Contra lo que aun dispone la Constitución Federal en el artículo 27 de que a la nación corresponde el dominio directo de los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos y la prohibición de que por ningún motivo los extranjeros pueden adquirir el dominio directo de aguas y tierras en una faja costera de 50 kilómetros Pemex, concesionó, formalmente, por un cuarto de siglo, la explotación de sendos campos petroleros en la Chontalpa Tabasqueña.
Dos de éstos, el Santuario y Magallanes, a la compañía inglesa Petrofac Facilities Management Limited. Al margen de la cuestión de la evidente inconstitucionalidad mediatizada con la complacencia o la simulada oposición de los actores políticos, en los hechos la concesión, fruto de las reformas a la legislación secundaria de hace tres años, va más allá: prácticamente más de 100 kilómetros cuadrados de territorio tabasqueño estarán, en los hechos, fuera del control de las autoridades locales. Es asombroso, pero así es: los políticos –de los diferentes colores y cataduras- andan dedicados en la búsqueda de dirigencias, precandidaturas y candidaturas que ni por asomo abordaron el tema. La contrarreforma no a la expropiación petrolera de 1938 sino al principio constitucional de 1917 les importa un bledo. Mas, la pérdida de soberanía y el menoscabo a cualquier desempeño en el y desde el poder, tampoco les interesa.
El contexto y el significado del hecho -más que trascendental para un país en desarrollo absorbido cada vez más por su vecino- no llama la atención de la clase política, ni de los “revolucionarios”, ni de los “democráticos”, ni de los otros.
Ninguna fuerza política se pronunció al respecto. En un Estado que lo mismo perdió bajo el porfiriato buena parte de su territorio -ahora del Peten guatemalteco- e inclusive al que sus vecinos Chiapas y Campeche le ganan paulatinamente terreno, sin que ninguna voz lo cuestione, quizás no es novedoso que ahora una compañía privada extranjera adquiera el dominio directo de una amplia zona geográfica, en la que caminos, accesos, instalaciones, y personas estarán fuera de su jurisdicción. Salvo el gesto garridista de mayo de 1921 al expulsar de Tabasco al ingles Rothschild representante de las compañías Pearson Lmtd y de Petróleo “El Águila” por forzar con el apoyo del comandante militar Luis T. Mireles contratos leoninos perjudiciales para campesinos y rancheros tabasqueños, la historia regional no registra otra decisión equiparable. Claro, abundan en sentido contrario. Porfirio Díaz busco el capital europeo para diversificar la inversión extranjera en México para disminuir la proporción de los intereses estadounidenses en nuestro país.
La teoría de la causa económica de la Revolución Mexicana indica que esto genero reacciones que inocularon y patrocinaron inconformidades en diferentes Estados contra el Dictador. En 1938, Lázaro Cárdenas más que nacionalizar empresas norteamericanas afecto a las compañías holandesas e inglesas que controlaban la extracción petrolera en nuestro territorio.
La denominada expropiación conecto la producción del hidrocarburo mexicano a las refinerías de EU, para asegurar el carburante necesario para la participación yanqui en la Segunda Guerra Mundial. ¿Habrán reflexionado los legisladores del 2008 los efectos que tendrá su decisión sobre todos los mexicanos? La masa de tabasqueños, a la que hora se distingue con esta acción, podrán articular alguna protesta ante la indiferencia y apatía de sus gobernantes y políticos? Sólo el tiempo nos dará la respuesta.
Lic. Sergio Antonio Reyes Ramos Integrante del Colegio de Abogados Tabasqueños
Dos de éstos, el Santuario y Magallanes, a la compañía inglesa Petrofac Facilities Management Limited. Al margen de la cuestión de la evidente inconstitucionalidad mediatizada con la complacencia o la simulada oposición de los actores políticos, en los hechos la concesión, fruto de las reformas a la legislación secundaria de hace tres años, va más allá: prácticamente más de 100 kilómetros cuadrados de territorio tabasqueño estarán, en los hechos, fuera del control de las autoridades locales. Es asombroso, pero así es: los políticos –de los diferentes colores y cataduras- andan dedicados en la búsqueda de dirigencias, precandidaturas y candidaturas que ni por asomo abordaron el tema. La contrarreforma no a la expropiación petrolera de 1938 sino al principio constitucional de 1917 les importa un bledo. Mas, la pérdida de soberanía y el menoscabo a cualquier desempeño en el y desde el poder, tampoco les interesa.
El contexto y el significado del hecho -más que trascendental para un país en desarrollo absorbido cada vez más por su vecino- no llama la atención de la clase política, ni de los “revolucionarios”, ni de los “democráticos”, ni de los otros.
Ninguna fuerza política se pronunció al respecto. En un Estado que lo mismo perdió bajo el porfiriato buena parte de su territorio -ahora del Peten guatemalteco- e inclusive al que sus vecinos Chiapas y Campeche le ganan paulatinamente terreno, sin que ninguna voz lo cuestione, quizás no es novedoso que ahora una compañía privada extranjera adquiera el dominio directo de una amplia zona geográfica, en la que caminos, accesos, instalaciones, y personas estarán fuera de su jurisdicción. Salvo el gesto garridista de mayo de 1921 al expulsar de Tabasco al ingles Rothschild representante de las compañías Pearson Lmtd y de Petróleo “El Águila” por forzar con el apoyo del comandante militar Luis T. Mireles contratos leoninos perjudiciales para campesinos y rancheros tabasqueños, la historia regional no registra otra decisión equiparable. Claro, abundan en sentido contrario. Porfirio Díaz busco el capital europeo para diversificar la inversión extranjera en México para disminuir la proporción de los intereses estadounidenses en nuestro país.
La teoría de la causa económica de la Revolución Mexicana indica que esto genero reacciones que inocularon y patrocinaron inconformidades en diferentes Estados contra el Dictador. En 1938, Lázaro Cárdenas más que nacionalizar empresas norteamericanas afecto a las compañías holandesas e inglesas que controlaban la extracción petrolera en nuestro territorio.
La denominada expropiación conecto la producción del hidrocarburo mexicano a las refinerías de EU, para asegurar el carburante necesario para la participación yanqui en la Segunda Guerra Mundial. ¿Habrán reflexionado los legisladores del 2008 los efectos que tendrá su decisión sobre todos los mexicanos? La masa de tabasqueños, a la que hora se distingue con esta acción, podrán articular alguna protesta ante la indiferencia y apatía de sus gobernantes y políticos? Sólo el tiempo nos dará la respuesta.
Lic. Sergio Antonio Reyes Ramos Integrante del Colegio de Abogados Tabasqueños