El sembrador
Cuando en enero de 1992 Carlos Salinas publicó la modificación al artículo 130 constitucional (principio histórico de separación Iglesia-Estado), seguramente nunca pensó que 23 años después el líder de la Iglesia Católica sería un jerarca con una visión social y política completamente opuesta a la que tuvo Juan Pablo II. El Papa Francisco es congruente con sus orígenes; su sensibilidad latina sale a flote en cada uno de sus actos y palabras. “Por sus frutos lo conoceréis”.
Con el restablecimiento de las relaciones entre el Estado mexicano y el Vaticano, vino la designación de representantes diplomáticos; México tiene un embajador y la Santa Sede tiene un nuncio apostólico (con funciones formales de embajador). Antes de 1992 había delegados apostólicos. El actual nuncio es Christophe Pierre, un obispo de origen francés.
El 22 de diciembre del año pasado, el nuncio apostólico oficio una misa en la cancha de la Escuela Normal de Ayotzinapa, en memoria de los 43 estudiantes desaparecidos y de los otros que murieron en la noche negra de Iguala. Ahí, el representante de la Santa Sede dijo: “Es una celebración de Navidad con ustedes, de estar para compartir su dolor, pero también para alentar en nuestros corazones una esperanza… la Iglesia camina con ustedes. Lo peor cuando uno sufre es sentirse solo. Yo sé que ustedes no están abandonados. ¡Estamos con ustedes! ¡También el Papa está con ustedes!”.Al gobierno federal no le debió caer en gracia que el representante papal haya oficiado misa en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, centro educativo que ha sido señalado de manera reiterada por las autoridades “de inteligencia” de nuestro país, como un semillero de potenciales guerrilleros. Pero, digo yo, si crear estudiantes críticos es una forma de subversión, el gobierno federal tendría que cerrar muchas escuelas, públicas y privadas, porque una de las tareas de los maestros es formar mentes libres y reflexivas.
Sin embargo, la misa no era la primera vez que desde el Vaticano se mostraba inquietud por el caso Ayotzinapa. En por lo menos dos ocasiones previas el Papa Francisco se había referido al tema. Un mes antes el Pontífice había expresado su dolor por “lo que legalmente es una desaparición pero saben que es el asesinato de los estudiantes”. (Ojo con lo que sigue) Esas muertes atroces “hacen visible la realidad criminal que existe detrás del tráfico y comercio de las drogas”. ¿Acaso el Papa ya sabía de la existencia de una ruta del narco entre Iguala y Chicago, que fue la posible causa del ataque a los normalistas?
Unas semanas antes, en la audiencia general que celebra los miércoles en la Plaza de San Pedro, ante 30 mil personas el Papa Francisco pidió “elevar una oración y traer cerca de nuestro corazón al pueblo mexicano, que sufre por la desaparición de sus estudiantes”. Las palabras las pronunció en español y fuera del texto original. En esas mismas fechas, el jerarca católico había sostenido reuniones con varios de los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, convocado por el Vaticano. Algo inédito.
Si es cierto que Enrique Peña leyó la Biblia –algo que dudo-, supongo que nunca leyó las “Bienaventuranzas” (Sermón de la Montaña), y mucho menos entendió el mensaje de cercanía con los pobres que ahí se anuncia, mismo que el Papa Francisco retoma en prácticamente todas sus intervenciones. Si Peña comprendiera el significado, seguramente entendería el motivo por el cual el Pontífice declinó venir a México.Cuando se planeaba el viaje papal a tierras americanas, México estaba en la agenda y la idea era que el Papa entrara por tierra a los Estados Unidos cruzando el puente internacional de Ciudad Juárez, como una forma de solidarizarse con los migrantes. Pero ocurrió lo de Ayotzinapa y cambiaron los planes en el Vaticano. El Papa pidió -como parte de su viaje- oficiar una misa en Ayotzinapa para los familiares de los 43 estudiantes. –¿Y tu nieve?, dijo el gobierno federal.
Cada quien cosecha lo que siembra. El Papa Francisco ha sembrado fraternidad, paz, tolerancia y reconciliación; en poco tiempo tenemos frutos a la vista. En cambio, a un año de los hechos de Ayotzinapa, Peña Nieto ha sembrado mentira, falsedad, traición. Que no espere ser absuelto por la historia.