Urdimbres y texturas
EL IMPERIO DE LA POLÍTICA: CONSTRUIR ACUERDOS
*El complicado aprendizaje de la ciudadanía y la participación
Hegemónico refiere a algo dominante o bien, que se impone en muchos aspectos, pero donde más se usa el término es en el ámbito político. Hegemónico y antagonismo, van de la mano; los antagonismos dan pie a rivalidades, porque son parte del conflicto en la política. Pero, ¿qué sucedería si los antagonismos, giraran hacia una forma de agonismo? Si me lo permite, más adelante quedará explicado este concepto.
En la práctica, la hegemonía implica llevar a cabo un determinado orden, fijando en la colectividad el concepto de institución social, que la facción en el poder pudiera alterar o modificar a lo largo de su ejercicio político.
Del ambiente político no se pueden retirar las palabras hegemonía/antagonismos, pues desde la actividad política de las facciones en sí misma, se propicia que exista el conflicto que esas diferencias puedan establecer.
El conflicto acompaña siempre al juego del poder. Ejemplo de ello es la renuncia de Juan Pablo de la Fuente Utrilla, al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ante las diferencias con la dirigencia local de su organización. Conflicto que desde el inicio no ha quedado del todo claro y para los ciudadanos aparece como un catálogo más de desaveniencias en la esfera política y personales. Ese juego y rejuego que propicia desconfianzas, irresponsabilidad ante el ejercicio político, y que genera en el ciudadano hastío hacia las facciones que participan en esa constante contienda en que se ha convertido la política en Tabasco.
Mucho de este conflicto tiene que ver con la construcción de las formas colectivas de identificación que desde un partido político también se construye. Como partido se construye un “nosotros”, y en el plano de la contienda aparece un “ellos”, para referirse a los otros partidos.
Sobre antagonismos, hegemonía y agonismos, ha estudiado y escrito la politóloga belga Chantal Mouffe. Para ella construir una identidad ya implica una diferencia, pero también observa esas realidades a través de un concepto conocido como “exterior constitutivo” al referirse a ese “ellos/nosotros”; cómo desde la percepción se construye una identidad, cito a continuación: “podemos entender por qué la política, que siempre trata con identidades colectivas, tiene que ver con la constitución de un “nosotros” que requiere como condición misma de posibilidad la demarcación de un ellos”. A partir de esta idea, todo se convierte en un antagonismo. El choque por ser diferentes.
¿Qué antagonismo hay detrás del conflicto De la Fuente/López Hernández? ¿O podemos decir acaso, dirigencia/diputados? Es un hecho que lo racional, como sugiere la politóloga Mouffe, es no ver a los otros como enemigos a quienes destruir/derrotar. El límite es lo racional.
La solución es el debate, centrado en la solución de los conflictos, poniendo de por medio el consenso; un consenso cargado de valores personales y de la definición de una militancia ética. Algunos reducen el ejercicio político a una contienda donde compiten por ocupar posiciones de poder, desalojando a otros para ocupar su lugar. Aparece entonces el conflicto entrampado, ese que en apariencia no tiene solución o del que no se quiere solución.
La propuesta de Chantal Mouffe es que el agonismo político debe ser un debate cara a cara, en el que se ponen de manifiesto la construcción de la identidad política, salpicado con los fundamentos éticos que cada persona lleva consigo. Sí es enfrentar el debate, sí es dirimir las diferencias, sí es el reconocimiento a los conflictos, pero el reconocimiento del mismo no debe ser a muerte; el desacuerdo debe ser tratable, sobre todo cuando se comparte un cuerpo simbólico de valores (por decir, ser del mismo partido, familia, comunidad). Es reconocer al adversario, pero no tratarlo como enemigo a punto tal que se encamine a una agresión.
El conflicto que se vive en MORENA no debe ser llevado a no escuchar, a cegarse, a etiquetar y señalar desde el partido mismo. Pareciera que se va de error en error, y eso implica la decepción para el votante, y en todo este devaneo o distracción política ¿dónde queda el militante? Para un partido en construcción como lo es MORENA, este tipo de desencuentros socava su estructura interna.
Me refiero a este partido porque es el que se oferta como “la esperanza de México”, aunque la reflexión puede ser aplicado a otros.
No parece existir consenso entre la dirigencia, cuadros medios y militantes; en la construcción de ese partido, la hegemonía ocupó su lugar y se anchó tanto que no dejó espacio para el debate y el encuentro. Es urgente el diálogo, pero no ese diálogo simulado que condena de primera intención las acciones y las actitudes. Lo fundamental es ir juntos en la construcción de un nuevo “nosotros”.
Es también una tarea como sociedad, independientemente de la militancia. Pasar del “tu o yo”, al “tu conmigo, nosotros”.