Casarse de blanco con vestido largo y corona de azahares, es el sueño ilusionado de toda joven y bella enamorada.
Los vestidos de novia se usan solamente una vez en la vida. Son carísimos. Sin embargo no hay nada más ambicioso para una muchacha que este atuendo nupcial que las hace aún más hermosas en la ceremonia y festejo del matrimonio.
En muchos hogares corresponde a la tía, a la abuela o a la propia madre confeccionar el vestido de novia. En otros casos se recorren aparadores hasta que la pareja encuentra el ideal al alcance de los bolsillos del novio.
Claro que cuando la pareja es de recursos altamente favorecidos por la fortuna o la herencia, se suele rivalizar escandalosamente con modelos diseñados por los mejores modistos del país, de Nueva York, o de París.
Las almibaradas y en ocasiones cursis notas de sociales, describen pomposamente los trajes de novia bordados con hilos de oro y ornamentados de perlas, llevando como añadido una larguísima cola custodiada por hermoso y elegantes pajesitos y el ramillete de damas vestidas uniformemente con trajes que causan la envidia y admiración de las asistentes a tan regios acontecimientos.
Hoy, en Caserta, Italia, una novia dejó boquiabiertos a sus invitados al presentarse engalanada con un vestido de trece metros de diámetros y 218 kilos de peso.
La hermosísima muchacha, María Rosaria Lembo, de bien distribuidos 25 años de edad, debió ser llevada a la iglesia en un remolcador tirado por un Jeep para que pudiera lucir (y arrastrar) su vestido que tuvo un costo de 13 mil dólares.
Caserta es una ciudad que se encuentra cerca de Nápoles y donde oficia monseñor Raffaele Nogaro quien visiblemente disgustado deploró la indiscreta (exhibición), tratándose de un acto ofensivo para las clases necesitadas que la integran la mayoría de los feligreses en esa ciudad.
La falda del vestido fue de 13 metros de largo, dividida en 11 ramos distintos y adornados por rombos de cintas de seda coronados por un ramillete de flores cada uno.
Para ayudar a la novia en su (paso por la iglesia) 11 damas de honor sostuvieron la enorme cola del fastuoso vestido.
Casos como éste se observan en México. Gasto extraordinario para sólo una ocasión. La soberbia y el poder del dinero no tiene límites. Cualquier novia es bella sin necesidad de tanto lujo y ofensiva ostentación.
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