zabludovsky o la dictomía periodística
“Hoy fue un día soleado” es la frase que permanecerá tatuada en el nombre de Jacobo Zabludovsky, como la estrella de David bordada en la tela negra que cubrió el ataúd del periodista. “Hoy fue un día soleado”, recuerdo imborrable de la matanza del 2 de octubre del 68. E imperdonable, para muchos.
Ese miércoles 2 de octubre no se olvida. Tampoco lo olvido. Mi abuelo materno sabía o intuía lo que podía suceder por las manifestaciones estudiantiles. Era un día normal, o al menos eso parecía. Mi padre regresaba de su trabajo por la ruta de siempre: Niño Perdido (hoy, Eje Central) hasta Tlatelolco. Pero ahí ocurrió algo que rompió la normalidad. La presencia militar anunciaba que algo grave había pasado. No sospechaba qué tan grave. Pero para Jacobo “fue un día soleado”.
Fue la primera vez que escuché su voz en la televisión comercial, pero nunca imaginé que 47 años después sería la única voz que yo aceptaría escuchar en los noticieros radiofónicos del mediodía, tal y como lo comencé a hacer desde 2005. Hasta el último día de sus transmisiones.
Hay palabras que me gustan por su escritura, por su significado o simplemente por su sonoridad. “Dicotomía” es una palabra que me gusta por las tres cosas.En su sentido más amplio, la dicotomía alude a la división de un concepto en dos partes, principalmente cuando ambos aspectos tienen sentidos opuestos. Y me parece que Jacobo Zabludovsky era la dicotomía personificada.
En una época en la que el dueño de la televisión comercial se asumía como un “soldado del presidente”, Jacobo era el fiel ejecutor de los designios de la presidencia; incluso, en ocasiones se adelantaba a sus pensamientos. No por nada fue una especie de director de comunicación social de los gobiernos de López Mateos y Díaz Ordaz. No ocupaba dicha cartera oficialmente pero ni falta que le hacía.
El acompañamiento que hizo Jacobo de la maniobra gubernamental en contra del “Excélsior” de Julio Scherer, fue su consolidación como periodista al servicio del régimen. Ironías de la vida: además de ser contemporáneos, tanto Zabludovsky como Scherer estudiaron derecho pero terminaron de periodistas; antagónicos en vida, la muerte los juntó en el mismo año. Tal vez la señora de la guadaña quiere presenciar el debate que nunca nos tocó ver entre ambos.
Emotivo, sin perder la objetividad, se convirtió en el narrador de la destrucción del Centro de la Ciudad de México luego del sismo del 85. Posteriormente regresaría al papel que la televisora le tenía encomendado: el ocultamiento de las cifras de muertos y de la responsabilidad de los gobiernos anteriores por la construcción de edificios mal hechos. Tampoco dijo nada cuando, durante la inauguración del Mundial del 86, los asistentes al Estadio Azteca le reprocharon a Miguel de la Madrid -con una sonora rechifla- su pusilánime actuar durante los sismos.
Jacobo entrevistó a Salvador Allende, el primer presidente socialista electo democráticamente, pero no le dio voz a la izquierda mexicana que fue despojada del triunfo en las elecciones de 1988. Fue el único mexicano que entrevistó a Fidel Castro y al Ché Guevara en las horas cercanas al triunfo de la Revolución Cubana, pero fue incapaz de internarse en la selva chiapaneca en 1994.
Por cierto, del Ché recibió una lección que jamás olvidaría. Viendo de frente al revolucionario, Jacobo le preguntó: -¿Y cuándo piensa cortarse las barbas? El Ché, con la indómita seriedad que asumía en estos casos, le respondió: -En Cuba estamos haciendo una revolución, y usted viene desde México para preguntarme ¿cuándo me corto las barbas? Jamás volvió a preguntar banalidades, algo que no ha aprendido su heredero en Televisa.
A la muerte de “El Tigre” Azcárraga, Zabludovsky dejó el noticiero estelar de la televisora que sirvió al poder y que ahora tenía nuevos planes: servirse del poder.
El periodista terminó por alejarse de la televisora y reinició su actividad en una estación de radio, una de las pocas que mantuvo los micrófonos abiertos durante los días del desafuero de Andrés Manuel y el conflicto postelectoral de 2006; tampoco ocultó su simpatía por el rescate del centro histórico de la Ciudad de México, iniciado durante su gestión. El criticado terminó siendo crítico del sistema.