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La Verdad del Sureste

Urdimbres y Texturas

EL EJÉRCITO COMO ÚLTIMO RECURSO El Estado, la Ley y la norma como parte de la cultura


Acudir al ejército debe ser un último recurso de los gobiernos. La sociedad tiene que estar regulada por las normas civiles y quien las violenta no es un enemigo que haya que exterminar sino un ciudadano que debe ser reintegrado, rehabilitado, se dice.  Preocupa cuando la presencia militar en las calles y para dirimir el conflicto social se vuelve cotidiana. Cabe la  utilización del ejército, pero esto implica que el resto de los poderes no tienen la suficiente injerencia para hacer cumplir la ley. Existe entonces desorganización social. Hechos recientes nos hacen preguntar si es necesario el uso de la violencia desde un manual y una agenda estratégica militar como se ha publicado en este diario.
    Lo sabemos, las leyes son escritas; están por encima de los individuos y su  finalidad es regular la conducta externa. Están depositadas en los respectivos organismos e instituciones cuya obligación es hacerlas cumplir.
    ¿Qué sucede? Decía el sociólogo Emile Durkheim que la reproducción de la llamada “conducta desviada” lleva al establecimiento de la anomia, o la ausencia del acatamiento de las normas sociales, pero no de las leyes. Esto nos lleva a cuestionar la actuación del Estado y su eficiencia en materia en seguridad.
    La permisividad de la conducta desviada aparece por lo general en los estratos más bajos de la vida social, y tiene que ver con los deseos y la cultura; la satisfacción de tener los medios para lograr escalar a la mejoría social, es decir, la relación entre los medios y los fines se debilita. Ocurre entonces esa profunda desigualdad que trae consigo aspectos como el deterioro socioeconómico de las familias, el nulo acceso a mejores empleos, la falta de mejoramiento del entorno y la identificación con el mismo.
    Incluso a quien esto escribe le han preguntado, ¿cuáles son los mecanismos que hacen que las personas pierdan el arraigo por sus costumbres, por la cultura local? La respuesta es la hostilidad del entorno.
    Los fines culturales como deseos y esperanzas de los miembros de la sociedad, que son socialmente valoradas, al verse violentadas generan en el  grupo las conductas desviadas: crimen, desórdenes mentales, alcoholismo, y así una sucesión de hechos que no sólo agreden a quien las lleva a la acción, también violenta el entramado social.
    Ya en los tiempos de Platón, los hombres se preocupaban por la naturaleza de la sociedad y las relaciones del individuo respecto al orden social global. Era garantía de sana convivencia.
    Cuando los organismos encargados de regular la norma, desde la moral y desde las leyes escritas, no cumplen con su actuación, se hace necesario acudir al último recurso: el ejército. Pero es, subrayamos, el último recursos.  La organización “Insight Crime” advirtió con anterioridad la importancia de regular a estos cuerpos militares, pues ahora son una poderosa y autónoma institución a la que no se le puede cuestionar, así tenga una cantidad de señalamientos judiciales ante la corte Interamericana de Derechos humanos.
    Debemos reflexionar cuál es el papel de estos cuerpos especializados de seguridad. ¿Debilitan al Estado con su actuación?, ¿son la solución idónea para resolver la conducta desviada? O, por el contrario, se hace necesaria la participación de los ciudadanos de manera responsable ante las decisiones en materia de seguridad. Queda abierto el debate.

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