Y se cayó del cielo
@UTufigno
David Korenfeld, hombre cercano a Peña Nieto y titular de la Comisión Nacional del Agua hasta hace unos días, pertenece a esa estirpe que el escritor Ricardo Raphael ha caracterizado en su libro “Mirreynato”, en los siguientes términos:
1. Los mirreyes asumen que su rol social deriva de una suerte de orden natural; 2. Su lógica es de clase superior y se conciben como un estamento que debe permanecer blindado; 3. Utilizan la riqueza económica como el principal marcador de clase, sin importar de dónde venga el dinero; 4. Les encanta ostentar su estatus social; 5. La arrogancia les es inherente; 6. Suelen tener un círculo de choferes, guaruras, niñeras y enfermeras a semejanza del noble de la Edad Media; 7. Cualquier crítica a su persona encubre un resentimiento social y todo halago está justificado; 8. Desprecian la cultura del esfuerzo; 9. Acuden a la escuela para tener conocidos, no conocimientos; 10. Les provoca un sentimiento contradictorio el haber nacido en México.
De profesión abogado, Korenfeld comparte con su amigo Alberto Bazbaz no sólo la misma generación en la universidad en la cual se forman las élites consentidas de los mirreyes de la política, sino también haber caído de la gracia de los dioses del Olimpo.
Seguramente recuerdan que cuando fue Procurador del Estado de México, Bazbaz fue incapaz de encontrar el cuerpo de la menor Paulette quien murió asfixiada –según dijeron oficialmente- en su propia cama.
Entonces, al evidenciarse la ineptitud de los investigadores, al gobernador Enrique Peña no le quedó más camino que separar de su cargo al Procurador.
Paralelamente, David Korenfeld -en su cargo de Secretario del Agua y Obra Pública mexiquense- veía desde la comodidad de su escritorio la manera en que las inundaciones hacían estragos en distintas zonas del Estado de México, particularmente en Atizapán.
Sin embargo, como lo suyo es la navegación aérea, prefirió huir del compromiso que representaba atender las necesidades de la población afectada por las aguas.
Pero como el tiempo lo cura todo (no lo digan, pero es la frase con la que suplen la carencia de medicamentos en los hospitales del IMSS y el ISSSTE), con la llegada de Peña Nieto a Los Pinos se abrió una nueva oportunidad tanto para Alberto Bazbaz como para Korenfeld.
El primero fue designado para la titularidad de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP -puesto en el que el fraude de FICREA también se le asfixió en la cama-, en tanto que el segundo fue designado para la titularidad de la Comisión Nacional del Agua.
El primero se mantiene; el segundo cayó víctima de sí mismo y de su arrogancia.
En la película “El abogado del diablo”, el personaje interpretado por Al Pacino tiene una frase digna de la ocasión: “vanidad, mi pecado favorito”.
Y aunque la vanidad no está considerada expresamente dentro de los llamados “pecados capitales”, lo cierto es que tanto la vanidad como la arrogancia caen dentro de la esfera de la soberbia, que es considerada como la fuente de la que derivan los otros pecados capitales y, por lo tanto, el más grave de todos.
Visto en la simpleza del hecho (haber empleado un helicóptero oficial para su uso personal y de su familia), el pecado de Korenfeld no es más grave que la ostentación de la cuestionable riqueza de la familia presidencial o las muestras de desprecio de la hija mayor de Peña (estudiante en la misma universidad de la que egresaron Korenfeld y Bazbaz) hacia “la prole” y “la bola de pendejos” que la envidian (como lo escribió su aparente novio). Pero la arrogancia de Korenfeld lo tiró al vacío.
Y si los líderes y gobernadores perredistas entienden la lección de Korenfeld por el uso inapropiado del helicóptero, ya se les está haciendo tarde para separarse de sus cargos, a no ser que piensen que “como sucedía en la época de la Colonia mexicana, cuando los virreyes gobernaban, los miembros de cierta élite nacional gozan hoy en México de fueron amplios que los protegen frente a las consecuencias de sus actos y también los blindan con respecto al castigo que merecerían por un comportamiento muchas veces ilegal” (Ricardo Raphael).