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La Verdad del Sureste

Andrade: El ‘mapache’ tramposo, pero… “los tiempos ya no son como antes”


Si alguien sabe de trampas, marrullerías y demás prácticas mapacheriles para apoyar candidatos hasta el punto de robarse elecciones a favor del PRI, ese es precisamente Manuel Andrade Díaz, ex gobernador de Tabasco y ahora diputado en la LXII Legislatura estatal.

    Corría el año 2006 y estaba en plena efervescencia el proceso interno para elegir al candidato del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura. Los aspirantes eran el químico Andrés Granier Melo, el entonces senador Óscar Cantón Zetina y Florizel Medina Pereznieto, ex alcalde de Centro, ex secretario de Gobierno y el favorito de Roberto Madrazo Pintado para ungirse con la nominación.
    La cargada de todo el aparato burocrático, “por instrucciones de arriba”, estaba con el madracista. Dinero público, recursos materiales y apoyo con personal de gobierno fluía sin ningún rubor hacia la campaña de “Pechel”, el “candidato de línea”.
    Para nadie es un secreto que “el gordito Andrade”, como muchos le llamaban e incluso le siguen llamando por su rechoncha figura, debía su gubernatura a Madrazo Pintado, el ignominioso maratonista de Berlín y quien tenía negociada con Andrade la candidatura de Medina Pereznieto.Faltando escasas semanas para la elección interna, ante la sorpresa de muchos al interior de gobierno, vino la contraorden. La línea cambió. La cargada estaba ya con Granier, no con “Pechel”. El argumento era que el madracista “nunca levantó” y de imponer su candidatura el PRI estaba en riesgo de perder la gubernatura.
    Al final “el Chelito” Granier, con todo el respaldo de las estructuras de gobierno comandadas por el entonces mandatario Manuel Andrade, arrasó en la interna, ganó la elección constitucional de gobernador y tristemente, tras un sexenio de lamentaciones, pasó a la historia por ser el primer jefe del Ejecutivo de Tabasco en pisar la cárcel bajo acusaciones de desvío de recursos y corrupción.
    Lo que queda claro en este episodio de la historia política es cómo desde el mismo gobierno se operaba con todo para imponer candidatos y torcer a su favor los resultados de cualquier elección.
    En este sentido cobran sentido las declaraciones de Andrade, quien recientemente en un dislate admitió que hoy en Tabasco “las cosas ya no son como antes”, es decir, como en tiempos del PRI, y que incluso no se puede robar impunemente una elección, a como sí ocurría en el régimen del entonces partido hegemónico. Sin duda, Andrade sabe, conoce perfectamente de lo que habla. Como candidato del PRI a la gubernatura en la anulada elección de 2000 y luego en la extraordinaria de 2001 recibió todo el respaldo de las estructuras de los gobiernos de Madrazo y del interino Enrique Priego Oropeza.
    Por eso es que se hace por demás cínica su postura, la que inclusive tradujo ya en un punto de acuerdo para, según él, evitar la injerencia de gobierno en la elección extraordinaria de presidente municipal de Centro, cuyo proceso ordinario de 2015 fue anulado, cabe decirlo, no por intromisión gubernamental –como precisó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF)–, sino por la pésima organización a cargo de las autoridades electorales responsables de los comicios.  
    En la exposición de motivos de su propuesta, el ex mandatario estatal dibuja la ruta de cómo repartir “láminas, pollitos y materiales de construcción en las comunidades” a favor de cierto candidato, y de cómo a éste sólo le basta hacer una llamada telefónica a incondicionales de gobierno para resolver cualquier demanda social relacionada con los servicios públicos.
    En síntesis, el manual del buen mapache. Andrade lo conoce bien, además de gobernador también ha sido funcionario en la administración pública, representante popular y candidato varias veces. Alabados los tiempos del PRI, pero…“las cosas ya no son como antes”.  Con descaro, el diputado “faltista” y “dormilón”, exhibido en redes sociales, clama que el candidato del PRD a la alcaldía podría recibir ese mismo apoyo que en la era del PRI-Gobierno se confería inescrupulosamente a sus abanderados para torcer resultados. Exhorta con rigor al gobierno apegarse a una conducta imparcial y equitativa que él mismo en su época de gobernador no mostró.
    La gran diferencia es que, como el propio Andrade también ha reconocido, “los tiempos ya no son como antes”, ahora ya no se pueden robar elecciones impunemente. Con sus dichos, desvela una añoranza inaudita por los tiempos que fueron y que para su mala fortuna los tabasqueños no desean que regresen.

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