Algunos a regañadientes, otros tragan trapo, al final se alinean, y se toman la fotografía. Dos ejemplos concretos: cuando la clase refinada priista no quería que fuera candidato al gobierno Andrés Granier Melo, conocieron los resultados de las encuestas internas y no les quedó de otra, más que apechugar, adoptarlo y ganar (aunque, por los resultados actuales, más los que se acumulen, el estado perdiera). El otro ejemplo es el de Jesús Alí en la elección municipal del 2009: convencieron al nada ingenuo Evaristo Hernández (alcalde saliente y que hizo todo lo posible porque fuera Humberto De los Santos Bertruy) para que le levantara la mano a Alí en el parque Juárez. El resultado es que ganaron.
El PAN tiene sus divisiones porque el pastel a repartir es poco para ellos, aunque logran acomodarse en las delegaciones federales. Sin embargo necesitan su unidad o una alianza con el PRD y el que se deje. La desean y la buscan. Si tienen dos presidencias, es por los acuerdos nacionales; entonces tratarán de retenerlas y avanzar con otra, por ejemplo, la de Emiliano Zapata. En el PRD, que es un conjunto de grupos fuertes, de orígenes distintos y distantes, tienen la mira puesta en aplastar al compañero en la propia división interna y en cruzarse de brazos en espera de que el enojo, el hartazgo popular y el buen comportamiento electoral del gobierno en el proceso electoral les dé los triunfos que históricamente les corresponden. A eso aspiran, a que no les hagan trampa, reconozcan su (la del pri-gobierno) derrota y les pongan alfombra roja en su paso por la avenida del triunfo con música de fanfarrias. Si hay una organización que requiere unidad es el PRD.
Si hay una organización que tiene el talón de Aquiles en la división es el PRD. Hacia allí deberían de abocarse sus estrategas. De entrada se considera como un hecho la alianza del PRD con el PT y Convergencia; no sería novedad y además necesaria. Sin embargo la votación de estos dos partidos es mínima si la comparamos con la que puede aportar la unidad de todos los grupos del PRD. El problema no es asunto de espacios en disputa, porque finalmente están los espacios federales para julio, y los locales de octubre. Son muchos y los hay. Tampoco el problema es de ideología, al menos no se ha escuchado una disputa ideológica. Nadie en el PRD tiene la franquicia de la izquierda ni de la moral o la honradez. Los distintos grupos del PRD deben nombrar interlocutores, hacer consultas, analizar prospectivas, diseñar un plan, exigir más, pero aceptar lo que en derecho estatutario corresponde. Los que desde adentro consideran que la unidad política del PRD es una utopía, coadyuvan con énfasis a la derrota. Apostarle a la división y al insulto es contribuir a que gane de nuevo el pri-gobierno, quienes se regocijan con los pleitos y disputas internas. Mucho de eso vio Andrés Manuel en la reciente visita.
