Fue el día más importante en su vida personal y pública. No estaba solo sino arropado por su familia y el pueblo que le tributó reconocimiento y confianza, pues en él tiene cifradas todas sus esperanzas de un mejor bienestar, después de tantos años de tocar de precariedad y exclusión.
Se cumplió el protocolo sin tanto aspaviento. Un acto sencillo pero significativo por la trascendencia del suceso: es la primera vez que un luchador social de filiación izquierdista asume la gubernatura.
Se trata, nada más y nada menos, que el inicio de un verdadero cambio de régimen político en el estado. Hacer las cosas de modo distinto para no repetir lo mismo de siempre, sino resultados que marquen diferencia.
Javier May llega al cargo con el respaldo de una amplísima base social como ningún otro mandatario en la historia pasada y reciente de Tabasco logró conseguir en las urnas. De ese tamaño es el compromiso y la responsabilidad para no fallarle al pueblo. Es el tiempo de cumplir lo que se prometió en campaña. La espera terminó y a partir de hoy todo cuenta, todo abona a la causa por la que tanto se ha luchado para llegar hasta donde se ha llegado.
En su primer discurso, ya investido como titular del Ejecutivo, lo dejó muy claro: Es un privilegio vivir en este tiempo histórico, pero también es una gran responsabilidad, sobre todo para su gabinete, pues “no podemos permitir ningún retroceso”. Una advertencia a tiempo para que nadie se llame a engaño: no pueden anteponer el interés personal por encima del interés público, dijo. Llamó a sus colaboradores a ser ejemplo de “integridad” y dar lo mejor de sí en el servicio público; ejercer el cargo con austeridad y transparencia sin excluir a nadie en la tarea que hoy asumen.
Expuso que si algo ha dañado tanto al estado, ha sido la deshonestidad de sus gobernantes. “El mal uso de los recursos públicos, la corrupción, el influyentismo, y otras malas prácticas de quienes han traicionado la confianza de la gente, han propiciado los graves problemas económicos, sociales y de inseguridad que tenemos”.
Esas frases lapidarias se escucharon con claridad en el recinto legislativo en el que se congregaron invitados especiales, diputados federales, senadores y alcaldes electos.
Parte de la llamada clase política estaba ahí presente, en las primeras filas. Algunos, beneficiarios del saqueo en el pasado y hoy honorables personas. Qué le vamos a hacer, así es la política, definida por el clásico como el arte de comer haces sin hacer gestos.
La toma de protesta fue atestiguada por Rosa Icela Rodríguez, ayer secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana y a partir de hoy secretaria de Gobernación. Vino con la representación del presidente Andrés Manuel López Obrador, que hoy deja de serlo, y de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien hoy se convierte en la primera mujer presidenta de México, lo que constituye un hecho histórico en 200 años de vida independiente.
Una representante de lujo del que se va y de la que llega. Rosa Icela tomó nota de lo que vio y presenció. Lo dijo inclusive en Plaza de Armas. Tabasco está en muy buenas manos.
PRIMERA PARADA
Después de rendir protesta, el gobernador se dirigió a Plaza de Armas para celebrar con los suyos y agradecer al pueblo su confianza depositada en él, al que no piensa fallarle de ninguna manera ahora que empieza su gobierno. Es el comienzo de la construcción del segundo piso de la 4T, ahora con la doctora Claudia Sheinbaum al frente de la presidencia de México.
Delineó lo que hará su gobierno en beneficio de la gente, principalmente de los que menos tienen, los 50 compromisos que serán el eje de su administración. Las iniciativas de ley que a partir del miércoles enviará al Congreso local para convertir en ley los programas sociales, devolverles a los ciudadanos la facultad de elegir a sus delegados municipales, entre otras iniciativas. Inicia su gobierno a tambor batiente.
