Urdimbres y Texturas
¿ES POSIBLE UNIR A LAS IZQUIERDAS?
Contra una tradición histórica de rupturas y desprendimientos
Tienen razón quienes dicen que no hay que casarse con los discursos que se pronuncian al calor de las contiendas electorales o de los debates. Claro que los políticos y aquellos que representan un liderazgo deberían ser mucho más cuidadosos de sus palabras. Un concepto mal escuchado, mal asimilado, mal entendido por el ciudadano de a pie puede tener consecuencias imprevistas y a veces irreparables. Porque basta a veces una palabra para cambiarlo todo, para bien o para mal.
Eso ha sucedido ahora que Andrés Manuel López Obrador pronunció las palabras mágicas: “si (en el PRD) marcan una sana distancia con la mafia del poder, nos sentaríamos a analizar un posible pacto”. Lo que estaba tajantemente descartado hace unos meses, hoy se vuelve posible. No fácil, pero posible: una alianza de las izquierdas en México.
Hablar de “la izquierda” o “las izquierdas” siempre se presta a confusiones. Hay también una larga tradición de exclusiones y rechazos: “yo soy de izquierda, pero tú no lo eres”, o “la verdadera izquierda soy yo”. De la misma forma que otros ideólogos interesados como Francis Fukuyama declararon hace más de 20 años “el fin de las ideologías”, simplemente para hacernos creer que el capitalismo era el sistema de vida en sociedad por definición. Después de eso no había más.
Pero sin meternos en honduras, digamos que en México la izquierda se definiría por una declarada convicción de estar en favor de la justicia social, luchar en contra de la pobreza y a favor de los pobres. Para que, como dijo José María Morelos en sus Sentimientos de la Nación (1813), se moderara la opulencia. Luego vinieron otras interpretaciones tomadas del anarquismo, del marxismo y de la socialdemocracia, de ahí que surgieran muchas izquierdas. Desde las institucionales hasta las más radicales. Se convirtió en una conducta propia de las izquierdas en dividirse al infinito. Fue en 1988 cuando en nuestro país ocurrió lo impensable: las izquierdas se unieron para buscar la Presidencia y después, en 1989, para formar un partido de tribus…que se volvieron a dispersar en el 2000 y más todavía después del 2012 cuando López Obrador decidió formar otro partido de “la izquierda auténtica”.
Y hasta la semana pasada la mayoría de los que observan los asuntos políticos daba por hecho de que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) iría sin coaliciones partidistas a las elecciones presidenciales del 2018, con Andrés Manuel López Obrador como candidato. Parecía que era preferible tener en sus filas a los arrepentidos del PRI que a los posibles compañeros de ruta del PRD. Pero no, AMLO dijo que no está descartada una alianza con los solaztequistas. Claro, puso una condición que todavía a algunos no termina: “Tendrían que ser muy claros en el deslinde (del PRD) con el régimen y mostrar una voluntad clara de transformar el país”.
Pero palabras más, palabras menos, el puente se vuelve a abrir, todavía es transitable aunque tambaleante. Habrá resistencias, hay dolencias, intereses, malentendidos, resentimientos, pero será interesante observar cómo procesan los políticos un reto político.
Por lo pronto dos personajes influyentes en el partido gobernante (PRD) en Tabasco correspondieron al gesto, los diputados José Antonio de la Vega y Marcos Rosendo Medina.
Dijo De la Vega: “nosotros siempre hemos señalado que Morena y el PRD tienen afinidades ideológicas importantes”. Respecto a las descalificaciones entre actores de los partidos apuntó que se deben al “calor del proceso electoral”.
Medina Filigrana saludó esa apertura. “Habrá que matizarla un poco, pero me parece un buen principio; espero que haya por parte del PRD sensibilidad para entender el mensaje para poder construir los cimientos de un acuerdo”. Algo se mueve en las izquierdas.