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La Verdad del Sureste

URDIMBRES Y TEXTURAS

EN ESTE PAÍS NADIE ESCUCHA, NADA PASA


 

México es un país donde ser activista social implica la muerte. No es una afirmación a la ligera, es un desafortunado hecho que se hace realidad con cada activista asesinado. Sea Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Chihuahua, Veracruz, incluso el DF; nada es seguro para quien lucha por justicia para sus semejantes. Nada pasa, nadie escucha. El silencio es el ropaje perfecto para seguir aumentando el puntaje de la impunidad.
    En el  sur del país existe un enorme mosaico de necesidades humanas que no se satisfacen con establecer puestos de seguridad. Se hace necesario el acompañamiento de víctimas por  la violencia social, y es ahí donde los activistas sociales imprimen una huella fundamental para que los ciudadanos conozcan sus derechos y se hagan responsables de los mismos.
    El alto grado de peligrosidad que simbolizan los ciudadanos que deciden ser representantes de las demandas de los que menos saben sobre sus derechos, hace que ese poder oscuro que nos intenta dominar en este país, corte vidas y propósitos.  El lamentable asesinato de Miguel Ángel Jiménez, de oficio taxista, defensor por convicción de los derechos de las personas en Guerrero, le hizo decir alguna vez “Alguien tiene que hacerlo, ¿no? Ya está bien de hacerse güey” refiriéndose al caso de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, y de los miles de desaparecidos sepultados en diferentes regiones, y poblados del estado de Guerrero.
    Los más cercanos  recuerdan cómo, con sus propias manos desenterró huesos en las fosas clandestinas ubicadas en Iguala y en diferentes municipios, y a pesar de eso, mantener el optimismo por encontrar a los jóvenes normalistas desaparecidos.
    Miguel A. Jiménez era un líder nato, que se sumó a la organización compuesta por campesinos pobres y profesores de escuela que trabajan al margen de las autoridades. Se puso al frente de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), enfrentó a lo que en Tabasco conocemos perfectamente bien: la deslealtad al interior de los grupos y organizaciones políticas, pues la UPOEG se dividió, en el grupo que permaneció fiel a las convicciones que formaron la organización. Los comprados por otros intereses, decidieron entorpecer el trabajo del líder y sus compañeros. Mala gente.
    Citando a Krishnamurti: “ustedes son seres humanos que están creciendo; no sean como los demás, no sean egoístas, no sean corruptos, todo surge del egoísmo, la corrupción empieza ahí. Por tanto no sea corrupto; no importa si debe morir por ello.”  
    El egoísmo hace que no escuchemos y no miremos más allá. A Miguel le costó la vida iniciar el registro de desaparecidos, en una “oficina” improvisada con dos sillas y una mesa de madera, desde donde organizó la manera de ponerle nombre a los huesos que hallaban en las fosas, y su objetivo: establecer un banco de datos de ADN para cruzar información. Sí, aquí en México, cuesta la vida permanecer por encima del egoísmo, y quienes deben hacer su trabajo y no lo hacen, sólo entorpecen egoístamente el trabajo de activistas que le dan certeza, y camino a quienes nada tienen, y encima pierden mucho: familiares, amigos, conocidos.
    “ La corrupción empieza con el interés propio. Empieza en el corazón, en la mente, no es sólo dar dinero.”, dijo  Krishnamurti. Tiene razón.

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