Nuestra sexualidad ha sido considerada de manera tradicional, como algo necesario exclusivamente con fines reproductivos, debido a la cultura religiosa dominante en una sociedad cerrada, conservadora, tradicional y rígida, en la que imperaba una educación informal apoyada en mitos, tabúes, costumbres y prejuicios.
En los últimos años esa situación ha cambiado más que por mejoría en la oferta educativa, por el impacto de los medios de comunicación masiva, que debido a las exigencias de la globalización, se han tenido que abrir y crear espacios en donde la sexualidad se discute y cuestiona con libertad y sinceridad, dejando de lado aspectos obsoletos y atávicos que se le habían asignado.
La sexualidad humana es una manifestación natural e insoslayable, muy diferente a la sexualidad del resto de las especies animales, y se manifiesta no como un instinto, descripción tradicional, sino como un impulso, es decir, una manifestación que puede modificarse (educarse) y que en parte es una conducta heredada pero no repetitiva, ya que cada ser humano es capaz de expresar su sexualidad de una manera muy personal e irrepetible.
La sexualidad por tanto, tiene un componente de tipo biológico adquirido mediante el mecanismo de la herencia que se modifica ante el impacto del medio ambiente durante el desarrollo, pero también tiene componentes psicológicos y socio-culturales y espirituales tan importantes como el primero, que integran al ser humano como una unidad bio-psico-social. Los aspectos biológicos de la sexualidad se pueden resumir con la palabra sexo definida como las características heredadas que tienden a manifestarse en las personas después de la pubertad, en los fenotipos (apariencia física) femenino y masculino y hacerse complementariamente reproductivos. Sexo sería entonces la herencia genética (genotipo) de las manifestaciones sexuales orgánico-funcionales: ovarios o testículos, óvulos o espermatozoides, genitales pélvicos externos e internos masculinos o femeninos, hormonas sexuales: andrógenos o estrógenos, condicionamiento cerebral tónico en el varón, o cíclico en la mujer, etc.
La faceta psicológica de la sexualidad, se puede resumir en el concepto de identidad de género que se define como el convencimiento de la persona de ser hombre o de ser mujer, de pertenecer al grupo de los varones o bien al de las mujeres. Se establece a temprana edad y después de los 5 o 6 años, no es posible cambiarlo. Esto viene a colación porque en ocasiones nacen niños con órganos genitales externos ambiguos, es decir, no se sabe si son masculinos o femeninos. En esos casos debe hacerse un diagnóstico exacto y posteriormente realizar las correcciones quirúrgicas necesarias.
Los aspectos socio-culturales de la sexualidad se pueden concretar en los siguientes conceptos: el sexo de asignación, es decir, el sexo que al nacer se le asigna al recién nacido, y el rol sexual, esto es, el papel que se espera en el desempeño social de la persona como hombre o como mujer. Por ejemplo, en nuestra sociedad es común que se privilegien en la mujer cualidades como el recato, la discreción, la ternura, la pasividad, el amor a los hijos, el apego al hogar, etc., y del hombre se espera agresividad, fortaleza, valentía, carácter firme, inteligencia, amor al trabajo, virilidad, valentía, etc. Estos roles tradicionales: mujer-pasividad-sumisión y hombre-autoridad-supremacía, por fortuna se han ido modificando y de una sociedad machista y tradicional se está transitando hacia otra más equitativa y libertaria. En la actualidad la sexualidad se acepta como una función natural que en los seres humanos tiene objetivos muy específicos:
1.-Es una oportunidad de alcanzar placer y gratificación personal y por ende acercarnos a la felicidad.
2.-Permite comunicarnos de muy diversas maneras y no solamente con palabras. Induce la relación personal e interpersonal intensa y el conocimiento mutuo.
3.-Si va de por medio la intención, la sexualidad nos ofrece la posibilidad de reproducirnos y multiplicar la especie. Este objetivo hoy en día es el más limitado por muchas razones: responsabilidad de la pareja al planificar la familia, las crecientes dificultades económicas, el cuidado personal de la mujer, pues por una mayor información sabe del deterioro que puede sufrir por los embarazos y los partos múltiples. Y otro aspecto que ha influido en dicho cambio de actitud lo constituye el hecho de la cada vez más frecuente inclusión femenina en el campo laboral que la obliga a no estar exclusivamente al servicio del hogar (atención de casa, esposo, hijos) e interesarse por una vida social menos limitada y en cambio, más participativa y abierta. En la actualidad son raras las parejas que optan por tener más de 2 o 3 hijos, pues a un número mayor es difícil poder asegurarles los niveles mínimos de bienestar y desarrollo. La sexualidad, por las razones antes mencionadas, podemos concluir, es una función natural que debe expresarse con libertad pero también con responsabilidad, para que resulte placentera y gratificante y no culpígena y vergonzante.
Gonzalo J. González Calzada.
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