¡YA SUPÉRENLO!
Unos 70 días después de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, en una gira por el estado de Guerrero, Enrique Peña Nieto soltó uno de los peores dichos que le he escuchado a un ocupante de Los Pinos: la sociedad mexicana debía superar la tragedia de los normalistas. Esa expresión no sólo fue inoportuna, sino también evidenció su insensibilidad política, si es que algún día la tuvo.
Hoy, a casi un año de “la noche de Iguala”, le debemos decir la misma frase a los medios de comunicación y defensores oficiosos del régimen que han cuestionado el trabajo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: ¡ya supérenlo!
La mayoría de las conclusiones a las que llegó el grupo de expertos internacionales eran cosa de sentido común desde un principio; había aspectos que no sonaban lógicos, como la afirmación inicial que atribuía la retención y luego el presunto asesinato de los estudiantes “porque iban a manifestarse en un evento de la esposa del Presidente Municipal de Iguala”, María de los Ángeles Pineda. Jamás fue un motivo suficiente para explicar los ataques a los normalistas y mucho menos la saña con la que despojaron de su rostro a uno de ellos.
Ahora sabemos que tal cosa, inverosímil desde siempre, no ocurrió así porque los estudiantes no se dirigían a Iguala pero fueron llevados a la terminal de dicha ciudad por un engaño del chofer de la unidad que ellos pretendían tomar para trasladarse a la Ciudad de México; tampoco iban a manifestarse en un acto de la señora Pineda porque el acto en el que ella estuvo ya había concluido.
También conocemos ahora que hubo hechos no investigados y que se cometieron muchos errores en la investigación, como la destrucción de evidencias y la alteración del principal lugar que debió ser preservado: el basurero donde, según la versión oficial, fueron incinerados los 43 normalistas. Según José Torero, el experto en materia de fuego, “no existe ninguna evidencia que apoye la hipótesis generada en base a testimonios, de que 43 cuerpos fueron cremados en el basurero municipal de Cocula”.
Este es el punto que ha generado el mayor debate porque no es la primera vez que un experto niega la versión oficial de un crematorio a cielo abierto. Sin embargo, los defensores del régimen -y de la “verdad histórica” del flameante Murillo Karam- ponen en duda la contundente conclusión del experto peruano que incluso trabajó en la investigación de las “Torres Gemelas” de Nueva York, luego de que fueron derribadas por un par de aviones de pasajeros. Por el contrario, la mayor experiencia que deben tener en materia de incineración los periodistas al servicio de Los Pinos, deben ser las tortillas que se les queman en el comal.
De acuerdo con el perito independiente, para cremar 43 cuerpos se requerían unas 30 toneladas de madera y el fuego debía mantenerse unas 60 horas, conclusión que es esencialmente igual a la que hace varios meses había emitido Jorge Montemayor, investigador del Instituto de Física de la UNAM: “es imposible que hayan sido quemados en Cocula”, quien agregó que para incinerar 43 cadáveres se requieren 33 toneladas de troncos de cuatro pulgadas de diámetro.
Los periodistas convertidos en peritos en cremación al servicio de Su Majestad, dicen que los resultados del informe del grupo independiente contradicen los que obtuvo el equipo argentino de antropología forense, quienes validaron la identificación de uno de los 43 normalistas. Sí, pero ellos hicieron una aclaración: avalan la identificación pero no que los restos procedan del basurero de Cocula porque no estuvieron presentes durante el levantamiento de los restos. Pequeña gran diferencia.
El doble discurso que ha caracterizado a los gobiernos tricolores se hizo presente el mismo día que se presentó el informe por parte del grupo independiente, pues mientras Peña instruía a la Procuradora para que incorporara el informe en la investigación y ella afirmaba que iba a pedir un nuevo peritaje, funcionarios de la Procuraduría levantaron las cejas para proteger a su anterior jefe, misma actitud que asumieron otros priístas y un grupo de medios de comunicación. Luego de la presentación del informe, sólo de una cosa hay certeza: lo que se incineró fue “la verdad histórica”.