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La Verdad del Sureste

VERDE, EL SABOR DE LA GLORIA


La chica caminaba por la Avenida Universidad Y justo en dirección hacia la parada ubicada en Ruiz Cortinez.
    Mientras avanzaba, a paso lento, se percató del paisaje que viste a la ciudad: árboles tratando de salir de edificios tan grandes cómo la contaminación que la rodeaba, cómo si les faltara aire; el tráfico que se hace todos los días no fue novedad para ella, los autos creando una sinfonía al hacer uso de los claxon.
    Fue un miércoles del 2014, el viento un poco inquieto, alrededor algunas personas descansando placenteramente sobre las bancas; el calor tabasqueño de la Ciudad no podía dejar de hacerse presente, en el ambiente un olor a gasolina se sentía.  
    De pronto, la joven tuvo antojo de un dulce, y, no muy lejos de su vista se encontraba un señor de estatura mediana, de tez morena, portaba una gorra con bordados de una herradura, fue muy fácil notar que se trataba de un tabasqueño.
    Cuando estuvo cara a cara con aquél vendedor de dulces, ella percibió en su mirada cansancio; sus ojos en color café obscuro rojizos a su alrededor declaraban más de lo que su aspecto decía y de lo que ella pudo llegar a imaginar.
    Por el olor que emanaba y lo que su rostro decía, la muchacha pudo notar que éste hombre había estado trabajando bajo el sol por horas sin parar; los únicos momentos de descanso que podía tener no los determinaba él, sino la luz verde del semáforo.
    Por su mente pasaron muchas cosas; ella tomo el primer dulce que vio, estaba perturbada por sus pensamientos, tomó una paleta creada a base de cajeta, pagó cuatro pesos por ella, por aquella paleta que nunca se comió y que aún conserva.
    Al llegar a su casa la colocó en el tocador frente al cual todos los días se arregla, para verla a diario, para recordar una de las tantas consecuencias de que éste país mexicano tenga gobernantes corruptos hasta lo más profundo.     La incertidumbre quedó sembrada en aquella joven, no dudó en volver al lugar para saber más sobre la vida de los vendedores ambulantes de aquella Avenida. Se dio a la tarea de entrevistarlos uno por uno, platicó con todos, platicaba con uno a la semana, a la siguiente regresaba y charlaba con otro. Descubrió historias tan sorprendentes cómo el egoísmo de la humanidad. Para ella, fue tan triste conocerlos, pero, fue más triste saber por todo lo que ellos pasan a diario.
    Ésta joven mujer logró obtener toda la información que quiso. Los vendedores ambulantes son víctimas del desempleo en nuestro país, por una u otra cosa no encuentra un empleo formal. Conoció historias, cómo la de Don Beto, un hombre de 70 años, vende chicles en el lugar, tiene una herida en el pie derecho, trabajó como cocinero en el centro de la Ciudad de Villahermosa durante toda su juventud, es vendedor ambulante porque no lo quieren contratar por su avanzada edad; cómo ésta historia hay muchas, pero, la chica logró descubrir que todos los vendedores ambulantes, al menos de los principales cruceros de Villahermosa, tienen que pagar una cuota de ciento cincuenta pesos mensuales, ésto si quieren que el gobierno tabasqueño les siga permitiendo vender en el lugar que estrictamente éste les asigna.
    Los vendedores ambulantes, en su mayoría, le contaron que no entienden por qué la gente sube el cristal de sus autos en cuanto ellos se acercan a ofrecer sus productos, que su intención no es otra más que vender para llevar dinero a sus casas.
    Para algunos el empleo de vendedor ambulante es temporal, en lo que encuentran algo mejor, para otros no. Hay quienes trabajan en un crucero desde niños y absolutamente nada les asegura que cuando llegue su vejez seguirán ahí.

 

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