APRENDER A LEER
Villahermosa, Tabasco, a 23 de enero de 2018. Ayer por la mañana un sujeto entró súbitamente a la oficina donde laboro, preguntando por una persona que no se desempeña ahí. Al abundar en asuntos laborales, entendimos el móvil de su búsqueda y lo dirigimos al piso inferior.
Resulta que mi lugar de trabajo es una oficina que se encuentra ubicada en el tercer piso de un edificio, en cuya planta baja se encuentra la recepción, y en el primer y segundo nivel se encuentran dependencias relacionadas con el trabajo y la defensa al trabajador, que por la naturaleza de su labor mantienen un constante subibaja de gente.
Lo interesante del caso es, que tanto esas dependencias, como la oficina donde laboro, todas cuentan con un letrero grande con el nombre de cada una de ellas en sus respectivas puertas de entrada, incluso a la altura de la cabeza y la vista de quienes las empujan para poder entrar, aun así, continuamente recibimos personas despistadas en la búsqueda de un lugar que dejaron uno o dos pisos abajo. Más aún, nuestro letrero además del nombre no relacionado con esos asuntos, también expresa: “prohibido el paso a personas ajenas a esta Coordinación”, siendo por completo ignorado. Conclusión: no sabemos leer.
Lo anterior no es un caso aislado, a mí también me ha sucedido. En ocasiones, los problemas cotidianos y la fugacidad del reloj nos conducen al encapsulamiento de nuestra capacidad de observación. Pasamos de la vida viendo, pero sin leer. Nuestros pies y nuestras manos se mueven de prisa, y en consecuencia actuamos más rápido de lo que entendemos cómo hacerlo. Pasamos de la vida haciendo, pero sin leer.
Pero quizá es que tampoco nos gusta. Según la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015-2018, los mexicanos leemos en promedio 3.5 libros al año, una cifra menor que la de países de Latinoamérica (hay que hacer mención especial de la Ciudad de México en la que en promedio se leen 6 libros al año, quizá eso ayuda a explicar su masiva e invariable posición política de izquierda).
Tal vez leer un libro y leer toda la información que nos rodea en el exterior no sea exactamente lo mismo, pero los relaciona algo: el hábito de la lectura.
Así, hay que robarle unos minutos a la TV, a las redes sociales, al teléfono y al ocio, y dedicárselos a un buen libro o un buen artículo, para aprender a leer; abrir bien los ojos y ponerlo en práctica, para saber si la puerta por la que entramos es la correcta o la opción que tachamos en una boleta, la adecuada.
Twitter: @MartinezBriceno