Urdimbres y texturas
ONCE DE SEPTIEMBRE EN DOS MEMORIAS.
Dos conmemoraciones en dos circunstancias históricas: el once de septiembre refiere no sólo el golpe de Estado a Salvador Allende en Chile, también recuerda el atentado terrorista a las Torres Gemelas en Estados Unidos. En el tiempo, los dos sucesos son rememorados de manera distinta.
Para los latinoamericanos rememorar 42 años de dictadura militar en Chile, representa un marco de justicia que se extiende, una ferviente necesidad de recomponer el entramado social afectado, eso implica darle a 3000 víctimas de homicidio o desaparición el reconocimiento de su existencia, y el derecho a la justicia.
Chile es una herida abierta por sus desaparecidos, 38.000 detenidos arbitrariamente, y 17 años de tortura que no se olvidan, además de la oprobiosa ley de Amnistía establecida por Pinochet para evitar enjuiciar a los culpables.
De aquellos años queda vigente esa Ley de Amnistía que protegió durante mucho tiempo y hasta la fecha, a los culpables de tortura y homicidio de la dictadura, que aunque han sido enjuiciados y encarcelados 279 personas, además de 75 que cumplen penas de prisión, la justicia está incompleta.
El debate se ha abierto en el congreso chileno, con la finalidad de desaparecerla, y en el contexto nacional, su presidenta Michelle Bachelet lucha por mantener otra reelección, además de enfrentar las opiniones divididas al respecto de la desaparición de la Ley de Amnistía. Contra toda opinión, Bachelet sigue adelante con la anulación y propone tipificar el delito de tortura en la legislación nacional, precisamente para dar certeza a los familiares de las víctimas, y a las generaciones venideras, de que lo que sucedió no se repetirá de nuevo.
Lejanos son aquellos días en que la democracia latinoamericana gozaba de ciertas simpatías mezcladas de fidelidad, admiración y compromiso.
Esa misma democracia que se fraguó en medio de sacrificio, abuso y toma de conciencia de manera brutal, se encuentra en entredicho ante acusaciones de corrupción, y la intención de reelecciones en Ecuador, Brasil, Bolivia y Chile. Y lo que sucede en Venezuela.
Ahora se encuentra de nuevo, convulsa, ante el reto de las actuales generaciones que demandan espacios, en la educación, en la cultura, y el trabajo. Ante el rumor de una Latinoamérica encendida, siempre queda el recuerdo de Salvador Allende, del Chile que aprendió a ser solidario en medio de la catástrofe.
EL OTRO ONCE
Y si esa Latinoamérica se encuentra encendida, no es precisamente por puro gusto, tiene que ver con la decisiones que se construyen incluso desde el exterior. Obedece a una dinámica que inició avanzado el siglo XXI, marcado desde su nacimiento con otro suceso que refiere a las actuales generaciones como un siglo donde la violencia ha ido en diferentes niveles de intensidad. La violencia mediática dejó plasmado el horror aquel 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones se estrellaban en las torres gemelas en Nueva York. Desde entonces todo cambió, la forma de comunicar, de viajar, de entender la psique humana.
Lejano, como si de una serie de televisión se tratara, así quedaron aquellas imágenes, del hombre del salto, de la forma en que los edificios se derrumbaron, de un mar de historias donde cada persona fue testigo desde su lugar, de un suceso que ha sido motivo de críticas, de juicios, de señalamientos acallados. Sobre todo de las demandas de las familias de las víctimas, del silencio respecto a los migrantes que laboraban en los edificios, y la ausencia de sus nombres en el museo del memorial.
Surgieron maneras de observar el comportamiento humano, maneras de abordar desde la medicina forense la resolución de ese inmenso rompecabezas de cuerpos qué entregar a los deudos, se alteraron los estándares de seguridad en aviones, aeropuertos, y por supuesto, los argumentos en política exterior para justificar invasiones y control poblacional.
La tecnología ha jugado desde siempre un papel determinante, y con las actuales reglas de comportamiento mundial, las llamadas redes sociales han entrado al juego de la distribución de información en tiempo real, documentando cada paso del sistema.
Ese once de septiembre del primer mundo nos alertó de lo que se venía en el futuro. El control masivo de la violencia a través de los medios de comunicación, la manipulación de los sucesos no le ha hecho justicia a las víctimas de ese terrible día, como si de un cuento de terror se tratara, la población de E.U. debió guardar silencio para asimilar su dolor, y seguir dominados por sus “no lugares”, por la dinámica del empleo, y continuar alimentando a su propio Leviatán, que demanda cada vez, más hombres para la guerra.
Dos memorias del 11 de septiembre, dos memorias históricas con sus complejidades en diferente tiempo y resultados según los contextos. La constante es esa maña para hacerse del poder, y dejar de lado el daño colateral. Es decir: las personas y sus esperanzas destrozadas, esperanza que siempre es vida y hacer.