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La Verdad del Sureste

¿SOPLAN VIENTOS DE FRONDA? II


El texto que continúa es una pincelada de historia de un político que, actuando hace más de 400 años, pareciera que hubiese revivido en algún político del país, y a lo mejor de Tabasco.
El próximo 14 de julio se cumplirán 403 años de que naciera (14 de julio 1602), en Pescina (en los Abruzzos, al este de la Península Itálica) hoy parte de Italia -en esa época en posesión española-, Julio Mazarino (quien pasó a la historia conociéndosele como Cardenal Mazarino, aunque nunca fue eclesiástico, pero el Papa Urbano VIII le proclamó Cardenal). Su actividad es similar –guardadas las proporciones de importancia histórica- a la de algún político choco.
    Hijo de Pietro Mazzarini (siciliano que estaba al servicio de la poderosa familia romana de los Colonna; cuando aparece el apellido Colonna de inmediato nos remontamos mentalmente a una de las familias que ostentó el control, desde Roma, de la “honorable sociedad”), quien le heredó Mazarino las conexiones de todo tipo. Si hiciéramos un parangón a la actualidad mexicana diríamos que la familia Colonna –y su contraparte la familia Orsini- vendrían a ser como el Cartel de Golfo, o el Cartel de Los Zetas contra el Cartel de Sinaloa o de la Familia Michoacana.
    Logró hacerse nombrar para un puesto de ayudante del general del Ejército pontificio; pronto se hizo imprescindible en los tratos con franceses y españoles, como negociador entre las partes interesadas en el control de la región de la Valtelina (que había sido adjudicada a la administración militar del Papa). Viaja a menudo a Roma como enviado de su superior para informar a la corte; entra en contacto con el cardenal Bentivoglio, representante de los intereses de Francia en la ciudad (ganando el favor de Bentivoglio quien lo recomendó al cardenal ministro, Francisco Barberini, que lo envió como secretario de la legación pontificia en Lombardía). Si nos refiriéramos al México reciente, diríamos que se hizo amigo e indispensable a la familia de Carlos Salinas –ya sea de Raúl o del difunto Enrique, o del viejo don Raulone-.
    Revuelto el norte de Italia por las intrigas del duque Carlos Emmanuel I de Saboya y la rivalidad franco-española, Mazarino recibió instrucciones del Papa de favorecer a Francia para contrarrestar el predominio español, pero no tanto como para sustituir una preponderancia por otra. Mazarino, obedeció a los intereses del Pontífice pero también a los suyos propios, mostró acusada simpatía hacia Francia, pero manteniendo la confianza de todas las partes. Experto en simular y disimular, Mazarino sirvió a tres potencias en disputa al mismo tiempo. Si fuese algo actual podríamos decir que hubiese servido sin problemas al Cartel del Golfo, al Cartel de Sinaloa, a la Familia Michoacana, a Los Zetas y al gobierno federal.
    Enterado el duque de Saboya de la inminente invasión francesa de la península italiana, envió a Mazarino a tratar de detener al cardenal Richelieu en su objetivo del avance francés; sus intentos de negociación con Richelieu continuaron durante la primavera, actividad diplomática a favor de la paz que resultó infructuosa y de la que él mismo estaba consciente de su inutilidad, pero destacando por su diplomacia ante Richelieu, lo que le permitió conocerle y a Luis XIII, de cuya política fue gran defensor en la corte pontificia. Gracias a lo cual fue recompensado con una nunciatura extraordinaria en París, cargo que lo aproximó al cardenal Richelieu y al rey Luis XIII.
    En 1639 se naturalizó francés, pasó a ser estrecho colaborador del primer ministro, gracias al cual fue nombrado cardenal y ministro de Estado. Fue nombrado ministro principal del Estado, por recomendación del cardenal Richelieu; tras la muerte de Luis XIII, Mazarino gobierna Francia bajo la regencia de Ana de Austria en nombre del joven rey Luis XIV, quien heredó el trono con tan solo 5 años de edad.
    Debió adoptar medidas drásticas y de austeridad que resultaron impopulares. Sus enemigos trataron de expulsarlo del poder y lograron que se exiliara, pero continuó gobernando por intermedio de la reina y de un grupo de leales seguidores. Fue tal la concentración de poder que logró, que le permitían aumentar impuestos sin negociar. Continuó en el cargo de Primer Ministro hasta su muerte, a pesar de tener fuertes opositores ya que desde su llegada al cargo, debió afrontar la hostilidad de los nobles, incluyendo un complot para asesinarlo.
    Los bienes que amasó se calculan como la mayor fortuna privada del Antiguo Régimen (el doble de la que había amasado Richelieu: 35 millones de libras -8 millones de en efectivo (similar a todos los fondos del Banco de Ámsterdam, el banco más importante de la época), depositadas en distintas ciudades). El desmesurado enriquecimiento del cardenal se produjo en menos de diez años; a base de especular con los fondos del Estado y con el valor de las monedas, y con jugosas comisiones obtenidas, a través de testaferros, sobre el aprovisionamiento de los ejércitos.
    Su librito: Breviario de los políticos, lectura obligada (es difícil encontrarle publicado) que no tiene desperdicio; trascribiré fragmentos.

 

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