13 de septiembre de 1847 por el ejército invasor de Estados Unidos. Asesinaron 6 y al Coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, hirieron a otros aunque participaron en la batalla 46 cadetes y apresaron, entre otros al General Coronel Mariano Monterde, Director del Colegio.
Fue una ceremonia muy vistosa de aquella masacre de hace 168 años. El orador oficial, un conspicuo militar, se refirió al ejército invasor; habló de tropas invasoras y de fuerzas armadas enemigas. Para luego saltar en su perorata a afirmar que hoy los enemigos de México son otros: los mexicanos que no tienen valores, los delincuentes, los violentos. Esperé todo su discurso y nunca se refirió a quién era aquel ejército invasor del 13 de septiembre que se conmemoraba, nunca habló de que país eran aquellas tropas asesinas de esos adolescentes y niños, nunca dijo qué gobierno nos había hecho la guerra y por qué.
Esa es la técnica del olvido que aplican el sistema neoliberal para derruir el nacionalismo y el patriotismo nacional: olviden, sustituyan su historia. Esa es la estrategia del imperio para que olvidemos que, siempre, Estados Unidos ha sido nuestro enemigo, les guste o no les guste admitirlo a los gobernantes apátridas. Y más apátridas al operar con toda intención el borrar de la historia patria las invasiones que el gobierno de los estados Unidos ha perpetrado contra México.
En aquella gesta, los asesinos fueron los miembros del ejército de Estados Unidos; ya en 1847 habían invadido con sus tropas México y se apoderaron de San francisco –parte del territorio nacional-, y financiaron y propiciaron la inmigración ilegal de miembros de la Iglesia Mormona al Lago Salado que pertenecía al territorio mexicano de Nuevo México en 1846 y que posteriormente se convirtió en el territorio de Utah, invadieron el territorio nacional y tomaron las ciudades de Monterrey y la Ciudad de México; tomaron Veracruz.
Al final el gobierno invasor de EU se quedó con Texas, territorio que separaron de Coahuila, con California, Arizona y Nuevo México. La frontera, la corrieron de donde estaba, de la rivera del Rio Nueces hasta la del Rio Bravo y se quedaron con todo ese territorio; es decir, nos invadieron y nos despojaron de ese territorio que era de México. Y desde esa fecha hay gobernantes traidores, que copian a Antonio López de Santanna que vendió parte del territorio para dedicarse a fumar mariguana en su rancho de doce leguas Manga de Clavo –en lo que hoy es el municipio de Vargas, Veracruz- hasta donde llegó el ejército invasor del buen vecino a incendiárselo.
No es nada más el enemigo el mexicano delincuente, principalmente lo es y lo ha sido el gobierno de EU y la rapaz casta de facinerosos que compone su cúpula gobernante y financiera.
Y ese día recordé también otro 11 de septiembre; aquel donde el ejército chileno, financiado y asesorado por el gobierno de Estados Unidos asesinara al Presidente chileno Salvador Allende (Gossens) para imponer a una dictadura militar compuesta por los militares egresados de la Sur Universidad para Militares –universidad para militares de donde han egresado todos los militares golpistas de América Latina, financiada por la CIA y Estados Unidos-. La Armada, la Fuerza Aérea, el Ejército y los Carabineros de Chile, todos ellos recibieron financiamiento y asesoría directa del Gobierno de EU para derrocar a Salvador Allende y desatar un centena de miles de asesinatos en ese país y dejar un saldo de más de 6 mil desaparecidos.
Y hoy, ese gobierno represor y asesino que encarna la bajeza, y que es la materialización de crímenes de lesa humanidad, llora como plañideras y ha construido un gran mito mediático de su 11-S; un acto donde ya está demostrado que el gobierno mismo de Estados Unidos se autosaboteó para justificar una “guerra contra el terrorismo” y perseguir a su ex socio Osama Bin Laden.
Un 11 de septiembre que en nada borra los otros días de septiembre donde los gobiernos asesinos de EU y sus tropas invasoras y verdaderamente criminales y enemigas han perpetrado asesinatos al por mayor; un día donde no hay pruebas de que hubiese muerto alguien, aunque si de que derruyeron dos torres viejas y desocupadas. No nos condolemos de ellos; si nos dolemos y condolemos de aquellos adolescentes y niños asesinados en Chapultepec en 1847 y de las miles de personas asesinadas en Chile en 1973 y los más de 600 mil seres humanos desaparecidos. Sus Torrecitas Gemelas son una de cal por centenas de arena.