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La Verdad del Sureste

El salario mínimo de nuevo


Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) 

con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,
 fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica
 y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
Dirigente del Movimiento Antorchista en Texcoco, Edo. Mex.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social, a través del Secretario Navarrete Prida, anunció un aumento de siete pesos al salario mínimo, al pasar de 73.04 pesos a 80.04 que entrará en vigor el próximo primero de enero de 2017.
    Este aumento representa un incremento del 9.58 por ciento, más o menos cinco puntos porcentuales por encima de los incrementos de años anteriores.
    Se señala que el incremento tiene un doble componente, es decir, que no es “inercial” como antes, pues el incremento promedio de los últimos 10 años ronda el cuatro por ciento.
    Este doble componente se divide en el crecimiento inercial que corresponde a tres pesos, es decir, 4.10 por ciento y, en segundo lugar, los otros cuatro pesos que representan 5.47 por ciento se explican como sigue: leemos en la página oficial de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos que “el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos acordó por unanimidad otorgar un aumento constituido por el Monto Independiente de Recuperación (MIR) de cuatro pesos diarios al salario mínimo general con el objeto de apoyar la recuperación, única y exclusivamente, de los trabajadores asalariados que perciben el salario mínimo general, debido a que no fue posible hacerlo durante el transcurso del año antes de la presente fijación salarial ya que se presentaron diversos acontecimientos económicos” y refiere a los problemas del Brexit, de la política monetaria de Estados Unidos, de las elecciones también del vecino país del norte, entre otras.
    En total crece en siete pesos el salario mínimo con la suma de estos dos componentes. Este proceso, dicen las autoridades, busca recuperar la capacidad de compra de las clases trabajadoras.
    No hay duda de que es necesario el ajuste de los salarios a la alza en México, es más, lo he manifestado públicamente después del discurso del Secretario General del Movimiento Antorchista, el ingeniero Aquiles Córdova Morán en la celebración del 40 aniversario de esta organización nacional que promueve el cambio del modelo económico de forma pacífica; sin embargo, el cambio no puede estar basado en la miseria del trabajador y, peor aún, no puede estar basado en la muerte lenta de la mano de obra mexicana, de la gallina de los huevos de oro.    A todo aumento de los salarios, las clases poderosas no hacen otra cosa sino incrementar los precios de los bienes en general y en particular los de consumo de los trabajadores, es decir, no absorben el aumento de sus costos reduciendo un poco de sus ganancias, sino que lo que gana el trabajador por la vía de la lucha social o por la vía de la “buena voluntad” de las autoridades, lo pierde gracias a la voracidad del sistema capitalista que tiene como consigna obtener la máxima ganancia al menor costo.
    Han dicho que “no habrá efecto inflacionario” debido al salario; es más, los dirigentes del Consejo Coordinador Empresarial aseguran que están dispuestos a que el salario aumente hasta 100 pesos, con lo cual prometen que el aumento de los precios se detendrá por debajo de esa barrera.
    Esa “buena voluntad” tiene un fondo que no alcanzamos a ver: es posible que, previamente, los empresarios hayan acordado con la autoridad hacendaria exenciones, o favores parecidos, para no subir el precio debido al aumento del salario.
    Otra razón que puede estar detrás son las futuras elecciones de 2018 y conviene desde ahora ganarse a la clase trabajadora, de manera que si le suben los precios después de haber subido el salario, no ganarían sino el repudio de los trabajadores.
    Como señala la crítica a la economía política clásica, cuando el trabajador se presenta a solicitar empleo y el empleador lo recibe, ambos establecen un contrato en el que el trabajador acepta laborar durante una determinada cantidad de tiempo, ocho horas, digamos.
    Por ese tiempo, han acordado un pago que se llama salario. Ahora bien, el valor de toda mercancía se calcula con base en el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción; sin embargo, la mercancía que vende el obrero, que es su fuerza de trabajo (es decir, su capacidad para trabajar), se mide por el tiempo de trabajo socialmente necesario que se requiere para producir los bienes que conforman la canasta de mercancías necesarias para reponer las fuerzas del obrero, que le permiten reproducirse para sustituir al obrero cuando muera o la edad le impida seguir trabajando, etc.
    A este conjunto de bienes se le suele llamar “canasta básica” y con base en ella, se busca establecer el salario mínimo. Los datos del Coneval, para 2016 calculan la “canasta alimentaria más no alimentaria (Línea de Bienestar)” en un monto de 2 mil 717.81 pesos mensuales por persona.
    El salario mínimo de 2016 es de 73.04 por día multiplicado por 30 días (lo que a veces no se cumple, pues no le pagan el día de descanso al trabajador), por lo cual, al mes recibe 2 mil 191.2.
    Esto quiere decir que los mexicanos que viven con un salario mínimo, que suman más de 7.5 millones, les falta 526.61 pesos por mes para completar la canasta básica, es decir, 17.55 pesos por día. Con el incremento del salario mínimo a 80.04, el obrero recibirá sólo siete pesos más por día, lo cual significa que faltarían 10.55 pesos diarios para estar en la línea del bienestar que propone el Coneval.
    Como puede verse, el salario no completa la canasta básica y su aumento del 9.58 por ciento no logra reponer la pérdida de la capacidad adquisitiva de 1993 a la fecha que es del 30 por ciento, es decir, que el obrero tiene un déficit de 20.42 por ciento y si a esto le agregamos que la familia no consta de un miembro sino de cuatro en promedio, se requieren ingresos para el resto de la familia, como mínimo, de 8 mil 153.43 pesos mensuales, es decir,  271.78 pesos por día.
    Como puede verse, no es posible demostrar que este aumento represente un beneficio real para los obreros, sino una prueba más de que la famosa competitividad de nuestro país recae sobre los medios de vida del obrero, con el que se ensañan.
    La solución no está en una exigencia parcial de incremento de salarios de las clases trabajadoras; hace falta cambiar el modelo económico en su conjunto para con ello lograr un incremento sustancial en términos reales del salario de los trabajadores, al tiempo que se modifique la política fiscal, se generen empleos y se distribuya de forma equitativa el gasto social. Sólo en un contexto integral de cambio de modelo económico podrá lograrse que los salarios suban para favorecer realmente a los trabajadores del país.

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