Urdimbres y texturas
El histórico AMLO; un presagio desde Tabasco
A las 12.30 del medio día, el calor en Villahermosa semejaba una tea ardiente en el cruce de la calle Pagés Llergo y Avenida Gregorio Méndez. Las llamitas: multitud de personas que venían de los cuatro caminos. Metáfora de la vida de Andrés Manuel López Obrador, el camino que siempre ha sido su compañero en los últimos años (2006,2012), el simbólico cruce de caminos: portal de magia y misticismo. Muy propio para alguien que ha sido llamado el “santificado” o el que todo “santifica”. Días antes del histórico triunfo, Tabasco se convirtió en tierra de presagios benignos.
“Vengo de San Carlos, Macuspana, a verlo, a escucharlo, va ser presidente” me decía una señora mientras se abanicaba con una toalla, a su lado sus hijos entre 12 y 15 años, sonreían. Las calles aledañas a Pagés Llergo estaban sumergidas en un mar de gente, que seguía llegando: de la Chontalpa, de La Venta, de Huimanguillo, de Cárdenas, de poblados y villas de Centla, la reunión y el llamado movió multitudes a pesar del calor. Unos entraban ansiosos buscando un sitio que pudiera estar resguardado por sombra, algún árbol o edificio; otros más se retornaban a los parques de la colonia Lidia Esther, para esperar la llegada del candidato; algunos jóvenes hicieron alarde de su fuerza vital, trepados en edificios, ventanas, y otros más encima de la parada del autobús
Intentar llegar al templete resultó imposible. Mientras más cerca, el calor era sofocante, ya el camino no era trazado por un objetivo, sino por el que destinaban las personas: el apretujamiento fue a nivel elevado, que fui llevada por la voluntad de otros al extremo de la calle. La masa que vota, me colocó en la acera contraria; me permitió caminar de regreso a la calle Sánchez Magallanes, hasta bajar a Plaza Moret, cuyo estacionamiento era ocupado por una gran multitud de personas. Todas esperando
Asomadas las emociones: no faltó el que gritó consignas contra los otros candidatos, todas alusivas a su incapacidad para gobernar, o al saqueo de la que ha sido objeto la administración pública. En el marco de las emociones, afloraron los comentarios esperanzadores de las personas. Porque al final de cuentas, esa es la diferencia con Andrés: siempre afloran las emociones, quizá porque desde siempre decidió ponerse de ese lado, de la mayoría, la que lleva en el estómago un trozo de tortilla, o bolillo, o el tan anhelado pozol. Y ayer la petición era, por cierto, pozol frío. El propio AMLO acudió a la imagen acuñada por Carlos Pellicer: “Yo que de Tabasco vengo con nudos de sangre maya, donde el cacao molido dio nuevo sentido al agua”.
POR TODO EL PAÍS
El camino trazado de Andrés Manuel fue el recorrido del país, para escuchar, dar una palmada, mirar con cierta certeza a los que ya no la tienen. En eso radica su fuerza. Es más cercana su persona a un conocido, a un primo, a un hermano, a alguien que puedes palmear, tocar las manos, se va sonreír contigo. Ese es su carisma. A pesar del calor, por eso estaba la gente esperando. “ Ya va llegar ya sabes quién”, decían los campesinos de La Venta, mientras compartían un refresco sentados en el parque del tanque elevado. El retorno del pueblo al poder. Qué miedo para los de siempre, para los que han saqueado sin pagar un precio por ello; el turno toca en este día, a quienes le dan impulso y razón en cada villa y ranchería a esta nación, el que camina a lado de Andrés.
En ese instante de insolación dicen que uno delira, pero una epifanía arribó a mi mente en ese momento: este podría ser su último andar por los caminos de México, el histórico AMLO dicen; el que ha caminado la nación. Quizá por eso la urgencia de las personas, escuchar el instante de sus palabras. Pensaba entonces: posterior al primero de julio no sabemos el rumbo que tomará dependiendo de los resultados, si le volveremos a ver, caminando por los pueblos de México. El éxodo que este hombre inició allá en la década de los noventa, fue tan sólo el inicio de un camino que ha construido a base de acompañar y hacerse acompañar. Necio, no escucha, ciego de soberbia, los comentarios respecto a su persona; unas veces odiado, otras incomprendido, otras más aferrado. Quién más, quién menos, es persona; en ese entonces una persona en camino y construcción, forjando una meta.
El llamado a pesar del calor, tuvo su punto culmen: la llegada de Andrés Manuel al lugar de la cita: el cruce de caminos, el templete sartén. Y el enamoramiento se manifestó. Ahí estaba el esperado “Peje”, el “santificado”, “ya sabes quién”, hablándole a la multitud, que esperaba ansiosa; ese mágico momento de “comunión” entre AMLO y sus seguidores. Y no seguidores también. Tiene uno que estar cerca, observar de primera intención el efecto de su presencia y de sus palabras.
El que todo lo “santifica” dejó escrito con calor y sudor sus palabras en las paredes de los edificios aledaños al templete. “Vamos a tabasqueñizar a México”. A continuación una bulla de apoyo se alzó entre la multitud; recordó a Francisco J. Múgica y el ejercicio de sus finanzas saneadas como gobernador, como un modelo de lo que quiere hacer a nivel nacional. Hubo quienes estuvieron por primera vez en un mitin, acudieron también quienes piensan que es el último. Estuvimos los que queríamos ver de cerca el sentir, la forma de pensar, y las expectativas de quienes acudieron por convicción, por curiosidad, y los que siempre han marchando en ese sendero que AMLO se ha forjado con los años.
Hoy podemos mirar hacia atrás, pero sobre todo al horizonte.