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La Verdad del Sureste

LA TRUCULENTA HISTORIA DE LA CAMARITA


De madrugada, 5 minutos para las 4; la camarita vigilante realmente estaba cansada y tenía mucho sueño. Dentro del lote de las 60 camaritas de vigilancia que se habían adquirido a un proveedor amigo, esa camarita era una más. Repentinamente apareció por su foco un grupo de 4 sujetos con armas largas montados en una camioneta Lobo color negra, portando 2, R-15 y 2, AK-47; los escoltaba otra camioneta a la cual la camarita vigilante también captó pero no identificó.
    La camarita vigilante muy a su pesar, a su sueño y a su cansancio, sobrepasándose un poco en el cumplimiento de su deber, decidió bajarse del poste a 4 metros de altura en donde le habían instalado y detener a los sujetos. La camarita vigilante detuvo a los 4 sujetos con todo y sus armas largas y también a los guardaespaldas; les inhabilitó los 2 vehículos y esposó a las 6 personas. El amigo proveedor, gran negociante, dijo, engolando la voz: se los dije, ¡estas camaritas son una chingonería!
    La camarita vigilante estaba muy oronda por su acción patriótica; pensaba que le había puesto un ejemplo a seguir a las 600 camaritas vigilantes que se iban recién a instalar en otro Estado del sureste del país y que le habían sido compradas también al mismo proveedor, previa legítima comisión del diez por ciento. Ese amigo proveedor también vende chalecos antibalas, uniformes, armas, municiones, radios portátiles, etc.
    Nunca esperó la camarita vigilante que le fuesen a reprender tan gachamente y la desconectaran y desmontaran como le sucedió el 19 de mayo.
    Resulta que la camarita vigilante estaba ubicada en Reynosa y formaba parte del lote de 60 camaritas que sus dueños y compradores habían instalado como sistema integral de vigilancia a la Zona Militar y Estaciones de Policía de aquella ciudad. El 18 de mayo la policía y el ejército comenzaron a desmontar y desinstalar ese camarajital y los dueños de las camaritas vigilantes también. El resultado fue que la policía y los soldados desmontaron 39 de las 60 y los que las habían instalado retiraron 18. La camarita vigilante héroe quedó desmontada en manos de sus amos originales, quienes le recriminaban a la camarita haberlos traicionado y haber detenido a su célula principal aquella madrugada de referencia.
    Uno de los delincuentes dijo: no sirven para nada esas camaritas; ni modo que se bajen del poste donde se les cuelga y detengan a las personas; otro dijo, sí sirven, para que nos saquen películas, siempre y cuando filmen y tengan memoria.
    Pero no terminó allí la truculenta historia de la camarita vigilante. Un mes después aquella camarita recibió la noticia de su gemela, otra camarita troquelada el mismo día y manufacturada en el mismo lote. El 19 de junio, en el mismo lugar donde fue desmontada la camarita vigilante en cuestión, las autoridades retiraron a la camarita gemela que había sido montada e instalada para vigilar a las “fuerzas” de seguridad de Tamaulipas. Otras 39 camaritas fueron inutilizadas, cámaras las cuales utilizaba el grupo delincuencial para monitorear las actividades y desplazamientos de las fuerzas de seguridad.
    Conclusiones que esta truculenta historia deja: tanto “fuerzas” de seguridad como delincuentes, pueden comprar e instalar camaritas. A lo mejor se las provee el mismo vendedor.
    El negocio de la “seguridad” trae pingues ganancias. El gasto gubernamental del gobierno federal en seguridad ha aumentado cada año en promedio el 14%, desde hace 14 años.
    El enfoque de seguridad pública del gobierno federal se monta en el negocio, no en el interés de la población.
    Contratar más policías; capacitarlos y adiestrarlos. Negocio redondo. Comprarle más toletes a la policía: negocio con el proveedor. Hay que comprarle uniformes cada tres meses a los policías. Negocio. Hay que comprar más patrullas para rondines y vigilancia policial. Negocio. Hay que instalar camaritas de vigilancia. Negocio. Hay que suministrarle gasolina o diésel a las patrullas. Negocio. Hay que comprarle zapatos especiales a los policías. Negocio. Hay que adquirir armamento para los policías. Negocio. Hay que comprar municiones para las armas de las “fuerzas” de seguridad. Negocio. Hay que comprarles chalecos antibalas a las “fuerzas” de seguridad. Negocio con el proveedor. Hay que adquirir radios portátiles para vigilancia y conectividad. Negocio con el proveedor. Y así hasta el infinito.
    Al gobierno federal lo que menos le interesa es la seguridad de la población; a los medios de difusión, llámense periódicos o radiodifusoras, lo que menos le interesa es la seguridad sino el escándalo para que la población se apanique y se justifique el gasto mayor en seguridad. La “lucha” contra la delincuencia es permanente: es decir, no la debe ganar nadie sino que tiene que permanecer; de otra forma, se acaba el… negocio.    
    México aparece en último lugar en la lista de la OCDE en términos de seguridad, con 22.9 homicidios por cada 100 mil habitantes, más de cinco veces el promedio de 4.2 por cada 100 mil habitantes del grupo de 34 países comparados. No es Tabasco, es México, todo el territorio nacional. Cifras similares a las de EU, donde ¡hay un homicidio cada 33 minutos!
    De acuerdo con un estudio sobre la calidad de vida en los 34 países de la OCDE, México se encuentra en el penúltimo lugar en esta medición, debido a temas como inseguridad, educación, vivienda, ingreso, salud y medio ambiente. Ese es el resultado de 74 años de gobiernos priistas y de 12 años de gobiernos panistas.
    “La tasa de homicidios, el ingreso disponible de los hogares, el acceso a conexiones de banda ancha y la parte de la fuerza laboral con al menos un título de bachillerato son los indicadores de bienestar donde la brecha entre las regiones de México y el promedio de la OCDE es mayor”, según su reporte “¿Cómo es la vida en tu región?”. No es Tabasco, es TODO EL PAÍS.

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