S-26: A UN AÑO, AYOTZINAPA SIN VERDAD
LOS VOLVO COMO “MULAS” Y LAS TUMBAS DE “PRUEBAS”
Un año ha pasado desde el secuestro de 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero y no puede decirse que las noticias acerca de ellos son definitivas. El insensible Peña, ha pedido a los padres "superar el dolor de la pérdida" y ha cambiado a politicastros en la cabeza de su dependencia a cargo de la investigación, para finalmente llegar a ocultar más la verdad.
Las madres y los padres de los estudiantes de secundaria desaparecidos, ni la mayoría de los mexicanos, creemos la versión oficial de que los jóvenes habían sido secuestrados, asesinados y cremados la misma noche del 26 de septiembre de 2014, y cuando hablamos de ellos, siempre utilizamos el tiempo presente.
Bernardo Campos, por ejemplo, es padre un poco entrado en años. La huelga de hambre que realiza en la víspera del aniversario de la desaparición forzada de su hijo, ya le entrecorta su respiración pero alcanza a decir: "Cuando vuelva a ver a José Ángel le diré que esta historia no debe ser una excusa para dejar de estudiar.» Su hijo que fue capturado vivo y lo quiere de vuelta con vida, estaba a punto de obtener el título de maestro normalista en la Normal de Ayotzinapa y, al igual que todos los demás miembros, participó en las actividades de una escuela que, por disidente y congruencia histórica ha sido oficialmente criticada y satanizada por sus métodos a los que el statu quo denomina radicales –y por ello el gobierno federal busca cerrar todas las normales rurales-.
Los políticos y los «narcos»
De acuerdo con la mentirosa versión del gobierno –a la que los incompetentes y cómplices de la Procuraduría denominan “investigación inicial” y pauta de la acusación, la noche del viernes de hace un año, José Ángel y docenas de otros normalistas, se encontraban haciendo panfletos en las calles de la ciudad de Iguala, Guerrero, a 250 kilómetros de Ayotzinapa. Cuando el grupo se apoderó de 4 autobuses en la estación local de pasajeros, el alcalde José Abarca –amigo de Peña- creyó que querían llegar a un informe de su esposa y armarle una protesta, y que por ese baladí motivo ordenó la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes.
Según los fantasiosos teóricos de la Procuraduría, él dio órdenes a la policía y a la banda de narcotraficantes ‹Guerreros Unidos›, para bloquear a cualquier precio la supuesta “protesta” de los jóvenes estudiantes. Después de una cacería humana durante la noche, los agentes y hombres armados miembros de la banda delincuencial (como lo había hecho con frecuencia contra la demás población y la sociedad), interceptaron a los jóvenes, mataron a 3 personas, hirieron a 180 y desaparecieron a los 43 normalistas. Las investigaciones de las siguientes semanas condujeron al descubrimiento de numerosas fosas comunes; todas llenas de cadáveres; todos los cuerpos no identificados, sin nombres propios, tampoco los asesinos ni quién o quiénes los habían enterrado en esas fosas; todos ellos sin cargo determinado ni culpabilidad conocida. En cuanto a los 43 «desaparecidos», los “investigadores” de la PGR dicen que fueron hechos prisioneros por los «Guerreros Unidos», llevados a un vertedero, ejecutados y quemados en una pira mágica.
Para demostrar esta tesis, hay 3 confesiones y la identificación de los restos de 2 de los jóvenes masacrados, pero los fragmentos de hueso que se pretextan como prueba de la fantasiosa tesis, son pequeñas y no está claro dónde se recogieron.
Desde el comienzo, la historia parecía inverosímil; no sólo yo sino miles lo escribimos así y en su momento señalamos hacia las fuerzas federales del “orden” como probables responsables. Lo apuntamos bien: federales.
La semana pasada, el equipo de expertos enviados por la Organización de los Estados Americanos para llevar a cabo una investigación paralela –más independiente, científica y rigurosa- demostró científicamente que es absolutamente imposible la fantasiosa versión oficial -que ya habíamos apuntado como increíble e inverosímil. En el vertedero hay rastros de fuego que no habría pulverizado 43 cuerpos y el temor a una manifestación de protesta, difícilmente justifican la brutalidad del ataque que hirió a 180, desapareció a 43 y asesinó a 3. Los enviados internacionales también han dado cuenta de que los testimonios de los sobrevivientes hablan de la confiscación de 5 autobuses y no sólo 4 como afirma el gobierno –de los que los fantasiosos de la PGR han hecho sólo 4 informes-. Sus investigaciones no han conducido al descubrimiento de otro autobús Volvo de la empresa Estrella Roja, que desapareció en el aire así como la mayoría de sus pasajeros; no; el dato ya estaba ahí, pero el gobierno federal lo ocultó.
Lo que resultó, sin embargo, de la investigación independiente de los investigadores de la ONU es un expediente de tráfico de heroína de Iguala a Chicago: uno de los autobuses de los que se apoderaron los estudiantes de la escuela de Ayotzinapa para trasladarse a una manifestación de protesta al DF, cargaba, sin que lo supiesen lo normalistas, un alijo de droga del comercio mexicano-americano que controla «Guerreros Unidos» en contubernio con fuerzas gubernamentales y politicastros de disímbolos signos: tráfico de heroína desde Iguala hasta Chicago, escondido en los autobuses. Estas cargas o alijos cada 3 días, a un valor de entre 100 y 600 mil dólares, podría ser un motivo más creíble para una revancha de esta magnitud que la inverosímil venganza de Abarca. Y allí es donde el gobierno opera para ocultar sus lazos.