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La Verdad del Sureste

BASAVE ¡PODEMOS HACER GRANDES COSAS A PARTIR DE 2018!


Al cumplir año de fundado el PRD –su fundación fue hace 27 años (en mayo 5 de 1989)-, lo significativo es analizar la labor de su Presidente. Un dirigente de conciliación puede ser altamente significativo para los grupos de interés de una organización como el partido que se autodenomina de izquierdas, ya que a su interior confluyen al menos, 15 corrientes. Algunas con raigambre ideológico, otras en constante gestación y renovación, algunas -las menos-, prácticamente como grupos de presión y facciones.
    No es fácil pues quien militó activamente en el PRI –fue diputado federal por lista plurinominal del 1 de septiembre de 1991 al 31 de agosto de 1994- conoció, empíricamente, que la democracia en los partidos no es tarea sencilla y que al final son las oligarquías las que dominan.
    Su labor ha de consistir en lograr una tregua de larga duración entre las élites y miembros de grupos de interés y poder al interior del partido para privilegiar los intereses del partido mismo sobre los de ellas. Y lo va logrando. Si se enfila hacia buscar la que sería una difícil –por no asegurar imposible- desaparición o extinción de tales grupos, se enfrascaría en lucha cruenta, fratricida que le catapultaría al fracaso total.
    Si admitir que es una conveniente aceptación el que ninguno de ellos debe ser hegemónico ha sido imposible para tales grupos, es una irreductible no aceptación su desaparición o extinción. Quizás para lograr sus propósitos de fortalecer al PRD deba buscar la composición de una nueva oligarquía partidaria en la que él funcione no sólo como jefe sino como conciliador. Se tiene la esperanza de que lo logre.
    La caja de truenos debe estar abierta: que enraíce en los votantes la idea firme de que en el PRD, he ahí el partido que proclama lo que muchos votantes piensan pero no se atrevían a decir y ningún dirigente se aboca a decir con firmeza.
    El dirigente más miope que haya sobre la dirigencia de un partido captó ya, con seguridad, el malestar nacional del votante con una economía desigual que ha golpeado a la clase media y a empobrecido más al más pobre. El dirigente del PRD, debe ser sensible a tal hecho. Callar significa seguir actuando acomodaticiamente –los resultados de tan aviesa actitud están a la vista-.
    Durante años, los mexicanos de la clase trabajadora han sufrido de bajas tasas de empleo y de unos salarios estancados. Además, han visto extenderse la globalización, la emigración en busca de empleo y los acuerdos de libre comercio mientras se sienten abandonados.
    La economía del país no prospera aunque el gobierno federal –sea del PAN o del PRI- se desgañota diciendo que avanzamos y todo va muy bien: nada parece prosperar –si parecía prosperar la corrupción y la desigualdad social y económica-, pero sus vidas –la de los trabajadores y clase media, la de sus hijos y familiares- no reflejan ese éxito. El suyo –el de esas clases socioeconómicas- es un mal negocio. Y el partido de izquierdas solo contempla tratando de carroñar triunfos electoreros.
    Los anteriores líderes del partido –incluido el admirable amigo AMLO- fallaron por pensar durante años solamente en ganar la próxima elección. Año tras año, los candidatos prometieron ayudar a la gente de clase media que perdieron sus casas, trabajos y ahorros por la recesión, o a los que perdieron sus vidas o a sus familiares o sus bienes a manos de la delincuencia y luego, no hicieron nada más. Mucho menos en pro de los más desvalidos.
    Hay que añadir un gobierno federal que vacila dando bandazos en el escenario de desarrollo y crecimiento y mimetiza esa actitud dubitativa a lo largo del territorio del país en un centralismo atroz; con un presidente que padece de una aversión congénita a darse baño de pueblo en nombre del nacionalismo. El dirigente del PRD debe dejar a un lado la actitud lacayuna que han tenido sus antecesores (de AMLO a la fecha).
    Hay que entender de alguna manera las preocupaciones de los mexicanos con menos formación académica, especialmente, de los hombres. Ya que la visión de los medianamente educados e instruidos no da la cantidad necesaria de votos –aunque también la suma de ella es necesaria-. Hay que tener un conocimiento intuitivo de sus amores y odios.
    Ellos tienen miedo de que el país esté cambiando a su alrededor para mal. No hay que mantener el discurso o el habla como todos los políticos que han prometido mucho y han cumplido poco. Hay que disparar tiros de precisión.El abultado número de votos emitidos para los partidos de alternativa en las elecciones federales de 2015 son testimonio de cómo la gente rechazó a los políticos que los traicionaron.
    Basave debe saber que somos millones a los que no nos gusta la dirección en la que va el país, y tenemos la obligación de ofrecer una alternativa. Por eso queremos darle a la gente una clara opción en el 2018, podemos generar el mandato para hacer grandes cosas de 2018 en adelante.

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