Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

ANAYA: 3 MÁS DE SUS CORRUPTELAS


Este es el modus operandi del panista Ricardo Anaya: farsante, soberbio, abusivo (“gandalla”), lavador de dinero, diseñador de corruptelas, corrupto motu proprio aprendiz de mafioso. Y no es la primera vez que se le señala de nadar en las aguas turbias de la corrupción y de haber hecho de las corruptelas y del tráfico de influencias su modo de vida.
    A finales del mes de enero, se dio a conocer una demanda contra Anaya y su familia política que está abierta en su fase de investigación. La investigación incluye a una empresa propiedad de Anaya Cortés llamada Juni Serra, así como a los dos testigos protegidos –ex colaboradores y socios de Anaya- cuyas declaraciones forman parte primordial de las acusaciones contra Anaya.
    Con anterioridad a Anaya se le había señalado como pronunciado corrupto.
    Anaya creó en Querétaro una fundación que, en lugar de cumplir su objetivo social, fue usada por él para hacer otro millonario negocio inmobiliario con constructores amigos, mediante encubrimiento de operaciones financieras. La Fundación por más Humanismo es en los hechos un “fantasma”, porque no existe registro de ninguna actividad pública y la omitió en su declaración 3de3.
    De acuerdo con documentación oficial y financiera, en 2010 Anaya recibió en la cuenta bancaria de la Fundación un depósito de un millón 650 mil pesos del empresario Abraham Jaik Villarreal, dueño de JV Construcciones Civiles; con esa cantidad adquirió un terreno donde construyó un edificio que, en 2016, vendió en 7 millones 854 mil pesos a la empresa Agacel Agregados y Asfaltos, copropiedad de Lorena Jiménez Salcedo, presidenta de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en Querétaro y exsecretaria particular del gobernador panista Francisco Domínguez Servién.
    En esa operación poco ética, Anaya cometió fraude, tergiversó fondos y usando tráfico de influencias, se enriqueció ilegítimamente; su familia política acrecentó sus bienes de 6 a30.
    En la demanda de enero, denunciado por sus socios ante la PGR, Anaya tramó otra corruptela que implica lavado de dinero: el fin, ocultar origen de fondos: otra transa del lavador de dinero.
    A finales de enero, dos ex colaboradores de Anaya revelaron que el precandidato presidencial diseñó un entramado financiero para ocultar el origen de los recursos que utilizó para la compra de un terreno baldío de 10 millones de pesos a su socio Manuel Barreiro Castañeda; en ese terreno baldío, Anaya después haría algunas modificaciones insignificantes, las cuales vendió, dos años después, como nave industrial a la misma persona que le vendió el terreno baldío en 54 millones 804 mil pesos que les fueron pagados – o devueltos a las cuentas de su empresa Juni Serra. (S. de R.L.). Anaya no se ha desligado de Barreiro en diversas ocasiones, además, diversos medios han documentado la cercanía entre ambas familias –las Anaya y Bareiro-.
    ¿Por qué Anaya le denomino Juni Serra a su inmobiliaria y empresa de bienes raíces? Juni Serra es el acrónimo abreviado del nombre del sacerdote franciscano que en 1760 se apoderó y posicionó por órdenes del virreinato y del papado, de los bienes y de los templos de los jesuitas que habían sido expulsados del país y desaparecidos como orden religiosa. Junípero Serra implica que detrás de dicha empresa sobrevive un conflicto de carácter sectario inter religioso: franciscanos o Jesuitas, Jesuitas versus Opus Dei, Jesuitas versus Caballeros de Colón o Jesuitas en conflicto con El Yunque.
    En esa corruptela y transacción de lavadlo de dinero, Anaya se benefició con 54 millones 804 mil pesos, gracias a un esquema internacional de lavado de dinero, según afirmó Adrián Xamán McGregor, abogado de los dos ex colaboradores de Anaya, a quienes se les sigue proceso por lavado de dinero.
    Por declaraciones ministeriales de estos dos testigos y ex colaboradores de Anaya, el aspirante presidencial se asoció con el empresario Manuel Barreiro, quien a su vez los contrató para que realizaran la compra de una nave industrial propiedad de la empresa Juni Serra, cuyo accionista es Ricardo Anaya y su familia política.
    Ricardo Anaya Cortés, fue acusado de orquestar una red de empresas fachada que triangularon una suma millonaria en varios países y paraísos fiscales para simular la compra-venta de la nave industrial, con valor de 54 millones 804 mil pesos, y con ello beneficiar a una compañía propiedad del panista.
    La investigación contra Anaya y su familia sigue su curso; el precandidato del PAN-PRD acusa que es “persecución política”, pero las pruebas aportadas por sus denunciantes, desmienten a Anaya; independientemente de que el PRI y su gobierno usa a la PGR para perseguir a sus detractores o para proteger a sus socios y cómplices.

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más